La mujer trabajadora
8 MARZO
DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER TRABAJADORA

Manolo Barco

INTRUDUCCIÓN
Creo que una celebración sin memoria que no arranque de los orígenes que dio lugar a dicha celebración es un celebración muerta y manipulable. Por eso en este día hacer memoria del origen de dicha celebración no es una mera anécdota –cosa que cada vez se ignora más en no pocos medios de comunicación, en los ambientes burgueses y en ciertos colectivos  “progres”- sino algo constitutivo de la realidad que celebramos y reivindicamos. Por esta razón os invito a recordar con todo respeto y con todo el cariño, aunque sea brevemente, la raíz de dicha celebración:
HACIENDO MEMORIA
Nueva York, 8 de marzo de 1908. En la fábrica textil “la Cotton” 129 trabajadoras están en huelga a causa de las condiciones de precariedad en el trabajo que llega a la más dura y continua explotación. Reivindican condiciones dignas en el trabajo, horarios más humanos, mayor seguridad y mejores condiciones de sanitarias en el lugar del trabajo. Reivindican su dignidad de personas  trabajadoras.  Un terrible incendio en el edificio de la fábrica construido de madera. Las llamas se extienden rápidamente. Lógicamente, las 129 mujeres corren despavoridas hacia las puertas  para liberarse del fuego. Se encuentran con las puertas cerradas. El patrón las ha cerrado a cal y canto. Las 129 mujeres trabajadoras mueren calcinadas.
Es verdad que no hay unanimidad en los historiadores respecto al origen concreto dicha celebración ni cuando fue la primera vez que se celebró este día. Lo que según mis investigaciones he podido averiguar es que en torno a los últimos años del siglo XIX y primeros del siglo XX se sucedieron una serie de acontecimientos (huelgas, el incendio en la fábrica la "Triangle Shirtwaist Company" donde murieron muchas mujeres, la mayoría chicas inmigrantes entre los 17 y 24 años, manifestaciones multitudinarias, la reivindicación del voto de las mujeres sin ningún tipo de restricción, la influencia de la revolución rusa de 1917, etc.). Parece ser que la primera celebración del Día Internacional de la Mujer se produjo el 19 de marzo de 1911, y que fue secundada en Austria, Alemania, Dinamarca y Suecia. Lo que no parece tener duda son esos acontecimientos protagonizados por mujeres trabajadoras, reivindicando su dignidad como mujeres y trabajadoras. Lo que tampoco parece tener lugar a duda es que desde hace años se ha ido celebrando el 8 de marzo como el día internacional de la mujer y en no pocos países como el “día internacional de la mujer trabajadora”.
 
MEMORIA HECHAD DESDE EL PRESENTE
Y lo que no cabe duda es que en estos momentos, aunque se han ido dando pasos en las conquistas y reivindicaciones de la mujer trabajadora, aún queda un gran camino por recorrer:
-       La globalización neoliberal y los conflictos bélicos están abriendo brechas de desigualdad económica y social, están haciendo crecer la tortura y los maltratos a mujeres y niñas.
-       Las mujeres representan en el mal llamado Tercer Mundo el 80% de la mano de obra del campesinado y es también el 80% de mujeres las que engrosan las filas de desplazados y refugiados.
-       No son pocos los países los que practican el infanticidio de niñas, el aborto selectivo, la mutilación sexual y el tráfico de niñas.
-       El 70% de las personas empobrecidas en el mundo son mujeres
-       El 30% de las mujeres cobran menos que los hombres realizando el mismo trabajo
-       La maternidad continúa siendo motivo de despido laboral.
-       Aumenta el riesgo de vida para la mujer: la violencia en el ámbito doméstico hasta llegar a morir por dicha violencia a manos de sus maridos o compañeros sentimentales son noticias que aparecen constantemente en los medios de comunicación
-       El tiempo de ocio, deporte, descanso y de formación para la mujer es menor que para el hombre. En las tareas domésticas la mujer emplea 22 horas semanales, mientras que el hombre solo emplea 7.
-       La economía sumergida también tiene rostro femenino: mayoritariamente este tipo de trabajo en condiciones infrahumanas lo realiza la mujer; y sobre todo la mujer trabajadora inmigrante.
-       El 58% del desempleo lo padece la mujer
Por todo ello reclamamos (me uno al manifiesto de los Movimientos Cristianos Obreros de Catalunya y Balears)
-       Erradicación de la violencia contra las mujeres
-       Eliminación de las discriminaciones salariales
-       Extinción de la precariedad y la economía sumergida
-       Creación de equipamientos públicos para la atención de los niños y niñas y personasmayores
-       Los derechos fundamentales para las personas trabajadoras inmigrantes
-       Una educación no sexista que potencie los valores de la atención a las personas, la diversidad cultural…
PARA UNA REFLEXIÓN BIBLICA HECHA POR UNA MUJER
(tomado del folleto de Carmiña Navia, tienes la referencia al final y te invito a que leas todo el texto en la dirección que te sugiero abajo)
 
