Artículo  de Oriol Xirinachs (de Barcelona) tomado de la revista “El Prado”.  Abril-Junio 2001 / Nº 167

la cruz es

fortaleza y

ternura

 

Desde la dureza de tanto sufrimiento, desde las cruces que aplastan la vida de algunos pobres muy concretos, se nos invita entrar, como Jesucristo, en comunión con ellos, compartir sus cargas, ser en cierto modo sus cireneos. La cruz se lleva por amor y ternura, no por estar curtidos en el dolor.

 

Por un mínimo de honestidad, por el respeto que me merecen los crucificados, por la radicalidad que supone la cruz de Jesucristo he de confesar que se me hace muy difícil hablar de la cruz que proviene de los pobres. Me parecería unirme al coro de los que, ante la más pequeña contrariedad, exclaman, banalizándola: ¡Qué cruz, SEÑOR!

 

Partiendo de la convicción de que solamente podemos hablar con propiedad de cruz, cuando nos referimos a los sufrimientos y fracasos provenientes de seguir la llamada de Jesús: "El que quiera venirse conmigo, que reniegue de sí mismo, que cargue con su cruz y me siga" (Mt 16,24). Mi testimonio será muy breve. La cruz que proviene de los pobres es no poder acabar con la cruz de los crucificados de hoy y no saberle ofrecer el sentido que Jesús le dio.

 

Todo lo demás, de sufrimiento o de contrariedad que pueda haber en mi vida, proveniente de mi voluntad de estar cercano a los pobres, que todos conocemos y vivimos, más bien me cuestiona mi resistencia a tomarme en serio aquella llamada de Jesús. Y quizás sea este cuestionamiento, que procuro convertir en invitación para avanzar en el seguimiento del Maestro acompañando a los pobres, aquello que es para mí más importante y lo que con la sencillez y el único valor del testimonio os ofrezco.

 

Fidelidad. La señora Josefa es una abuela inmovilizada en su silla, que sufre intensos dolores. Ella vive con la confianza en el amor de Jesús que la ha acompañado toda su vida de cristiana profunda, yo intento consolarla con buenas palabras. Para ahorrarme el esfuerzo se me adelanta diciéndome: "La cruz hay que llevarla hasta el final, como Jesús la llevó hasta el calvario". Su fuerza y convencimiento me recuerdan las muchas veces que de una u otra forma, los pobres me han echado en cara: "Tú, cuando quieras puedes dejarlo".

 

La cruz de verdad no es de "quita y pon", por horas o a tiempo parcial. Los pobres están crucificados de por vida; hasta el final. Por ello, si mi cruz ha sido elegida para seguir a Jesús, intento vivirla de manera que, ya que nunca tendrá el peso de la suya, por lo menos que sepa vivirla con fidelidad durante toda mi vida, hasta el final, para que me vaya configurando a Él y a ellos.

 

Humildad. Charla en el piso de acogida de enfermos del sida. Rafa hoy está muy deprimido, de mal humor y agresivo. Me siento impotente; por decir algo recuerdo otros males "teóricos y lejanos", pensando inconscientemente aquello de "mal de muchos. El no es "tonto", sino que es un crucificado, y por eso acaba con aquella salida, tampoco nueva para mí: "Vosotros no nos podéis comprender".

 

Cierto, ante la cruz real de los crucificados, por dignidad, he de reconocer que todo lo más, y ojalá fuera así, puedo ser un cireneo. La cruz la lleva Él.

 

Gratuidad . Visito a Juan en la cárcel. Hoy está rebotadísimo contra todo y contra todos. Intenta y se esfuerza por superar sus errores, pero todo se le pone en contra y no acierta una. Me suelta: "No vale la pena luchar, estoy ya marcado para siempre y no tengo salida". Sí, la cruz de verdad es maldición o no es cruz. Para ellos, pero no para mí, que por el hecho de interesarme y querer estar cercano, pero sin sufrir con ellos, recibo el reconocimiento de la gente y de la sociedad. Para ellos la cruz es maldición; para mí su cruz es mérito. Si sé añadirle un poco de salsa, darle publicidad y hacer victimismo - este tic tan clerical-, el pecado estará servido: No tomarás la cruz de Dios en vano. La cruz solamente es redentora cuando es gratuita.

 

Esperanza. Ha muerto Pascual, uno de los chicos enfermos de sida. Entre sus cosas encontramos una libreta con algunas anotaciones y pensamientos. En una página escribe: Habla perdido mis sentimientos, mis valores, mi familia... Dios. En esta casa, poco a poco, los he ido recuperando. Ahora, en mis dificultades descubro una luz. ¡Que fácil es esperar cuando nuestra vida es como el cuento de "la lechera": venderé... con lo que me den compraré.... !

 

En nuestro mundo tan seguro de sí mismo cualquier contratiempo ya aparece como una grieta que anuncia el derrumbamiento de todo nuestro mundo feliz. Juan y los crucificados -con el Crucificado- me urgen y me ayudan a esperar, convirtiendo estas grietas en rendijas por donde puede vislumbrase la luz del Resucitado. ¡Que sepa devolverles, Señor, esta esperanza!

 

Fortaleza. En el grupo compartimos el acompañamiento de Teresina, una madre drogadicta que ha perdido el trabajo, la salud, le han quitado los hijos, se ha quedado sin vivienda... pero no ha perdido la fe en su Señor. Carmen confiesa que no se siente con fuerzas para visitarla. Nos dice: Vosotros ya estáis curtidos. Y me entra la duda: ¿Será verdad?


Y recuerdo una oración que Teresina repite a menudo.- Lo he perdido todo. Ya no tengo nada, ¡nada! Por dentro es otra cosa: Tengo a mi Señor y me agarro a Él... Pero no vayas a pensar que voy a Él porque no tengo nada; ¡es porque le amo!

 

Los crucificados, el crucificado, no aguantan la cruz a base de curtirse; solamente es posible aguantarla con la fortaleza, la ternura del que puede agarrarse a alguien que le acompaña. Cristo se agarra al Padre; Teresina se agarra al Señor. María no está al pié de la cruz porque esté curtida sino porque es fuerte.

 

Señor, si no soy capaz de cargar con mi cruz, haz que la de los crucificados no curta mi corazón sino que me ayude a crecer en fortaleza tierna para acompañarles.



Oriol Xirinachs
Barcelona