Encarni quiere coger las estrellas con la mano
"ENCARNI QUIERE COGER LAS
ESTRELLAS"
O
"La niña gitana a quien le
tiran la chabola"

Del cuaderno de vida de Manolo Barco

"Mientras estaban en Belén le llegó a María el tiempo del parto, y dio a luz a su hijo primogénito, o envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada". (Luc 2, 6-7)


Eran las 10:20. Al llegar me encuen-tro con cinco coches de la policía nacional y dos de la policía urbana. María Rosa es-taba allí viendo como desaloja-ban las chabolas y las furgone-tas que, hasta ese momento, les habían servido de alojo a tres familias. María Rosa me explica la situación...

- "Fíjate, Manolo, tantos po-licías -y encima los "especia-les"- para desalojar a estas personas....".

- "Los pobres infunden miedo a los fuertes...." - dije yo..

- "Me he dejado el bolso en la furgo-neta de Mª Ángeles... Voy a buscar-lo..." - me dice Mª Rosa.

Me acerqué con ella y saludé a María, a Tomás, a Mª Ángeles, a Yolan-da.... Los chavales an-daban sacando las cosas de las chabolas...

Los niños se acercaban por allí... Al llegar Encarni, una niña pequeña de Tomás y María, María Rosa me dijo:

- "Mira, Encarni anoche quería coger las estrellas...."

Encarni se hizo querer... y María Rosa continuó:

- "Pero no podías, ¿verdad Encar-ni....?"

Encarni, que estaba mimando a un muñeco más sucio y despeinado que ella, sonrió y afirmó moviendo su cabecita de arriba a abajo....

Y yo pensé:

- "Es todo un símbolo.... Encarni quiere coger las estrellas y le resulta imposi-ble...¡Claro!... Sus padres, María y Tomás, quieren un techo para sus hijos y.... eso parece más imposi-ble aún que abrazar a una estrella. Un piso, un lugar donde meter a Encarni y a sus siete hermanos más...."

Tú, Encarni, has crecido a la luz de la luna, de las estrellas y del sol. Tú, Encarni, enamorada de la luna y las estrellas, del sol y la lluvia.... no los puedes acaparar... Son para todos, para tí y para mí. Para tus papás y para tus hermanos, para los gitanos y los payos.... Tú, Encarni, no puedes coger las estrellas... ¿Sabes? Las ves pequeñas, como las chispas que salen de esa hoguera tan familiar para tí en una noche de invierno o de verano... Y no las puedes coger porque están muy altas y porque además ..... -claro, todavía no lo has estudiado. '¿Tendrás la posibili-dad de estudiarlo algún día?'.. -No has estudiado que -esas estrellas que tú ves y de las que te has enamorado y expresas tu enamoramiento con una son-risa, esas estrellas, Encarni, están muy lejos y además son tan grandes....- Y a tí, Encarni, esa imposibilidad no te produjo ninguna frustración insupe-rable... Tu imposibili-dad la expresaste también con esa sonrisa de niña pobre y marginada que nos invitaba a comerte a besos.

Pero es curioso, Encarni, tus papás también aspiran a ver un rayo de luz, como si fuera una estrella, y sin em-bargo tampoco lo consiguen... Su rayo de luz esta mañana, en ese momento en que tú me expresabas tu aspiración estelar, era conseguir un hueco en este Madrid puñetero donde cobijaros a tí y a tus hermanos... Pero mira, Encarni, el rayo de luz, la estrella que aspiran a coger tus papás, no es la estrella aspirada por tí. Tus papás aspiran a una estrella que la mayoría de los hombres tenemos, y sin embargo....., tan difícil es para tus papás conseguir sus justas aspiracio-nes, como para tí conse-guir la tuya.... Encarni, así es la vida... Encarni, así hacemos la vida... Encarni, así es el planeta en el que tú has sido arrojada....