JESÚS Y LAS MUJERES
 
Hace ya algunos años se reconoce en la exégesis bíblica que Jesús, si bien no dedicó especial atención al “tema femenino”, entre otras porque esta realidad, en tanto que tematizada es un fenómeno moderno, si demostró con su actitud, con sus hechos, con sus relaciones, un comportamiento que desdecía y contrastaba con la valoración negativa y cargada de prejuicios que pesaba sobre la mujer en algunos sectores de la sociedad de su tiempo. En sus relaciones de amistad, se puede decir que en este terrenos Jesús de Nazaret fue un auténtico revolucionario.
El teólogo alemán Hans Küng nos dice sobre ello:
“Jesús además de despreocuparse por los usos y costumbres, se había hechos especialmente sospechoso por el séquito que le rodeaba:
“En la sociedad de aquel tiempo las mujeres no contaban para nada; debían incluso evitar en público la compañía masculina. Las fuentes judías contemporáneas están llenas de animosidad contra la mujer, quien según Josefo, vale en todos los aspectos menos que el hombre. Hasta con la propia mujer, así se aconsejaba, ha de hablarse poco, y absolutamente nada con la extraña. Las mujeres vivían en lo posible retiradas de la vida pública; en el templo sólo tenían acceso hasta el patio de las mujeres y respecto a la obligación de la plegaria estaba equiparadas a los esclavos. Los evangelios, sin embargo, cualquiera que sea la historicidad de los detalles biográficos, no tienen reparos en hablar de la relación de Jesús con determinadas mujeres. Lo cual quiere decir que Jesús se había liberado de la costumbre que imponía la segregación de la mujer. Jesús, en efecto, no muestra ningún desprecio por las mujeres, sino que las trata con sorprendente naturalidad: unas mujeres lo acompañan a él y a sus discípulos desde Galilea a Jerusalén (Mc. 15, 40É); él mismo siente un afecto personal hacia algunas mujeres (Lc. 10, 38-42/Juan 11); unas mujeres asisten también a su muerte y sepultura (Mc. 15,40!)! La situación, jurídica y humanamente tan precaria, de la mujer en la sociedad de aquel tiempo hubo de resultar considerablemente revalorizada al prohibir Jesús el divorcio por parte del marido, a quién sólo bastaba presentar el libelo de repudio”(29).
Hay casos muy concretos en los que Jesús se pone de parte de la mujer, contra el varón. No podemos ubicar además en labios de Jesús de Nazaret ninguna apreciación moralista en contra de la mujer, como era de esperarse en un maestro judío de su tiempo, influenciado por el pensamiento sapiencial, marcado en muchas ocasiones por un fuerte sentimiento antifemenino. No podría explicarse además, el papel definitivo que jugaron las mujeres -como base de apoyo- en el cristianismo primitivo, si no hubiera sido por la relación especialmente cercana entre Jesús y algunas seguidoras suyas. La historia de la cercanía de la mujer y de su papel en las primeras comunidades cristianas, está sin embargo por escribirse, veinte siglos de perspectiva androcéntrica la han silenciado; ahora mismo sin embargo, se están haciendo series esfuerzos por recuperarla (30).
En la óptica de nuestro trabajo, nos interesa resaltar el camino de liberación y realización que la Biblia abre a la mujer. En Jesús de Nazaret encontramos una propuesta decidida y clara de igualdad, de fraternidad entre los sexos; su práctica -más que su palabra- se constituye en paradigma y desafío, porque no se trata de “imitar” o de llegar hasta donde él no llegó, se trata por el contrario, de recorrer los caminos inéditos que él señaló.
Es también corriente en los últimos años reconocer que la comunidad de Juan, fue una comunidad en la que jugaron especial papel las mujeres. El texto del Evangelio de Juan nos da testimonio de una actitud radical de Jesús en favor de igualdad y la participación de la mujer. Algunos empiezan a hablar de que el autor de este evangelio podría ser precisamente una de las seguidoras del Señor. En nuestra lectura nos vamos a detener en tres pasajes de este texto, que marcan rutas de liberación a la mujer al interior de la iglesia, al mismo tiempo que asumen la denuncia de su marginación y opresión.
 
