Seguir a Jesús en su “vivir y estar con por amor”

 

 

 

I.- VIVIR Y ESTAR CON ES RECONOCER.

 

                  Vivimos en la era del anonimato. Tanto a nivel individual como colectivo. A nivel de personas y a nivel de grupos, de barrio....

 

                  Vivir en el anonimato tiene una parte de dureza y de posibilidad de deterioro. Nuestras relaciones humanas, marcadas por el anonimato, se ven abocadas:

 

                  * al olvido e ignorancia de los demás

 

                  * a la no valoración

 

                  * a no sentirse útil, no servir para nada

 

                  * a la cerrazón

 

                  * a la frustración

 

                  * al deterioro

 

 

                  Y ésto lo sufren y repercute más en los empobrecidos. Los pobres viven más en el anonimato porque, en este mundo y con este sistema, los empobrecidos no cuentan, no valen, no tienen valía, .... por lo tanto no son prestigiados... O son menos prestigiados que los demás.

 

                  Sin embargo la persona humana está hecha para:

 

                  *  Ser alguien ante los demás

 

                  *  Ser tenido en cuenta

 

                  *  Entrar en relación con los otros

 

                  *  Ser protagonista de su vida, del mundo, de la historia

 

                  *  Desarrollarse al calor del hermano, del otro

                 

                  * La persona humana es apertura, es éxtasis

 

                  Antes de nada os invito a pensar y traer ahora aquí a personas, grupos, colectivos.. de gentes sencillas y pobres... Vamos a tomarnos unos momentos de contemplación de esos hermanos, de sus vidas...  Es posible que algunos estén ya un tanto deteriorados: Alumnos vuestros, familias que conocéis, vecinos del barrio, del pueblo....

 

                                    ¿ Cómo los veis?

                                    ¿ Quienes se fijan en ellos? ¿Para qué?

                                    ¿ A quienes importan?

                                    ¿ Quien los quiere de verdad?

                                    ¿ Son protagonistas de algo? ¿De qué?

 

( En diez minutos vamos a hacer aquí mismo esta contemplación fijándonos en lo que pasa por su corazón)

 

 

                  Reconocer es "volver a conocer" de manera nueva.

 

                  Reconocer es:

 

                  Acercarse al hermano para mirarlo con nuevos ojos

                  Mirarlo con nuevos ojos hasta hospedarnos en su corazón

                  Hospedarnos en su corazón para hacernos cargo de las heridas de su                              historia y de las posibilidades de vida

                  Hacernos cargo de sus heridas y posibilidades hasta descubrir en todo ello                     acción de Dios

                  Descubrir acción de Dios para acoger la profecía que encarna el hermano

                  Acoger la profecía hasta reconocerlo sujeto e interlocutor

                  Reconocerlo como sujeto hasta descubrir su dignidad

                  Descubrir su dignidad y entrar en relación de fraternidad

                  Entrar en relación de fraternidad para buscar juntos y enriquecernos                                  mutuamente

                  Buscar y enriquecernos hasta sentirnos juntos y mirados por Dios

                  Sentirnos juntos mirados por Dios hasta convertir esa mirada en                         compromiso afectivo y efectivo con los demás

 

 

II.- "VIVIR CON" ES DIGNIFICAR.

 

                  La presencia, en la línea en que estamos meditando, tiene un valor humanizador y evangélico.

 

                  Reconocer como sujeto al hermano, decíamos antes, que nos conducía a reconocer su dignidad. Y esto es lo que significa dignificar.

 

                  Jesús en Nazaret aporta a las personas, al pueblo, a la humanidad su dignidad originaria, tal como fue proyectado por Dios: "A su imagen y semejanza".

 

                  Cuando esta dignidad del hombre es menoscavada, se necesita del sacramento del hermano para que el Señor devuelva, revitalice, recree dicha dignidad.

 

                  De aquí que "Vivir con" se convierte en esa acción sacramental para el hermano deteriorado y despojado, recuperando así el mayor tesoro que Dios nos ha regalado a todos.