Mientras tanto, Encarni, y durante todo el día, he ido intentando entrar en el corazón de tus papás, en el cora-zón de Yolanda y de María Ángeles, en el corazón de...., en el corazón de todos tus hermanos y vecinos.... Mien-tras tanto, Encarni, he intentado ha-cerme cargo de los gritos de tus papás, de Yolanda y de María Ángeles aspirando una estrella, aspirando una luz, aspi-rando un rayo de sol que les iluminase esta situación..... y.... Y yo, Encar-ni, aunque tú aún no sepas lo que es eso, yo he rezado....:

"Por la entrañable misericordia de nuestro Dios nos visitará el Sol que nace de lo alto...."

Y al verte con ese muñeco al que tu cuidabas lo mismo que tus pobres padres te cuidan a tí, yo he revivido:

"Tu eres el Lucero de la maña-na...."

.....Pero, me quedaba "aquí y así" paralizado, sin saber seguir, sin ter-minar de entender que esa promesa fuera cumplida en tí y en los tuyos, en los tuyos y en tí para los que, de manera especial fue pronunciada tal prome-sa...

Tu estrella, Encarni, es muy difí-cil coger.... Pero en tus sueños -tan realidad para tí como la vida misma para tus papás- tal vez algún día la cojas; no para apropiártela, sino para gozar de ella con los demás.. O tal vez, renunciarás a cogerla, a poseerla porque entenderás que la naturaleza no es para apropiársela unos pocos, sino para acogerla como un dón, como un regalo. Entenderás que está puesta para que gocen otros niños como tú, todos los niños como tú, y, sobre todo, los niños que, como tú, tenéis por techo el firmamento y por bombillas las es-trellas del mismo....

Pero la estrella de tus papás, siendo más posible de conseguir que la tuya -para la mayoría de los mortales-, esa estrella.... tal vez le sea imposi-ble conseguirla a ellos ...

Encarni, después de estar contigo y con María Rosa, estuve con tu papá. Es Tomás, ¿verdad?. Tu papá tenía el ceño fruncido, expresión de su preocupación, disgusto e imposibili-dad... Su ceño era un grito exhalado en el silencio, era gemido de pobre.... El grito de tu papá me trasladó al grito de tantos y tantos que, como a tu papá, se les desgarra el corazón porque no tienen un trozo de pan para llevar a la boca de sus hijos, como tú, o porque no tienen un techo donde cobijar a sus ocho chi-quillos las noches del invierno madri-leño.... Eso, Encarni, debe de ser muy duro... El grito silencioso de tu papá puso altavoz al grito que hace muchos siglos compuso todo un pueblo extranje-ro anclado durante siglos en un gran imperio.... Y se me venía a la cabeza y al corazón las entrañas misericor-diosas del Buen Dios:

"He bajado a Egipto y he escuchado el grito que los capataces arrancan a los hijos de mi pueblo y he decido dar respuesta a sus clamores...., por eso -dice a Moisés- ves, yo te envío a que saques a mi pueblo de la tiranía del Fa-raón..."....

Y yo, Encarni, me miraba dentro, y miraba a María Rosa y.... Y escuchaba a María Rosa que me decía:

- "Anoche teníamos E.E. y nos vinimos aquí.... a hacerlo..." -nos miramos los dos y.... comulgamos el silencio del misterio de la Encarnación.... y yo recordé algo que les había dicho: "El Estudio de Evangelio hay que hacerlo desde los pobres...".

Tu papá, Encarni, me ofreció un cigarro... Su vista no la levantaba ni del suelo ni sus alrededores... Su gesto seguía tenso y de su boca solo salían palabras como estas:

- "¡Menudo problema que tenemos..." "¡Qué vamos a hacer!".. "A veces es mejor ser malos...."

Y estas palabras me sonaban a Sal-mo:

"Persigue mi alma el enemigo,
mi vida estrella contra el suelo;
me hace morar en las tinieblas,
como los que han muerto para siempre;" (Salmo 143, 3)

Y mirando hacia la policía, me decía:

- "Fíjate todos los que han veni-do!... ¿No tendrán otra cosa que ha-cer....! No lo entiendo, dicen que les mandan, pero ... ¡Cómo pueden obedecer una cosa que es un mal para los demás! Si a mí me mandan algo que es para joder a los demás, yo no lo puedo ha-cer.... ¡Estos payos....!.... ¡Claro, llegarán a casa y tendrán la mesa pues-ta y cama cómoda para sus hijos..."

Y María, silenciosa ella, afirmaba con la cabeza.

Y yo pensé, y no se si también recé:

"¿Cómo a un ladrón habéis venido a prenderme...?"

Tu papá, Encarni, aunque no podía conseguir tampoco su estrella, "se había estrellado".

Tus papás, Encarni, y Mª Ángeles y Yolanda y ..... ¡no cabéis en Ma-drid!... Mira, desde tu ya antigua chabolita divisabas todos los días a ese monstruo de ciudad... De noche la veías iluminada, como si de un cielo raso se tratase ... Pues, mira, Encarni, en ese firmamento arti-ficial, de tantos sucedáneos de estre-llas, no cabes tú, no caben tus papás, no caben tus hermanitos, ni caben tantos y tantos.... Tu papá, en su búsqueda interior, acertaba a decir de vez en cuando: "¿Me dejarían poner la chobolita entre los de Pablo Neru-da....?" -una calle de Vallecas donde desde hace dos años o más han colocado tiendas y chabolas bastantes familias reivindicando una vivienda digna para ellos y sus hijos-.... Pero yo le veía indeci-so.... Tal vez se sospechaba que como había tanta gente allí ya...

Y yo, Encarni, lo mismo que María Rosa, me experimentaba con las manos atadas y mis silencios, cuando ya no podía animar más a tu papá, me trasla-daban a otra página de la Palabra de Dios:

"No hubo sitio para ellos en el pueblo y se fueron a cobijar en una gruta..."

Y viene tu mamá, y me habla de los papeles que aún no tienen arregla-dos.... y me cuenta donde la parió tu abuela: "En una cueva y a mis hermanos, a uno en el río y a los otros...." Y yo, Encarni -otra cosa no me quedaba- seguía medio rezando, medio gritando:

"Y dio a luz a su hijo primogénito y lo envolvió en unos trapos..."

A veces, Encarni, me daban ganas de salir corriendo. Los gritos de tus papás y los tuyos -queriendo coger las estrellas- no los podía aguantar. No eran solo los vuestros, eran los de muchos y muchos más.... y.... Pero opté por permanecer ahí junto a vosotros.... Y después de haber marchado un tiempo a hacer unas gestiones que no podían esperar, y volver de nuevo a veros, María, tu mamá, me dijo:

- "Ha vuelto Rosa..." y lo decía con esa sonrisa que solo los pobres sabéis escribir.

Y yo le dije:

- "Sí que os quieren, ¿ver-dad?... Charo también me ha llamado y me ha comentado su preocupa-ción por vosotros...."

Y a tu mamá, Encarni, se le notaba que estaba hablándole de personas cercanas y queridas....

Y yo, Encarni, me acordaba de lo que, en más de una ocasión, he dicho en algunos Ejercicios Espirituales -no importa que no sepas ahora qué eso- : "Presencia es apostar por lo irrelevan-te de la vida...." "Presencia es digni-ficar...." "Presencia es expresar la misericordia entrañable de Dios a los pobres....".

