¿Cómo hacer el Estudio de Evangelio?
De la Revista "El Prado" sobre el Estudio de Evangelio
¿CÓMO ESCOGER UN TEMA PARA UN
ESTUDIO DE EVANGELIO?

La elección de un tema para hacer un Estudio de Evangelio largo es un paso importante. Un tema mal elegido y planteado tiene pocas posibilidades de prosperar. Para llegar a buen puerto, se han de cumplir dos condiciones básicas:

Primera: Saber lo que quiero preguntar al Evangelio

He de tener claro cuáles son las motivaciones para ir al encuentro del Señor: en qué y por qué deseo conocerle mejor.
Para ello, no bastan las motivaciones puramente teóricas o de curiosidad intelectual. Tampoco me valen las motivaciones existenciales o pastorales “difusas”. Si las cosas no están claras en mi espíritu, poco puedo esperar del trabajo que haga. Es ilusorio pensar que lo iré viendo sobre la marcha. Lo más probable será que camine en todas direcciones y, al final, me pierda por mil vericuetos. Además, tal actitud es peligrosa desde el punto de vista espiritual. Bajo capa de gratuidad y libertad de espíritu, se puede esconder el amor propio y el espíritu de capricho y veleidad (VD 214).
Es preferible ser humilde y limpio ante mí mismo y ante Dios: mucho conviene que me aclare interiormente antes de plantearme un Estudio de Evangelio. Quizás me ayude el comentario con los miembros de mi equipo del Prado, o con un compañero que me conozca bien. Puedo, además, llevarlo a la oración, suplicar al Espíritu Santo, pedir la sabiduría de lo alto...
En concreto, conviene abordar el Estudio de Evangelio habiendo ya fijado de antemano:

a. Un punto de conversión personal
Un terreno concreto en el que Dios me está pidiendo dar un paso. Un trabajo interior de profundización, para colaborar lealmente con Dios en mi vida. Como le gustaba decir al P. Chevrier, he de tomar un «ejemplo» de Jesucristo, del que tengo que aprender como discípulo. He de contemplar largamente al Maestro y dejarme enseñar por su Espíritu.

b. Un punto de conversión pastoral
Determinar el campo de acción pastoral en función de las necesidades actuales del Pueblo de Dios con el que comparto la misión, habiendo auscultado las urgencias y las expectativas profundas de la gente. Ir al Evangelio con un corazón de pastor y un espíritu eclesial. No buscar soluciones inmediatas sino configurarme con Cristo ene su (caridad, compasión, sacrificio, combates, etc.). Es decir, siguiendo el estilo de los «Sígueme» del «Verdadero Discípulo». Quien se acerca al Evangelio es, ante todo, un enviado, un apóstol de Jesucristo que quiere estar disponible y presto a entregarse a fondo con tal de que los pobres sean evangelizados.

Segunda: Encontrar un método de trabajo adecuado

En función del tema elegido, tengo que ir adoptando todas las herramientas metodológicas:
- La perspectiva o punto de mira desde el que abordar la lectura de la Palabra (Tengo que formularlo de manera que pueda encontrar pistas bíblicas directas y fáciles, sin forzar la Sagrada Escritura).

- La información y las notas exegéticas que voy a utilizar (sin que ocupen un lugar excesivo e impidan una lectura viva y orante).. También tiene importancia la manera de anotar en mi cuaderno, siguiendo estos posibles pasos:

a. Recopilar sólo aquellos pasajes que respondan a mi tema.

b. No escribir largos “comentarios”, “micro-homilías, o rebuscadas conexiones teológicas. Destacar sencillamente aquellos aspectos del misterio de Jesucristo que me resultan atractivos o luminosos para mi búsqueda personal y apostólica (Esto es lo que hacía el P. Chevrier, poniendo un título extraído del conjunto de textos estudiados).

c. Anotar aquellas actualizaciones del Evangelio en la vida de la Iglesia o de la gente que guarden alguna relación directa con mi tema.

d. Escribir, asimismo, aquellos puntos de conversión personal o ministerial, que puedan aparecer. Las notas que vaya tomando tienen que brotar de la contemplación del texto, especialmente de la persona de Jesús. “Brotar” quiere decir que han de ser un fruto libre y natural. No siempre encontraré materia para escribir algo que corresponda a cada uno de los aspectos encontrados en la Escritura. En ese caso, es mejor no hacerlo antes que extenderme en “literatura” vacía.

e. Hacer síntesis. No he de olvidar que el fruto de un Estudio de Evangelio largo y temático viene, normalmente al final, después de haber trabajado el conjunto. Entonces, podré hacer una síntesis en la que las luces, las llamadas y las decisiones se vayan articulando entre sí de manera complementaria, con la armonía que da el Espíritu. De esta manera, evitaremos parcialidades u obcecaciones.

f. Para terminar, no es lo menos importante, pero conviene:

* Concretar ritmos de trabajo: lugar, momentos... para realizar mi Estudio de Evangelio.

* Confrontarlo de vez en cuando con algún compañero o en el equipo, para ayudarnos a avanzar mutuamente.