 

                  Dignificar es, por lo tanto, ayudar a poner en pie al hermano deteriorado y olvidado.

 

                  Realizar esa dignificación en los Nazaret de nuestros días supone una presencia de comunión, de entrega, de manifestación de las entrañas de misericordia de Dios Padre. Es un estímulo para que el hermano se llegue a reconocer hermano e hijo.

 

 

III.- "VIVIR CON" ES ABRIR A LA ESPERANZA.

 

                  La sola presencia es manifestar sin palabras, pro de manera profundamente significativa que la persona, el pueblo, los pobres son un proyecto abierto, de esperanza.

 

                  La personas, los empobrecidos, son parcela del trabajo de Dios. Es un espacio privilegiado dónde Dios derrocha toda su ternura, donde Dios expresa sus entrañas de misericordia.

 

 "Como pastor pastorea su rebaño : recoge en brazos los corderillos, los lleva en el seno y trata con cuidado a las paridas"[1] "Con amor eterno te amé, por eso te he mantenido mi favor... pues yo soy el Padre de Israel, y Efraím es mi primogénito... por eso se me conmueven mis entrañas  por él y  tengo que tener piedad de él, oráculo de Yahvé"[2]. "Y sin embargo tú eres nuestro Padre, nosotros somos la arcilla, tú nuestro alfarero, somos obra de tus manos"[3].

 

                  La presencia entre los hermanos es un signo que manifiesta un acto de fe en ellos. Un acto de fe que libera en ellos las potencialidades que tienen, abren la esperanza, posibilita sentido a la vida.

 

                  El "vivir con" por y con amor es provocación de apertura al futuro, es manifestación de confianza, es creer en el otro y, por lo tanto, es posibilidad de que el otro crea en sí mismo, es sugerencia para el otro de que es necesario, de que puede y se le pide hacer algo con y por los demás, es descubrir en el otro que es necesario, que a alguien le importa, que el mundo no sería lo mismo sin él.

 

                  Los empobrecidos no sólo ni sobre todo necesitan ayuda, sino el que descubran que también ellos pueden y tienen la posibilidad de ayudar, de echar una mano. Esto a veces lo olvidamos aún en la Iglesia. No nos damos cuenta de que ellos están llamados a ser sujetos, y no sólo objetos de nuestra solidaridad y caridad. Ésto no siempre es fácil, pues los mismos pobres e insignificantes tienen la tendencia a desconfiar de sí mismos. Decíamos antes que reconocer es sugerir la valía que los más empobrecidos tienen. Y es que los pobres, llega un momento en que, al no confiar nadie en ellos, al no ser valorados, se llegan a creer que no sirven para nada. Y esta es la mayor causa de la desesperación.

 

                  Por eso, vivir con es rasgar la desconfianza que el indigente ha llegado a tener sobre sí mismo. Aún su sufrimiento les parece inútil. "Nosotros, los pobres, sólo sabemos sufrir". Y en este mundo, ¿para qué sirve el sufrir"?. Esto nos está provocando volver nuestra mirada sobre el Siervo de Yavé: "Por su sufrimiento él justificará a muchos". ¿Cómo anunciarles esta buena noticia?

 

 

IV.- MIRANDO A JESÚS.

 

A. La presencia de Jesús re-conoce a los pobres

 

                  Como hemos visto, ésto aparece claro en Nazaret. Pero nada más salir Jesús de su Nazaret, nos encontramos con dos escenas que pueden ser iluminadoras:

 

1. Jesús se une a la caravana que camina hacia el Jordán para ser bautizada por Juan. Vemos a Jesús, en medio de aquel pueblo pobre, sencillo y pecador, que descubre estar necesitado de perdón.

 

                  Jesús, como poniendo de nuevo su tienda entre los despojos de este mundo, significado en aquel pueblo caminante, hace acto de presencia "re-conociendo" a aquel colectivo. Jesús ha mirado al pueblo con los ojos del Padre, a los pobres y pecadores y se solidariza con ellos. Parece como si Jesús -que no necesitaba el Bautismo- se introduce en medio de aquél pueblo peregrino y los mira con nuevos ojos. Allí, el Señor, va a ser convertido en signo de salvación para aquella gente. Allí, Jesús, aparece como expresión del amor misericordioso del Padre que se ha fijado en sus hijos y quiere salvarlos: "Este es mi hijo, el amado, escuchadle". Escuchadle y seréis salvados.