Tu estrella, Encarni, la llevas en tu corazón y es posible que no te des cuenta -porque eres muy pequeña- de la estrella que también tus papás quieren, pero que -¡oh contradic-ción!- siendo una estrella que sí que se nos ha dado para disfrutarla todos, ellos no la pueden conseguir... Y algunos dirán que "ha consegui-do lo que ha buscado", que eso es así "porque no se ha preocupa-do", que "es un desastre de padre", que "antes tenía que haberse molestado en arreglar las cosas", que "ha desaprove-chado oportuni-dades".... Pero mira Encarni, aunque tu papá fuera así -que seguro que no lo es- los que reaccionan de esta manera, ¿han intentado entrar en la histo-ria de tus papás? ¿han descubierto las razones profundas aún de su suponible culpabilidad? ¿Quien se ha preocupado de acompañar-les en su vida? Cuando iban de pueblo en pueblo trasladados por un carro -como me decía tu mamá- ¿Dónde estaban los educadores de los ambulan-tes? ¿Quienes se preocupa-ban de verdad de tu raza gitana? Lo mismo tu papá tiene algo de culpa, pero... ¿son propor-cionales sus consecuencias?...

Y yo, Encarni, solo deseaba descu-brir, y que descubrie-ran tus papás, algún signo que les anunciase la posi-bilidad de gozar de su estrella. Y aún más, yo, Encarni, deseaba que tus papás y toda su tribu, a la que tu perteneces, encontraran ese signo de su estrella y que fuera al mismo tiempo el signo de La Estrella de Verdad. Me parece que tanto Carmen, como Mª Rosa, como Charo y como yo solo queremos que tus papás puedan coger "su estrella" y que dicha estrella sea como el lucero del alba que anuncia al Sol que nace de lo Alto.

"Lo veo, aunque no para aho-ra,
lo diviso, pero no de cerca:
de Jacob avanza una estre-lla,
un cetro surge de Israel.

Aplasta las sienes de Moab,
el cráneo de todos los hijos de Set". (Num. 24, 17)

Unas veces, Encarni, estaba con tus papás, otras, con vosotros, otras..... me separaba y permanecía yo solo aco-giendo en mi interior esa realidad, cuya luz me anunciaba una misterio-sa estrella que deseaba y pedía que ilumi-nara y configurara mi corazón. Eran muchos los interrogantes que se hacía presentes en mi corazón. Eran muchos los cuestiona-mientos que se agolpaban en mi inte-rior:

"Estos payos, ¡qué malos son...!", decía tu papá. Y yo, Encarni, soy payo, y me sentía solidario de aquellos a los que tu papá denunciaba.

Y tú, Encarni, eres gitana, y te veía, y os veía, en estos momentos como los hermanos más pobres y abandonados del barrio pobre en el que estamos. Y resonaban en mi interior las expre-sio-nes de unas chiquitas de un grupo de la parroquia, pobres también, aunque no tanto como vosotros, que decían: "los gitanos son malos, son ladrones, venden droga,..". Y yo, al final, les tuve que decir que eso tal vez fuera verdad, pero que conocía a payos que eran lo mismo y que conocía gitanos y gitanas que entregaban su tiempo y sus energías a promocio-nar a algunos payos... Y les puse un hecho de Zaragoza que conozco muy bien..... Y tuve que decirles al final: "Tengo una sobrina carnal que es gitana....". Y entonces, Encarni, sentí que la sangre de mi familia corría por las venas gitanas y que la sangre gita-na se mezclaba con la sangre de mi sobrino, payo como yo. Y entonces com-prendí que vosotros sois malos y nosotros lo mismo. Que vosotros reve-láis de manera especial al Dios en el que creo y que el Dios en el que confío también actúa y se manifiesta en los payos.... Y que muchos payos, lo mismo que la mayoría de los gitanos, manifes-táis extraordinaria-mente al Siervo de Yavé. Y yo en ese momento quería acoger al Siervo encarnado en tí, Encarni -la niña que quiere coger las estrellas- y en los tuyos y en los payos y... y sobre todo en todos, payos y gitanos para los que sigue sin haber sitio para ellos en Madrid, la Villa y Corte, la Capital, la gran .... ramera, la Babilo-nia.... Y yo me sentí Babilonia, y yo me experimenté denunciado, y yo -unido a Charo, Carmen y María Rosa y otras muchas personas más- me sentí, como un intento de luz anunciando esa estrella que deseaba para tí y para los tuyos, a la que tanto aspiráis y que es el preludio de la Gran Estrella. Esa estrella, Encar-ni, que, si es para alguien, lo es para tí y para tus papás, y para tus vecini-tos de las furgonetas que estuvieron al lado de tu chabolita, y para tu amigui-ta Mª Ángeles, que al verme me dijo: "Tu eres el cura, el raquetas". Y en el momento en que recordaba el símbolo de la estrella, me vino al corazón una página más del Evangelio:

«¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?
Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorable.» (Mal. 2, 2)

"Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detu-vo encima del lugar donde estaba el niño".