1. Un comportamiento ético de igualdad, libertad y amor
“Jesús se fue al monte de los Olivos:
Al amanecer se presentó de nuevo en el templo; acudió el pueblo en masa; él se sentó y se puso a enseñarles. Los letrados y fariseos le trajeron a una mujer sorprendida en adulterio, la pusieron en medio y le preguntaron:
- Maestro, a esta mujer la han sorprendido en flagrante adulterio; la ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú qué dices?
Le preguntaban esto, con mala idea, para tener de qué acusarlo.
Jesús se inclinó y se puso a hacer dibujos con el dedo en el suelo. Como insistían en la pregunta, se incorporó y les dijo:
- A ver, el que no tenga pecado que le tire la primera piedra. Volvió a inclinarse y siguió escribiendo en la tierra. Al oír aquello fueron saliendo uno a uno, empezando por los más viejos, y él se quedó solo con la mujer, que seguía allí delante. Se incorporó y le preguntó:
- ¿Dónde están los otros? ¿Ninguno te ha condenado?
Contestó ella:
- Ninguno, Señor.
Jesús le dijo:
- Pues tampoco yo te condeno. Vete y en adelante no vuelvas a pecar”.
(Juan 8, 2-11)
Aunque relea este texto muchas veces, no puedo menos que emocionarme cada vez que lo vuelvo a sentir en mi piel. Se trata de una pequeña obra maestra que plasma admirablemente el corazón inmenso de Jesús de Nazaret, la situación de humillación de la mujer y el ridículo en que quedan los acusadores. Si al leerlo recordamos además las palabras de Jesús “las prostitutas los precederán en el Reino” podemos sentir a fondo la solidaridad de Jesús con las mujeres despreciadas.
Miremos algunos detalles de la cita y su contexto más amplio en Juan, ello nos ayudará a profundizar en la significación de este micro-relato. Jesús está en Jerusalén a causa de la festividad de las chozas (llamada también de los tabernáculos o tiendas). La fiesta tiene un sentido muy especial en la cultura semita: los judíos adoptaron fiestas que inicialmente tenían un carácter natural y las reconvirtieron en fiestas de carácter histórico: la fiesta de las chozas fue inicialmente una fiesta que marcaba la alegría por el final de la vendimia o la cosecha, posteriormente fue ligada a la travesía por el desierto, al final de esta travesía y entonces se convirtió en una fiesta de acción de gracias. Se estableció la costumbre de celebrarla con una peregrinación al templo, a Jerusalén; en su celebración pues, se unían siglos de tradiciones y de sentimientos: acción de gracias por la cosecha, es decir por los frutos de la naturaleza y por la vida, acción de gracias por la liberación de Egipto y la presencia acompañante del Señor en el desierto.
Se trata de un evento central en la vida de los judíos, en esa fiesta y alrededor del templo se concentra la tradición judía. En medio de la fiesta (Juan, capítulo 7), se discute sobre la persona de Jesús: sus oponentes lo demeritan, el pueblo lo sigue y lo defiende, los maestros discuten su autoridad. Terminada la fiesta, Jesús se retira al Monte de los Olivos, pero a la mañana siguiente regresa al templo, es decir, al corazón del pueblo y la tradición judía. Y es en ese corazón donde se da la discusión. Es decir no se trata de nada marginal, no se trata de una anécdota sin importancia, por el contrario, el pasaje está  inscrito en un momento centralmente significativo de la tradición judía y es culminación de una discusión en la que Jesús ha confrontado a los fariseos y maestros y se ha proclamado como LA FUENTE DE AGUA VIVA (Juan 7, 38).
Otro detalle que es definitivo y que no podemos descuidar en una lectura feminista es que Jesús cierra el episodio con una afirmación: “en adelante no vuelvas a pecar”. Es decir, nadie puede acusar a Jesús de practicar o proponer una moral laxa: él reconoce el pecado real o supuesto de la mujer y desde su acogida profunda, es decir desde su perdón, la invita a corregir su conducta, la invita a una nueva vida, distinta de la anterior. Esta invitación se la puede hacer, porque no está sustentada en un rechazo, sino por el contrario en una inmensa defensa.
Ahora bien, veamos algunos rasgos del episodio: hay fundamentalmente cuatro actores:
Los Letrados y Fariseos: Ellos detectan la autoridad y acusan a la mujer. Con esta acusación, ellos buscan obtener dos cosas: una condena a la persona en concreto, y además una confirmación de sus leyes injustas, de su doble moral: leyes y moral que sitúan en desventaja a la mujer frente al hombre.
La Mujer: indefensa, acusada, solitaria. Tiene a la ley y a la opinión en contra. Fue sorprendida en adulterio. Como en otras ocasiones, nada se dice de su compañero de práctica; ¿la ley no lo condena? Esta mujer, por un pecado compartido, debe pagar únicamente ella, no sólo con su honra, sino con su vida.
Jesús: Silencioso. Escucha, dibuja en la tierra, es decir: parece distraerse. Formula una pregunta, espera pacientemente una respuesta sin acosar a nadie.
El Pueblo: Silencioso y expectante. Tal vez como otras veces, cobarde. No conocemos su opinión, espera a ver de lado de quién ponerse; en todo caso participa del rechazo a la mujer, a la “pecadora”.
La situación de los dos primeros actores es alterada totalmente por Jesús:
Letrados                         Condena Mujer =      Afirmación de su Ley
Fariseos  (desean)
Letrados            Liberación Mujer =    Derrota y Humillación de su ley.
Fariseos (obtienen)
 