ESQUEMA PARA REALIZAR UN ESTUDIO DE EVANGELIO: «LOS TRES TIEMPOS»

Hablamos aquí de “tres tiempos”, momentos o pasos que hemos de dar, de una manera u otra, en todo Estudio de Evangelio. Más que un “esquema” fijo, tratan de señalar un dinamismo, un camino por el cual nuestro trabajo sobre la Palabra puede alcanzar su finalidad. Este dinamismo es lo que queremos mostrar, para que sea asumido antes que cualquier “método” concreto que pongamos en práctica. Para esto, daremos en cada caso algunas indicaciones.

Primer tiempo, “Conocer”: «Mirarte y comprenderte»

a. Es el tiempo de la inteligencia creyente.
b. Prepararse interior y exteriormente, encontrar el momento y las condiciones favorables.
c. Reavivar nuestra fe y nuestra obediencia a la Palabra de Dios.
d. Leer el texto, volver a copiar los versículos.
e. Situar el pasaje en el contexto y en el conjunto del Mensaje Cristiano con ayuda de las notas exegéticas.
f. Preguntarse:
* ¿Qué es lo que me enseña de Jesucristo y del Misterio de Dios?
* ¿Qué me impacta en la inteligencia y en el corazón?
* ¿Qué otros pasajes del Evangelio me hacen captar mejor la plenitud de la Palabra? ¿Qué rostros humanos, qué pobres, qué acontecimientos del mundo y de la Iglesia me ayudan a comprender mejor? ¿Qué significado se desprende de todo ello?
g. Podemos hacer una pequeña síntesis de lo que hemos encontrado (como elementos del propio catecismo, que diría el P. Chevrier), como si tuviéramos que darlo a conocer a otros.

Segundo tiempo, “Contemplar/Amar”: «Que yo te conozca y te ame»

a. Es el tiempo de la oración y del amor gratuito.
b. Contemplar lo que recibo: descubrimientos, nuevo sentido... Cada uno acoge lo que le impacta. Puede ser el puesto de Jesucristo en su vida, en la historia; la convicción de su pertenencia a Cristo; tal signo de libertad, de fe, de esperanza, de caridad entre los hombres...
c. Es el secreto del discípulo que se deja instruir y recrear por el amor.
d. Dejar surgir las llamadas para mi vida. Darme cuenta de lo que se va quedando en mí.

Tercer tiempo, “Seguir/Actuar”: «Poner en práctica»

a. Es el tiempo de la voluntad y de la conversión.
b. Cada uno acoge las convicciones de fe, las luces, las llamadas, las orientaciones para
configurar mejor su propia vida con la de Cristo.
c. “Seguirle” por este camino o aquel camino (proponernos algunas acciones que, aunque sean pequeñas, puedan ser significativas de los cambios de fondo y de actitud; algunos elementos para un pequeño reglamento de vida).
d. Dar a conocer a los demás, a los pobres, aquellos dones que gratuitamente hemos recibido de ellos.

ESQUEMA PARA HACER UNA SÍNTESIS DEL
ESTUDIO DE EVANGELIO

1. Qué es una síntesis

a. No es... un resumen, ni un estudio sistemático. La síntesis viva y verdadera de la Escritura es Jesucristo: «Él es el centro hacia el cual todo debe converger» (VD 104).

b. Todo Estudio de Evangelio tiende hacia el conocimiento personal de Jesucristo (ser discípulo) y a su transmisión viva a los demás (ser apóstol).

c. En cada Estudio de Evangelio puede emerger alguna afirmación de fe, alguna convicción profunda, que ha de ser acogida y encontrar los medios para que se desarrolle y estructure. No basta con recibir la Palabra sino que hemos de “ponerla en la práctica” (Mt 7,24; Lc 11,28).

2. Cómo realizar la síntesis

Veamos un Ejemplo:

El P. Chevrier ha estudiado la pobreza de Jesucristo. Fue sacando diversos «resúmenes» de las citas encontradas en la Escritura (VD 4407-409). Pero no se quedó en ello, sino que se dejó enseñar por el Espíritu de Dios y llegó a afirmaciones de fe, sobre las que basará su conversión y sus acciones posteriores. Así, en este caso:

“Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío” (Jn 17,10) (VD 288).
«Jesucristo ha hecho todo esto por amor hacia la pobreza, por obediencia a su Padre y por amor a nosotros» (VD 407).

A partir de estas intuiciones mira Chevrier la realidad que le rodea y saca sus consecuencias prácticas, «las siete reglas de la pobreza» (VD 413)

En concreto:

Releer el Estudio de Evangelio realizado y, después de haber orado y meditado mucho, dejar que la luz emerja por sí sola en nuestro interior.

* ¿Qué convicciones de fe se me proponen? ¿Qué rasgos de Jesucristo?

* ¿Qué llamadas escucho para que se encarnen en mi vida, y para transmitirlas a los demás?

* ¿Qué decisiones habría que tomar?

Actualización martes, 27 mayo 2008 a las 23:21:51
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