¿Cantar al Señor en tierra extraña?
De la Revista “El Prado” nº 171
Artículo de Fausto Franco



¿CANTAR AL SEÑOR EN TIERRA EXTRAÑA...?
La eucaristía que reúne a los inmigrantes nos sitúa fácilmente en la Pascua, en el camino liberador de Israel en el Éxodo y en el exilio de Babilonia, experimentando cómo en medio de los sufrimientos y la opresión, el Señor resucitado va abriendo caminos de salvación, aunque parezca imposible. La eucaristía es, pues, una profunda experiencia de fe. El que la preside manifiesta que el encuentro con Cristo en este sacramento está vinculado al encuentro con los pobres y oprimidos, con quienes comparte esta mesa de comunión y fraternidad.

Estas palabras nos recuerdan de inmediato el salmo 137: "¿Cómo cantar una canción al Señor en tierra extranjera?", y evocan el exilio en Babilonia, imágenes de desplazamientos forzosos, y de un sin fin de contrariedades y sufrimientos...
Para el poeta y cantor del pueblo judío, viviendo días interminables junto a los canales de Babilonia, no resultaba fácil descolgar su cítara y ponerse a cantar "canciones de Sión". Pero aquí, en Zaragoza, yo he visto cómo los exiliados del siglo veintiuno entonan cánticos al Señor y transmiten alegría y fe - que nadie se ofenda por la comparación - a los habitantes de otras Babilonias, en la Unión Europea actual.
Me pidieron que contara alguna experiencia en relación con la Eucaristía: "Cómo ella es o aspira a ser el banquete de los pobres". Enseguida se me hizo presente la celebración periódica con un grupo de inmigrantes, la mayoría muy jóvenes, que se patean todos los días las calles de esta ciudad. Viven pidiendo los permisos necesarios para conseguir el permiso de trabajar dignamente; viven echando instancias para legalizar los papeles y tener residencia en el país; van buscando trabajo, aunque sea ilegal, para poder subsistir.
En el grupo, la mayor parte son ecuatorianos, más mujeres que hombres, hay algunos colombianos y de vez en cuando también aparecen dos o tres rumanos, y alguno que otro de diferentes nacionalidades. Todos son cristianos que celebran su fe bajo el condicionante de búsquedas frustrantes y de inseguridades continuadas.
LAS PENAS COMUNICADAS SE HACEN MÁS LLEVADERAS...
Leí hace poco tiempo que "tanto en la pascua judía, como en la eucaristía cristiana, el pan ácimo es el alimento de los perseguidos". Así fue para los israelitas en la salida de Egipto y lo mismo ocurrió con Jesús y sus discípulos en la última cena. Realmente fue para el pueblo hebreo el pan de la miseria y de la prisa (Ex. 12,23.39); para los discípulos de Jesús, también el pan de las nostalgias y de la entrega, mezclado con el vino de las traiciones y de la muerte presentida (Lc 22,14-21). Este pan y este vino son hoy para nosotros el símbolo de todas las dificultades pasadas, presentes y futuras.
En la celebración de esta Eucaristía con el grupo de inmigrantes, - normalmente dos veces al mes-, aparecen con frecuencia los desalientos, las dificultades, el sufrimiento y hasta las lágrimas. Lucila, una chica ecuatoriana, ha sido engañada y estafada. Trabaja en una casa de familia. Allí la aprecian de verdad, la tratan bien y le pagan razonablemente. Pero una "supuesta empresa" para ayuda a los inmigrantes, constituida por españoles y con la participación de ecuatorianos, se dedica a sacarles dinero mediante oferta de supuestas ventajas y con falsas promesas; estos estafadores juegan también con las pequeñas ambiciones de cada inmigrante. Lucila les ha entregado todo lo que había ido ahorrando a lo largo de largos meses. En la celebración de la Eucaristía ella está presente y se comenta el hecho.
El ritual judío de la Pascua dice: "He aquí el pan de la miseria que nuestros antepasados han comido en Egipto; que aquél que esté necesitado venga a celebrar la pascua". Cuando empezamos la celebración, nos preguntamos qué sentido tiene esta Eucaristía concreta para cada uno. Entonces, aparecen casos como el de Lucila, o van recibiendo nombre las diversas situaciones y realidades: unas veces se hace presente el recuerdo emocionado de los familiares que han quedado del otro lado del océano, otras lo arduo que resulta encontrar aquí un piso porque mucha gente no quiere alquilarlo cuando ven que se trata de pobres inmigrantes. Hay una muchacha que dice: "encontramos gente buena de verdad, pero otros se aprovechan porque no tenemos en regla los papeles, y entonces abusan de nosotras y nos pagan menos de la cuenta". Cada cual presenta sus dificultades. En fin, todos ponen en común aquello que les preocupa y les agobia.

LAS ALEGRÍAS COMPARTIDAS SE ALARGAN Y PERDURAN...
Ellos han preparado los cantos, así como las lecturas. En el comentario a la Palabra de Dios, muchos participan manifestando cómo entienden y cómo viven esa Palabra proclamada. Me doy cuenta de que el Señor, igual que lo hizo con los dos de Emaús, también ahora va abriendo las mentes y el corazón para entender el significado de la cruz. A partir de ahí, aparecen sugerencias, se descubren puntos de apoyo, y se vislumbran algunas vías de solución para los problemas. En más de una ocasión, me he visto sorprendido y sobrecogido ante esa sabiduría que Dios pone en la mente de estos inmigrantes, pobres y sencillos.
Llega el momento de la oración de los fieles. Las preces son espontáneas. La Eucaristía celebrada en este clima especial de fraternidad, abre espacios para compartir los hallazgos inesperados: uno ha encontrado un trabajo, otro un piso en el que vivir, otros más manifiestan el gozo de los pequeños logros, superando obstáculos de convivencia entre ellos mismos, o venciendo las barreras que encuentran para adaptarse a los modos y costumbres de esta tierra.
Y después, mientras yo repito las palabras de la institución de la eucaristía, al mostrar el pan consagrado y el cáliz con el vino transformado, se escucha en suave murmullo la conocida plegaria que un día salió de los labios de Tomás y que ahora repiten algunos inmigrantes con una tonalidad especial llena de veneración: “¡ Señor mío y Dios mío!, ¡Señor mío y Dios mío”.
Para los israelitas, la celebración de la Pascua, - comienzo del éxodo -, fue una experiencia de ánimo y de valor permanentes: todo aquel que esté oprimido, que venga a celebrar la Pascua; Dios pasa salvando. Por eso había que celebrarla todos los años. Se me hace más palpable que el Dios que actúa en la historia es defensor de los oprimidos. Se me hace más palpable que el Dios que actúa en la historia es defensor de los oprimidos.
Para los discípulos de Jesús, la Eucaristía ha sido siempre el pan de los fuertes. Aquí y ahora está ocurriendo eso mismo. El horizonte se abre mucho más allá de las tormentas y nubarrones del momento presente; y celebrar la Eucaristía en este contexto, se convierte, tanto para los inmigrantes como para mí mismo, en experiencia profunda de fe, en fuente de ánimos y de coraje de cara a seguir luchando.

¿ALGUNA LECCIÓN DE VIDA?
Cada vez que celebro con ellos la Eucaristía, salgo más convencido de que he disfrutado de un momento privilegiado. Por una parte he vivido la experiencia de haber participado del banquete del Reino, tal como aparece en la parábola de la gran cena (Lc 14). Por otro lado, de la misma Eucaristía, nace con fuerza la invitación a renunciar a mis riquezas, a mi tiempo, a mi confort, para poner los recursos de que dispongo al servicio de mi prójimo.
De todo lo anterior, saco una sencilla consecuencia. No es posible buscar el encuentro con Cristo en la Eucaristía, dejando de lado el encuentro con los pobres y lisiados, los ciegos y los cojos que se encuentran en los campos, y deambulan por las calles y plazas de la ciudad, porque, en definitiva, ellos son los invitados al banquete (Cf. Lc 14,21),
Esa es la novedad y ahí está el desafío permanente. Si queremos participar plenamente de la Eucaristía, y no somos pobres en razón de las circunstancias, ni a causa de la violencia y la explotación - pobreza impuesta -, tendremos que trabajar para volvernos pobres por elección; y eso con gran humildad y con toda sencillez de corazón.

Fausto Franco
Zaragoza
Actualización lunes, 5 julio 2004 a las 21:12:43
Mi e-mail
Mi libro de visitas
Foro de Contemplavida
Enlaces
Buscador de las páginas amarillas de Telefónica.
Páginas blancas de telefónica

Página principal / Portada de Novedades / Los pobres me evangelizan / Mis amigos, discípulos y apóstoles / Desde la Galilea de los genetiles

Mirada liberadora de Dios / El foro de los pobres / La vida, zarza sagrada / Heridas del mundo obrero / Servicios / Libro recomendado / Foro