Aqui tienes hechos leidos desde la Palabra de Dios. Espero te ayuden.

HECHOS DE VIDA EN EL MUNDO OBRERO

 

 

Muchas son las cosas que se le arrebatan a los pobres, muchas son las cosas se le roban a los empobrecidos, hoy sigue siendo verdad, como nos dice Amós, que "venden al inocente por dinero y al pobre por un par de sandalias" (Am 2, 6). Pero lo que nada ni nadie le puede arrebatar es que el Espíritu habite en ellos. Lo que nada ni nadie le puede arrebatar es que el Espíritu los configure y trabaje sus corazones, dinamice sus vidas, les con-forme como un colectivo de "resistencia" ante tanto ataque como reciben, aliente su esperanza aún habiendo sido hechos presas de la tentación de la desesperanza, y que les haga seguir viviendo con sentido la vida, pese a llegar a exclamar no pocas veces "sólo sabemos sufrir", "uno ya no sabe qué hacer ante tanta cruz".

 

Rosana es una joven madre soltera. