Más de 192 personas crucificadas por la violencia del terror en Madrid
Madrid, 11 de marzo de 2004

No tengo palabras en estos momentos. En Madrid, a la hora punta de la mañana, a la hora en que miles y miles de trabajadoras y trabajadores salen a buscar el pan y la dignidad para sus hijos e hijas, hoy, este este Madrid, ha llovido sangre desde abajo y el terror, expresión de los que tiene el corazón de piedra, ha conseguido que Madrid llore sangre. Vivo en Vallecas, a menos de 2kms del Apeadero de Renfe del Pozo del Tío Raimundo, donde los andenes de la estación de Renfe se convertían, en palabras de un bombero, en "andenes de muerte". Vivo a unos 3km de la estación de Renfe de Santa Eugenia, donde la muerte, provocada por el terror de los especialistas en sembrar pánico, hacía explotar otra bomba sobre centerers de trabajadores y trabajadoras que iban a su trabajo. Tengo la Delegación de Pastoral Obrera de la Iglesia de Madrid a 150 metros de la estación de Atocha, dondne el ciego terror, fabricado por los especialistas de la muerte, segaba la vida de decenas de trabajadores y trabajadoras, de muchos y muy diversos países, la vida de niños y jóvenes, de adultos y mayores. Hoy la sangre y el pánico de millones de personas pertenecientes al mundo obrero, ha saltado por los aires, pero se ha quedado a ras de tierra. Hoy me falta la palabra. Me quedo con el silencio, la imagen y la fe en el Crucficado-Resucitado, asumiendo la vida segada de todos estos hermanos y hermanas y el pánico y el dolor de millones de pesonas que siguen gritando Vida, Paz, compromiso con la Justicia, y opción radical por los empobrecidos, por las víctimas de todo tipo de violencia, por los que se resisten a que la opresión y el odio reinen sobre este mundo. Estos hermanos y hermanas nuestras y todos los que trabajan estas opciones son los que, de verdad, se convierten en signo de Jesús, el Obrero de Nazaret, el Crucificado-Resucitado, de donde nos viene la verdadera liberación. A nosotros, como cristianos, nos toca acogerla en el compromiso transformador, la oración y el el amor radical a sus predilectos. Hoy solo os puedo ofrecer estas imágenes de muerte con esos signos de luz.

Actualización domingo, 13 junio 2004 a las 14:58:44
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Oh Señor, haz de mi un instrumento de tu paz:
Donde hay odio, que yo lleve el amor.
Donde hay ofensa, que yo lleve el perdón.

Donde hay discordia, que yo lleve la unión.
Donde hay duda, que yo lleve la fe.
Donde hay error, que yo lleve la verdad.
Donde hay desesperación, que yo lleve la esperanza.
Donde hay tristeza, que yo lleve la alegría.
Donde están las tinieblas, que yo lleve la luz.

Oh Maestro, haced que yo no busque tanto:
A ser consolado, sino a consolar.
A ser comprendido, sino a comprender.
A ser amado, sino a amar.

Porque:
Es dando, que se recibe;
Perdonando, que se es perdonado;
Muriendo, que se resucita a la Vida Eterna.

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