 

                  Es un primer momento en el que Jesús ya anuncia de manera significativa quienes son aquellos hermanos: los pobre y pecadores son vistos por Jesús con los ojos del Padre; con nuevos ojos. Los mira con cariño, se hospeda en sus corazones. Jesús se hace cargo de las heridas de aquel pueblo encadenado a la tierra y descubre en él posibilidades de salvación.

 

                  Para Jesús, ese pueblo peregrino y pecador es parcela donde Dios ya ha empezado a hacer maravillas y desde ellos quiere recuperar la fuerza que tienen como profecía. De aquellos mismos, un puñado de discípulos de Juan -como signo- va a sacar a os apóstoles, los quiere convertir en sujetos de evangelización. Para Jesús, aquellos hombre y mujeres, son "hijos del Padre" al que Dios le envía. Y de ellos Jesús va a tomar su fraternidad.

 

                  Esos "lodos", Jesús va a tomarlos en sus manos y los va a ir moldeando y configurando hasta ayudarles a sentirse hijos, mirados y mimados por Dios, para lanzarlos al compromiso afectivo y efectivo con los hermanos.

 

2. Jesús, en la sinagoga de su pueblo

 

                  Desde ahí va a emprender su andadura hacia la vida pública. En su pueblo donde ha aprendido a reconocerlos durante años como sus paisanos, sencillos, pobres e irrelevantes, va a anunciar a todo el mundo que su vida pública estará marcada por ese mismo re-conocimiento de los pobres.

 

                  Jesús toma el pasaje de Isaías y comienza diciendo: "Esto se cumple hoy". Dios hoy os mira. Sois mirados con ojos nuevos, con el corazón lleno de amor hacia todos vosotros, hacia los cojos, los sordos, los marginados, los empobrecidos.

 

                  Jesús reconoce en ellos hijos del Padre y hermanos suyos. Les re-conoce como miembros del pueblo privilegiado porque son eso, los hermanos más empobrecidos y más abandonados.

 

 

B. En Jesús, los empobrecidos son dignificados

 

                  Jesús, al mirar y re-conocer con los ojos de Dios a los pobres y lisiados, deteriorados y marginados -ya al comienzo de su vida pública, como decíamos en el punto anterior- da un paso más. Su presencia pública entre ellos los dignifica. El Siervo -del bautismo- y el Ungido que habla en la sinagoga, va hacer verdad lo que es.

 

a. Jesús llama y coloca en el centro a los niños (uno de los colectivos más marginados como la mujer). Jesús los está dignificando, haciendo reconoce a la gente la dignidad que los niños tienen.. De ellos es el reino. Los pone como testimonio. Jesús les está devolviendo su dignidad perdida: Mt 18, 2; M 9, 36; Lc 18, 16

 

b. Jesús coloca en el centro a los pobres, enfermos y ciegos:

 

                                                      En Mt 15, 32: vemos a Jesús que se le rompen las entrañas al ver a los pobres como ovejas sin pastor y los ha hecho objeto de su atención, ternura, cariño, misión, enseñanza y amor.

 

                                                      Mt 20, 32-24; M 10, 40.46-52: Jesús se detiene ante los ciegos, paraliza su andadura y -como queriendo recuperar la dignidad de éstos- los toma como objeto de su atención: "Llamadlos". Hace que todo el mundo que le seguía descubran que son los más importantes. Jesús les está dovolviendo la dignidad. Del "cállate" que le decían los discípulos al ciego, al "Llamadlos" y el "¿qué queréis que os haga" hay todo un proceso de dignificación, de centrarse en ellos, de hacer que los que le acompañen se fijen en ellos...