"Al ver la estrella se llena-ron de inmensa alegría".


Encarni, permíteme que ahora me dirija más directamente a tu Papá. A ese Papá tuyo y mío. Ese Papá que te ha prometi-do coger y abrazar un día tu estrella, coger y abrazar a su Hijo, la Estrella y el Lucero de la Mañana. Ese Papá que hoy se ha hecho carne de mane-ra especial en el otro papá tuyo y que también está preocupado, nervioso, dolorido, triste y hasta un poco enfa-dado porque sus hijos más pequeños, sus predilectos, siguen buscando casa en este Nazaret de Madrid y los dinamis-mos estructurales no le permiten ni siquiera unos metros de tierra donde colocar sus cuatro tablas y aerolitos para construir una pobre chabola:

Padre, ahí les tienes.

Esos son tus hijos predilectos, aunque.... ¿habrán captado, en medio de su sufrimiento y deterioro, que algunos les han querido querer más allá de su raza?

Esos son tus hijos predilectos, pero ¿qué signos pueden descubrir de que de verdad lo son?

Lo curioso, Padre, es que seguro que ellos no lo han descubierto, y sin embargo ellos -tus predilectos- sí que nos lo han hecho saber a más de uno.

Padre, la realidad de estos hijos tuyos, nuestros herma-nos, nos denuncian constante-mente y nos anuncian de manera clara y contundente tu Evangelio.

Esta mañana, Padre, tus hijos, esos, los predilectos, los que sin fuerza ponen en jaque a cinco escuadras de la policía, los débiles que saben aguantar sin hundirse las investidas de esta Babilonia empedernida, los pobres que no por eso pierden el sentido de sus vidas, los deteriorados que aún conservan viva la aspiración y la espe-ranza de un nuevo amanecer, los margi-nados que consiguen hacer de su margen el centro de algunos... esos, Padre, hoy son para mí:

* Grito profético que cuestiona la calidad de mi presencia en el barrio.

* Voz que clama poniendo al descu-bierto mi pobre y débil opción por la justicia y los pobres, como el mejor instrumento de Evangelización.

* Palabra de vida que revuelve mis entrañas acomodadas en compromisos hablados, escritos y predicados, pero no tanto hechos vida.

* Clamor del pueblo que busca libe-ración en las estructu-ras y proyectos democráti-cos.

* Estrella dibujada en el rostro de Encarni como promesa mesiánica siempre que no la desligue de la cara que la originó.

* Expresión del Siervo que orienta mi vida y ministerio hacia lo nuclear de la misión.

* Gemido del Hijo que, haciéndose carne de esclavo y de rebelde, me invitan a dar un paso más en ese tomar carne entre los míos.

Padre, ahí están.

Padre, una vez más he experimentado la limitación e impotencia al descubrir su impotencia y limitación.

Padre, "reúne en torno a tí a todos tus hijos dispersos por el mundo".

Padre, ...... ¡qué sé yo....!

Encarni, sé que no me puedes enten-der nada de lo que te digo, solamente entenderías el cariño con el que te lo expreso, aunque, pensándolo bien, tal vez ésta sea una carta que Alguien me ha dictado a mi oído para que la reciba yo mismo....

Encarni, un beso muy fuerte.... Que sigas aspirando a coger las estrellas con la mano ...


Mano-lo Barco
PALOMERAS (VK) FEBRERO 1.992

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