Venid a mi y encontraréis vuestro descansO
Testimonio de Francisco Javier García Cadiñanos (Busgos)
Revista "El Prado" nº 162

VENID A MÍ... Y ENCONTRARÉIS VUESTRO DESCANSO

El testimonio refleja la situación y los retos que tenemos que afrontar para vivir una vida unificada, centrada en Jesucristo e insertos en una cultura continuamente cambiante, a la que hay que responder con la creatividad que nace de la fe, pero sin llegar a caer en el activismo, la dispersión o la superficialidad.
Javier se plantea estos interrogantes: ¿Cómo no caer en el activismo desenfrenado en medio de una dispersión y multiplicidad de tareas? La respuesta la va encontrando en la centralidad de Jesucristo, la encarnación en la vida de los pobres, la oración, el Estudio de Evangelio, la Revisi"n de vida.

"Venid a mí todos los que estáis fatigados por el peso de vuestra carga, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy sufrido y humilde, y hallaréis descanso para vuestras vidas" (Mt. 11,28–29).
He meditado estas palabras al comenzar esta monografía que me habéis pedido. Ciertamente me encuentro fatigado y exhausto por el peso del curso. La consiliaría federal de la JOC, el acompañar a dos equipos de HOAC, tres parroquias y la delegación diocesana de Pastoral Obrera es mucha carga, a pesar de "que eres joven", como me dicen los más veteranos.
Quiero verme aliviado y busco a Jesús como único Señor y Maestro. Y trato de encontrarle en Javi, que me ha hecho confidente de su deseo de dejar el alcohol y los malos tratos a su madre, en el rostro maltrecho de María, ignorada por el marido y lacerada por el hijo preso, en los ojos tristes del Golo, herido de muerte por el cáncer.
Intento estar atento y me hago el encontradizo de los chavales del barrio, apostados con su litrona y sus pipas en el banco de la calle, le intento descubrir en la sonrisa hueca de Elías, treinta años cuidando a su mujer en estado vegetal...
Y ese Jesús que me encuentro no me tranquiliza ni me deja quieto. Su alivio no es un sedante de vida placentera. Me azuza constantemente con nuevos reclamos, problemas, gestiones... El Jesús de los pobres nada tiene que ver con el aburguesamiento del funcionario eclesiástico. "No tenía tiempo ni para comer", se dice de Jesús.
Pero, ¿cómo no caer en el activismo desenfrenado?, ¿cómo conservar el tipo ante tanta dispersión y multiplicidad de tareas?, ¿cómo crecer en mi identidad ministerial sin caer en el ideologismo ni funcionariado?
Os confieso que me alegré profundamente al ver el planteamiento de esta Asamblea y que me sentí totalmente identificado.
En el análisis y contraste de la primera etapa, se agudizaba y acentuaba la cuestión.
Apenas se encontraban signos de esperanza. Y en la iluminación desde la figura de Jesús y de Pablo, encontraba una distancia insalvable que, por otra parte, me devolvía a claves siempre recordadas en el Prado: centralidad de Jesucristo, conciencia de enviado, aprendizaje de la obediencia, discernimiento, encarnación en los pobres, fraternidad apostólica...
Contemplo mis casi diez años de cura y veo el asunto de la unidad de vida jugándose en los siguientes frentes:

1. Protagonismo de Dios y protagonismo personal.
Hay un instinto y tendencia a controlar y programar mi vida. Detrás de ropajes de servicio y disponibilidad hay culto al yo. El problema de la imagen que tienen los otros de mí, el asunto de qué dirán... son coletazos de quien se resiste a dejarse atrapar por Dios hasta llegar a decir con San Pablo, "no soy yo, es Cristo quien vive en mí".

2. Debilidad humana y fortaleza de Dios.
Quizás por la educación espartana recibida, tiendo a ocultar sentimientos, a controlar emociones. Se me ha formado en un combate muy voluntarista contra mis debilidades. Al no superarlas desde ahí, se tiende a olvidarlas y taparlas. Me da miedo, a veces, ser transparente con mis propias flaquezas. Entiendo lo de Pablo, "cuando soy débil, entonces soy fuerte", pero me cuesta abandonarlo todo en Dios, entregarle mi miseria y experimentar su fortaleza.

3. Fe e increencia.
Me sorprendió escuchar a Antonio Bravo plantear esta cuestión en unos pasados Ejercicios. A medida que pasa el tiempo voy viendo su alcance. Fiarse plenamente de que el Espíritu continuamente nos precede, me ayuda a situarme sin agobios ni prisas. Fiarse plenamente del Padre y su proyecto de liberación, me recuerda que El es el centro y yo su enviado. Fiarme de la gente, de las semillas de verdad que Dios ha puesto en ellos, confiar en sus posibilidades, hacerles crecer... es un ejercicio creyente diario. Creerme lo que estoy haciendo por encima de eficacias pastorales, modas eclesiásticas, corrientes que se imponen.

4. Fidelidad a los medios.
Todas esas grandes convicciones, pasan por ser traducidas en lo concreto. Los Movimientos Apostólicos me han ayudado a valorar la fuerza de los pequeño y a cultivarlo. Los curas somos muy dados a "discursear", y necesitamos "aterrizar". Los instrumentos que el Prado ofrece (el equipo de vida, Estudio de Evangelio, Revisión de Vida, Cuaderno de Vida), juntamente con los ofrecidos por nuestras iglesias (Retiros, encuentros), me ayudan a centrarme. En la medida en que les cuido, puedo asegurar que mi ministerio está cuidado. En ellos puedo verificar esa tensión permanente arriba descrita, me ayudan a despejar fantasmas, a darle cuerpo y vida a lo que hago. Y mi lucha está en no absolutizar ninguno de ellos, pero tampoco abandonarles. Son herramientas que, manejadas por el Espíritu, ajustan el interior para que ninguna pieza esté suelta ni chirríe.
Y ahí andamos, en un proceso, porque esto no está definitivamente resuelto, con avances y retrocesos, sostenido por los hermanos y queriendo hacer verdad lo que rezamos en la oración jocista: "Pensar como Tú, trabajar contigo, vivir en ti".

Fco. Javier García Cadiñanos
(Burgos)

Actualización domingo, 20 junio 2004 a las 23:41:09
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