“Estad preparados”

 

23/10/03 00:49

 

Lucas 12,39-48

 

39 Tened en cuenta que si el amo de casa supiera a qué hora iba a venir el ladrón, estaría en guardia y no dejaría que asaltaran su casa. 40 Estad preparados también vosotros, porque a la hora que menos penséis vendrá el hijo del hombre». 41 Entonces Pedro le dijo: «Señor, esta parábola, ¿la dices por nosotros o por todos?». 42 El Señor contestó: «¿Quién es, entonces, el administrador fiel y prudente, para que dé a la servidumbre la comida a su hora? 43 ¡Dichoso ese criado si, al llegar su amo, lo encuentra cumpliendo con su deber! 44 Os aseguro que le pondrá al frente de todos sus bienes. 45 Pero si ese criado, pensando que su amo va a tardar en venir, se pone a maltratar a los demás criados y criadas y a comer y a beber hasta emborracharse, 46 su amo vendrá el día y la hora que él menos lo espere, lo castigará severamente y lo pondrá en la calle, donde se pone a los que no son fieles. 47 El criado que sabe lo que su amo quiere y no lo hace será severamente castigado. 48 Pero el que no lo sabe, si hace algo que merece castigo, será castigado con menos severidad. Al que mucho se le da, mucho se le reclamará; y al que mucho se le confía, más se le pedirá.

 

Señor, tu viniste y “el mundo no te reconoció”, pero a los que te reconocieron … Tu viniste y los responsables del pueblo no te reconocieron. María, José, los pastores… esos sí que te reconocieron. Las consecuencias fueron claras: Se alegraron, tu gloria los cubrió y supieron reaccionar; se pusieron en marcha y marcharon a tu encuentro. Y allí, en la gruta y en el pesebre, supieron descubrirte. Señor, tu vendrás de manera definitiva ¿Cómo  nos encontrarás? Pero tu, Señor, sigues viniendo. Me gustaría, Señor, hacer como los  pastores, que al mínimo susurro de tu  presencia, me ponga en marcha y camine hacia tu encuentro. Tú sigues viniendo, tu estás en medio de nosotros: “Yo estaré siempre con vosotros”. Tu te sigues haciendo presente en los pesebres  y en las cuevas de hoy día. Tenemos pocas y sencillas señales, pero muy significativas: “encontraréis a Dios hecho hombre en medio de la debilidad de un niño pobres, en medio de una familia pobres y sencilla, en medio de la noche, casi como en la clandestinidad, sin nada espectacular; unas sencillas y normales señales (signos sacramentales): unos trapos que te cubren y un pesebre como cuna. ¡Qué difícil, por lo visto, nos resulta descubrirte en tu venida hoy aquí y ahora. Nos resistimos a no descubrirte en la espectacularidad. Nos resulta difícil descubrirte en lo que no está dentro de nuestro planes, de nuestros esquemas, de nuestra ideología o de nuestra ética. Nos resulta difícil descubrirte en la normalidad y cotidianidad de la vida: en medio de la debilidad, envuelto y arropado en unos trapos y teniendo por cuna un pesebre. Es inimaginable descubrirte ahí, donde menos lo esperamos… Sigues viniendo, sigues acercándote a nosotros, sigues invitándonos a acogerte. ¡Qué paradoja! Nuestro Dios viniendo en medio de nosotros de la manera más normal, sencilla y humilde. “¿No es este el  hijo de José? ¿Y su madre no es María? ¿Y sus hermanos..?. Pues sí. Lo son y nosotros mientras tanto.. ¿qué?. ¿Cómo de Nazaret puede salir algo bueno?

Señor, nos pides que nos vayamos acostumbrando a descubrirte y recibirte en la historia de nuestros días, en  medio del espesor de la misma. Y es ahí donde hemos de aprender, de acostumbrarnos y prepararnos a tu última y definitiva venida. “Dichosos ese criado si, al llegar su amo lo encuentra cumpliendo su deber”. ¡Dichoso! Es una dicha tu venida y el que nosotros sepamos acogerte haciendo tu voluntad. Acogerte a ti, encontrarnos contigo. Esa es la dicha, esa es la felicidad. Conocerte en el sentido bíblico: conocerte con la mente, el corazón y las manos. Conocerte a ti. “Esta es la vida eterna, que te conozcan a ti y a tu enviado Jesucristo”. Conocerte como lo hicieron los pastores, como lo hizo María y José. Conocerte y danzar de gozo y volver al mundo llenos de alegría contando “lo que hemos visto y oído”. “Eso es lo que os anunciamos”.

Pero hace falta estar en vela. “Velad, porque no sabéis el día ni la hora”. No os podéis imaginar, no lo podéis programar. Tú, Señor, vienes y nos sorprendes. Por eso, “estad en vela porque no sabéis cuando llegará el esposo”. No sabemos, no nos imaginamos ni cuando ni dónde. “Estad preparados”. Estad a la espera, a la expectativa. Estad en y vivid en estado de “buena esperanza”. “Vivid en Adviento” porque el Señor ya ha venido, sigue viniendo y vendrá definitivamente. Ese niño de Belén, de la cueva, de Nazaret, el que pasó haciendo el bien, el que nos trajo la salvación colgando de un madero, a quien el Padre le dio la razón resucitándolo, el que nos envió su Espíritu, es el que nos ha dejado dicho: “Yo estaré siempre con vosotros”. Tú eres el que sigues viniendo Crucificado-Resucitado, en los crucificados de este mundo en los que te siguen como Crucificado-Resucitado en tus predilectos, en el encuentro contigo en ellos, en tu Palabra, en tu Eucaristía haciéndose, contigo, uno de ellos, encarnando tu Palabra y haciéndose Eucaristía en medio de este mundo.

Que sepamos prepararnos así, estar así vigilantes para cuando vengas de NUEVO. Es así como podremos re-conocerte.

Gracias, Señor, por tu Palabra en las Escrituras. Gracias por tu Palabra en tus predilectos. Gracias por tu presencia en la Eucaristía. Gracias porque nos precedes en la misión entre los pobres.

 

Manolo Barco