 

                                                      Ahora es la hemorroísa (Lc 13, 10-13). No se atrevía a significarse. Era demasiado para ella que el maestro se parase y se centrara en ella para poderle curar. Y, como de hurtadilla, ha logrado abrirse paso entre el gentío y se ha colocado detrás del Señor. Y ella, con toda confianza, le ha tocado el manto. La mujer se ha curado. Pero para Jesús tan importante era esa "cura" como otra que aún le falta: Le faltaba personalizarse, le faltaba dignificarse. No quiere que permanezca en el anonimato. Por eso , el Señor la ha colocado en medio, reintegra en el grupo como alguien.

 

C. La presencia de Jesús abre a la esperanza a los empobrecidos

 

                  En los cuatro evangelios hay más de 250 versículos en los que se nos muestra explícitamente cómo Jesús está presente entre los más pobres de los pobres: entre los leprosos, ciegos, sordos, mudos, enfermos, empobrecidos.... A ésto hay que añadir el resto de versículos que se refieren a cada una de esas presencias. Pero además, si buscamos en el evangelio la presencia de Jesús entre los pobres -además de su presencia entre los más pobres- descubriremos que es prácticamente todo el evangelio el que nos presenta al Señor presente entre los empobrecidos.

 

                  Este dato nos sirve como verificación de que la vida de Jesús es toda una presencia entre los más pequeños.

 

                  Esto verifica que "la parcela de trabajo del Verbo encarnado son los pobres".

 

                  Ya lo anunció el Señor en la sinagoga de Nazaret: "El Espíritu está sobre mí y me ha ungido y me ha enviado a "anunciar la buena noticia a los pobres" (Lc 4, 16-21). "Hoy se cumple esta profecía". Hoy los pobres están llamados a vivir en esperanza. Hoy los pobres y pequeños pueden experimentar que el futuro es suyo porque Dios los ha mirado, los ha reconocido, los ha dignificado.

 

                  Hay cantidad de expresiones en el Evangelio que nos ayudan a descubrir explícitamente cómo Jesús dinamiza la esperanza de los pequeños:

 

a. "Ánimo":

 

 Mateo 9:2

          En esto le trajeron un paralítico postrado en una camilla.

          Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: «¡ Animo!,

          hijo, tus pecados te son perdonados.»

 Mateo 9:22

          Jesús se volvió, y al verla le dijo: «¡Animo!, hija, tu fe

          te ha salvado.» Y se salvó la mujer desde aquel momento.

 Mateo 14:27

          Pero al instante les habló Jesús diciendo: «¡Animo!, que soy

          yo; no temáis.»

 Marcos 6:50

          pues todos le habían visto y estaban turbados. Pero él, al

          instante, les habló, diciéndoles: «¡Animo!, que soy  yo, no

          temáis.»

 Marcos 10:49

          Jesús se detuvo y dijo: «Llamadle.» Llaman al ciego,

          diciéndole: «¡Animo, levántate! Te llama.»

 Lucas 21:28

          Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad

          la cabeza porque se acerca vuestra liberación.»

 Juan 16:33

          Os he dicho estas cosas

                  para que tengáis paz en mí.

              En el mundo tendréis tribulación.

              Pero ¡ánimo!:

                  yo he vencido al mundo.»

 

b. No tengáis miedo (Mt 17, 7)

 

c. "Venid a mí los fatigados y sobrecargados y yo os daré descanso" (Mt 11, 28).

 

d. "Ponte en pie"

 

                                     Marcos 9:27

          Pero Jesús, tomándole de la mano, le levantó y él se puso en

          pie.

 

e. "Quiero, queda limpio"

 Mateo 8:3

          El extendió la mano, le tocó y dijo: «Quiero, queda limpio.»

          Y al instante quedó limpio de su lepra.

 Marcos 1:41

          Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo:

          «Quiero; queda limpio.»

 Lucas 5:13

          El extendió la mano, le tocó, y dijo: «Quiero, queda

          limpio.» Y al instante le desapareció la lepra.

 

f. "Perdonados te son tus pecados"

 

                                     Mateo 9:2

          En esto le trajeron un paralítico postrado en una camilla.

          Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: «¡ Animo!,

          hijo, tus pecados te son perdonados.»

 Mateo 9:4

          Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: «¿Por qué pensáis

          mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: "Tus

          pecados te son perdonados", o decir:

 Marcos 2:5

          Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: «Hijo, tus

          pecados te son perdonados.»

 Marcos 2:9

          ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: "Tus pecados te son

          perdonados", o decir: "Levántate, toma tu camilla y anda?"

 Lucas 5:20

          Viendo Jesús la fe de ellos, dijo: «Hombre, tus pecados te

          quedan perdonados.»

 Lucas 5:23

          ¿Qué es más fácil, decir: "Tus pecados te quedan perdonados",

          o decir: "Levántate y anda"?

 Lucas 7:47

          Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados,

          porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona,

          poco amor muestra.»

 Lucas 7:48

          Y le dijo a ella: «Tus pecados quedan perdonados.»

 

g. "Los curó"

 Mateo 4:24

          Su fama llegó a toda Siria; y le trajeron todos los que se

          encontraban mal con enfermedades y sufrimientos diversos,

          endemoniados, lunáticos y paralíticos, y los curó.

 Mateo 8:16

          Al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; él expulsó a

          los espíritus con una palabra, y curó a todos los enfermos,

 Mateo 12:15

          Jesús, al saberlo, se retiró de allí. Le siguieron muchos y

          los curó a todos.

 Mateo 12:22

          Entonces le fue presentado un endemoniado ciego y mudo. Y le

          curó, de suerte que el mudo hablaba y veía.

 Mateo 14:14

          Al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos y

          curó a sus enfermos.

 Mateo 15:30

          Y se le acercó mucha gente trayendo consigo cojos, lisiados,

          ciegos, mudos y otros muchos; los pusieron a sus pies, y él

          los curó.

 Mateo 19:2

          Le siguió mucha gente, y los curó allí.

 Mateo 21:14

          También en el Templo se acercaron a él algunos ciegos y cojos,

          y los curó.

 Marcos 1:34

          Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas

          enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar  a

          los demonios, pues le conocían.

 Marcos 3:10

          Pues curó a muchos, de suerte que cuantos padecían dolencias

          se le echaban encima para tocarle.

 Marcos 6:5

          Y no podía hacer allí ningún milagro, a excepción de unos

          pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos.

 Lucas 7:21

          En aquel momento curó a muchos de sus enfermedades y

          dolencias, y de malos espíritus, y dio vista a muchos ciegos.

 Lucas 9:42

          Cuando se acercaba, el demonio le arrojó por tierra y le agitó

          violentamente; pero Jesús increpó al espíritu inmundo, curó al

          niño y lo devolvió a su padre;

 Lucas 14:4

          Pero ellos se callaron. Entonces le tomó, le curó, y le

          despidió.

 

h. "Bienaventurados los pobres" (Mt 5, 3; Lc 6, 20)

 

i. "Los ciegos ven, los leprosos quedan limpios, los sordos oye, los muertos resucitan y se anuncia la B. N. a los pobres" (Lc 7, 22)

 

j. "El Reino de Dios está cerca de vosotros" (Lc 10, 9)

 

k. "Haz entrar en el banquete a los pobres y lisiados, ciegos y cojos" (Lc 14, 21)

 

l. "Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis" (Lc 19, 21-22)

 

m. "Dejad que los niños se acerquen a mí, .. de ellos es el Reino de los cielos" (Lc 18, 16)

 

n.  "Sólo sé que antes no veía y ahora veo"  (Jn 9)

 

o. "Me ha dicho todo lo que he hecho" (Jn 4, 39)

 

p. Su presencia con ellos provoca que marchen llenos de alegría glorificando a Dios:  (Lc 5, 25; 17, 15; 18; 43; Lc 19, 37; Jn 16, 22)

 

q. Le siguen jubilosos (M 10, 52; Lc 18, 43)

Para ellos es el Reino (Mt 25, 34)

 

 

 

 



    [1] Is. 40,11

    [2] Jer. 31,,3.9.20

    [3] Is. 64,7