 
Mujer   (padece)           Condena
                                      Rechazo                      = MUERTE
                                      Humillación
 
Mujer   (recibe)             Perdón
                          Liberación                   = VIDA
                          Acogida
Todo esto lo consigue Jesús no por medio de una polémica. Quizás el asunto tan delicado: la humillación de un desvalido, le impiden entrar a polemizar como en otras ocasiones. Jesús simplemente hace una invitación a actuar: “El que no tenga pecado que le tire la primera piedra”. ¡Realmente me parece bellísimo! ¿Quién y Cuándo puede tirar la primera piedra?
Con una simple frase, aparentemente dicha al azar, Jesús desmonta toda la tradición y la ley judía sobre el adulterio, tradición y ley discriminatorias para la mujer. Con esa misma frase condena a los hombres por su doble moral en asuntos sexuales, doble moral que atraviesa los siglos en nuestra civilización y que llega hasta hoy. Y con esa misma frase invita a la mujer a vivir diferente, a caminar en otras relaciones: nuevas, liberadas.
 
2. Relaciones de colaboración y de amistad
“Seis días antes de la Pascua fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de la muerte. Le ofrecieron allí una cena; María servía y Lázaro era uno de los comensales.
María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, le ungió los pies a Jesús y se los secó con el pelo. La casa se llenó de la fragancia del perfume.
Pero uno de los discípulos, Judas Iscariote, el que lo iba a entregar dijo:
¿Por qué razón no se ha vendido ese perfume por un dineral y no se ha dado a los pobres?
Dijo esto no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón y, como tenía la bolsa, cogía de lo que le echaban.
Jesús dijo:
- Deja que lo guarde para el día de mi sepultura, porque a esos pobres los tendrán siempre con ustedes; en cambio a mí no me van a tener siempre. Un gran número de judíos se enteró de que estaban allí y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, a quien había resucitado. Los sumos sacerdotes decidieron también matar a Lázaro, porque muchos judíos iban a verlo y creían en Jesús”.
(Juan 12, 1-11).
Este texto para una mejor comprensión, debe ser percibido en una estrecha relación con: Juan 11, 1-44 y Lucas 10, 38-41. Si bien es cierto que los evangelios nos muestran varias veces a Jesús compartiendo la mesa con amigos, es fundamentalmente en su relación con Marta, María y Lázaro cuando lo vemos vivir más a fondo la amistad. Jesús llora al recibir la noticia de la muerte de su amigo Lázaro y en varias oportunidades lo vemos “reposar” en medio de su agitado ministerio en casa de los tres hermanos, en conversación o “disputa amable” con las hermanas.
Los estudios modernos sobre el Nuevo Testamento están de acuerdo en plantear que la estructura inicial del movimiento de Jesús y de Iglesia naciente contó para su sostenimiento y expansión con una estructura definitiva en ello: la combinación del radicalismo itinerante con las pequeñas comunidades locales, estables, de apoyo (31). Podemos pensar que este núcleo familiar de amigos de Jesús fue precisamente eso: una comunidad de apoyo.
En los textos evangélicos citados y mencionados, vemos a esta pequeña comunidad “funcionando”, vemos sobre todo el aspecto de la amistad. Marta y María acogen: la una trabaja para dar la bienvenida y el hospedaje (es decir colabora en el movimiento), la otra escucha y asimila la palabra. Ambas reclaman la presencia del maestro ante una dificultad: la enfermedad del hermano, piden una “señal” de esa vida que experimentan se les ha comunicado y discuten sobre el poder de Jesús para volver o no a Lázaro a la vida.
Esa práctica de apoyo y amistad, que el evangelio registra también en otras mujeres (el grupo de mujeres que “seguían y servían con sus bienes a Jesús”), es la que convierte a Marta y a María en discípulas, es la que las libera y las capacita para una relación de igual a igual con el maestro y con sus seguidores. (Ana María Tepedino, en la obra citada: “As Discípulas de Jesús”, tiene unas páginas hermosas sobre marta y María de Betania; la primera en cuanto teóloga y profeta: “Si Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios que tenía que venir al mundo”; y la segunda en tanto que “verdadera discípula”. (Capítulo 3 de este texto).
 
3. Las mujeres son enviadas a anunciarlo
Hay en el evangelio de San Juan, dos mujeres-paradigma, igualmente significativas e igualmente ricas para una lectura feminista o simplemente femenina: la Samaritana y María de Magdala, vamos a detenernos un poco en ambas.
“Tenía que atravesar Samaria y llegó a un pueblo que se llamaba Sicar, cerca del campo que le dejó Jacob a su hijo José; allí estaba el pozo de Jacob.
Jesús agotado del camino se sentó sin más junto al pozo. Era casi mediodía. Una mujer de Samaría llegó a sacar agua y Jesús le dijo:
- Dame que beba.
(Es que sus discípulos habían ido al pueblo a comprar provisiones).
La samaritana le preguntó:
- ¿Cómo tú, siendo judío me pides de beber a mí que soy samaritana?
(Porque los judíos no se tratan con los samaritanos)
Jesús le contestó:
- Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú a él y él te daría agua viva.
La mujer le preguntó:
- ¿Señor, si no tienes cubo y el pozo es hondo, de dónde vas a sacar agua viva? ¿Vas a ser tú, más que nuestro padre Jacob, que nos dejó este pozo, donde bebían él, sus hijos y sus ganados?
Jesús le contestó:
- El que bebe agua de esta vuelve a tener sed; el que beba el agua que yo voy a dar nunca más tendrá sed: porque esa agua se le convertirá dentro en un manantial que salta dando una vida sin término.
La mujer dijo:
- Señor dame agua de esa; así no tendré más sed ni tendré que venir a buscarla.
El repuso:
- Ve a llamar a tu marido y vuelve acá.
La mujer contestó:
- No tengo marido.
Jesús le dijo:
- Muy bien dicho que no tienes marido, porque has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.
La mujer contestó:
- Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres celebraban el culto en este monte; en cambio ustedes dicen que el lugar donde hay que celebrarlo está en Jerusalén.
Jesús le dijo:
- Créeme mujer: se acerca la hora en que no darán culto al Padre ni en este monte ni en Jerusalén. Ustedes adoran lo que no conocen, nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación sale de los judíos. Pero se acerca la hora o mejor dicho ha llegado, en que los que dan culto auténtico darán culto al Padre con espíritu y verdad, pues de hecho el Padre busca hombres que lo adores así. Dios es espíritu, y los que lo adoran han de dar culto con espíritu y verdad.
La mujer le dijo:
- Sé que va a venir el Mesías, el ungido, cuando venga él nos lo explicará todo.
Jesús le contestó:
- Soy yo, el que hablo contigo.
En aquel momento llegaron sus discípulos y se quedaron extrañados de que hablara con una mujer, aunque ninguno se atrevió a preguntarle qué deseaba o porqué hablaba con elle.
La mujer dejó el cántaro, se fue al pueblo y le dijo a la gente:
- Vengan a ver un hombre que ha adivinado todo lo que he hecho; ¿ser[a este tal vez el Mesías?
Salieron del pueblo y se dirigieron a donde estaba él.
Muchos samaritanos de aquel pueblo creyeron en él por lo que les dijo la mujer, declarando que había adivinado todo lo que ella había hecho. Por eso, cuando llegaron los samaritanos a donde estaba él le rogaron que se quedara, y se quedó allí dos días. Muchos más todavía creyeron por lo que les dijo él, y decían a la mujer:
- a no creemos por lo que tú cuentas; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es realmente el salvador del mundo”.
(Juan 4, 4-42).
Quiero recoger aquí algunas cosas que pienso, que son obvias en el texto aunque durante mucho tiempo se silenciaron, pero que lecturas recientes (Raymond Brown: “El Evangelio según Juan”, Tepedino: “As discípulas de Jesús”) están ya destacando:
El evangelista nos narra este encuentro con la samaritana con intención paradigmática, se trata -como en otras oportunidades en el evangelio de Juan- de un relato condensadamente simbólico, un relato cuyos mensajes se multiplican. Hay un juego de actores interesante: JESUS/LA MUJER/ LOS DISCIPULOS/ LOS HABITANTES DE SAMARIA, en el cual se esclarece la significación última del texto. En este momento vamos a señalar únicamente algunos aspectos que hacen referencia al problema de la mujer, a su papel en la práctica de Jesús de Nazaret:
* Jesús al iniciar el diálogo con esta mujer de Samaría, rompe sin más al menos dos tabúes vigentes en su pueblo; los rompe a su manera, de una forma sencilla, sin estridencias pero sin vacilaciones. Esta ruptura es fruto claro de una actitud interior que ha madurado en la reflexión y en la opción: Dirige la palabra a una mujer en público y charla amigablemente con ella a los ojos de todos, sin que medie para ello ninguna necesidad imperante; se trata de un diálogo prolongado, distensionado. Toma además, la iniciativa en el diálogo con un pueblo despreciado y marginado por los judíos del sur, un pueblo considerado infiel, traidor e ignorante. Esta iniciativa es seria, conlleva extender a ese pueblo su misión.
Pero es importante señalar que ese diálogo Jesús lo realiza a través de una mujer, es la actitud femenina de acogida, sencillez y transparencia la que le permite entrar en ese pueblo, en esa cultura, en esa religiosidad. La mujer entonces no es simplemente la destinataria de las primeras palabras de Jesús, es también su condición de posibilidad, es un puente en ese acercamiento.
La prohibición de hablar a una mujer en público era tajante, mucho más tratándose de un maestro y Jesús lo era. La llegada de la mujer a sacar agua del pozo se convierte para Jesús en una llamada, una interpelación, y a su vez la actitud de Jesús se va a convertir en una llamada al pueblo judío para la conversión, para el encuentro. Esta práctica de Jesús, que podemos llamar “diálogo con los samaritanos”, se sostiene y origina en una actividad fundamentalmente femenina; los hombres no iban al pozo a sacar agua y es aquí, en este hecho: sacar agua, en donde el relato enraíza ese encuentro entre Jesús y la samaritana, tantas veces “romantizado” en nuestras tradiciones.
* Un segundo dato definitivamente importante. Este encuentro entre Jesús y la mujer, no es un encuentro en el que lo que se “resuelva”, sea una enfermedad, una curación, un perdón, una necesidad cualquiera expresada por la mujer. Se trata por el contrario de un diálogo teológico.
Tenemos otra vez aquí al Jesús de las rupturas, de las subversiones.
No es sólo que con las mujeres no se habla en la calle, es que con las mujeres no se discute la escritura, no se discute la torá, porque ellas son ignorantes, y es además que en la Galilea del siglo I una mujer que ha tenido varios maridos es considerada adúltera, pecadora, excluida. Pues bien a esta mujer, “excluida”, rechazada por la ley y por el templo, Jesús considera y HACE digna de un diálogo teológico, de una revelación directa. (El mismo realiza su palabra: “los publicanos y las prostitutas irán delante de ustedes en el reino”).
En este aspecto hay que tener en cuenta la actitud de Jesús, pero también de la mujer:
La mujer no asume pasivamente un rol “silente”, de esperar a que le sea dada la revelación, la mujer confronta, pregunta, discute. El texto nos presenta el diálogo entre dos tradiciones, la una representada en un hombre, la otra en una mujer; ambas tradiciones conscientes de sí, ambas tradiciones racionalizadas, ambas tradiciones en capacidad de confrontación. No se trata tampoco de una “dádiva generosa” de Jesús; la mujer con la que El se encuentra es una mujer que es capaz de reflexión, de interrogación (la interrogación es la primera condición indispensable para el conocimiento).
Finalmente este diálogo teológico entre Jesús y la mujer echa por tierra cualquier argumentación de discriminación sexual en la Iglesia. Son contadas las ocasiones (y muy significativas) en que el Evangelio nos habla de una revelación clara y directa de Jesús y ésta es una de ellas:
“La mujer le dijo:
- Sé que va a venir el Mesías.
Jesús le contestó:
- Soy yo, el que hablo contigo”.
Y se trata de una revelación hecha a una mujer.
Finalmente la mujer se convierte en apóstol y da a otros testimonio de Jesús. La samaritana en el diálogo, en la confrontación, en el encuentro personal con Jesús lo descubre como profeta, como Mesías, como Liberador y así lo transmite a sus coterráneos.
En este sentido también ella tiene una práctica de ruptura, porque anuncia a los samaritanos un mensaje de salvación que viene de un judío. Por su testimonio los hombres creen y vienen a ver, posteriormente su experiencia es directa, pero ella ha sido vehículo inicial.
Remitiéndonos al simbolismo que hemos dicho encierra este relato es necesario anotar, que en el evangelio de Juan, el testimonio es la condición clara del discípulo, en Juan: “discípulo” es el mayor título de gloria que un seguidor de Jesús puede tener. Cuando se muestra a la samaritana dando testimonio, un testimonio que da frutos inmediatos, se le está ubicando en un marco preciso: los discípulos del Señor.
Este paradigma: Jesús / la mujer de Samaría, se puede contrastar y reflejar en otro paradigma del que dan testimonio todos los evangelios, pero que trabaja más el de Juan: Jesús/María de Magdala. La relación entre Jesús y María Magdalena (tan mal interpretada desde casi todos los ángulos), puede ser vista a través de un texto-síntesis: Juan 20, 1-18. No podemos ignorar, porque no es gratuito, que en la tradición Joánica esta mujer sea la primer testigo de la resurrección, la testigo por excelencia, la que conduce a los apóstoles a esta experiencia.
Tantos años de tradición andrógina, han ocultado las cosas, han silenciado muchas verdades. Rastreando en los primeros siglos de la Iglesia, confrontando textos apócrifos, uno puede darse cuenta de que la figura de María Magdalena fue mucho más importante, de lo que pensamos, en los primeros años de la Iglesia. Fue tan importante el papel que jugó, que hasta existió un “Evangelio de María Magdalena”, descubierto hace poco entre los textos gnósticos. Y los evangelios, especialmente el de Juan, nos dan elementos para descubrir esa importancia:
Jesús envía a María a anunciar su resurrección, no es ni siquiera iniciativa de ella (como en el caso de la samaritana):
“Anda, ve a decirles a mis hermanos”(versículo 17). Posteriormente en el libro de los Hechos, se habla de una condición para ser apóstol: haber acompañado a Jesús en su vida y haber sido testigo de su resurrección. María de Magdala, cumple a cabalidad tal condición.
La Iglesia, durante muchos años, para quitarse de encima este problema molesto, la llamó: “apóstol de los apóstoles”, pero eso puede llegar a ser un eufemismo: María Magdalena, fue compañera de Jesús, fue su seguidora, y  su apóstol, el evangelio de Juan lo testimonia así.
Estas dos mujeres: La mujer del pozo de Samaría y María de Magdala, nos presentan un comportamiento de Jesús con las mujeres muy preciso: en ruptura con las costumbres culturales y en perspectiva de igualdad en lo que a “misterios” se refiere.
 
 
Texto recogido de Carmiña Navia, teóloga latinoamericana. Os doy la cita concreta de donde he seleccionado el texto. También lo tenéis en http://servicioskoinonia.org/pastoral/
 
Carmiña Navia Velasco
 
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Actualización viernes, 25 junio 2004 a las 22:56:48
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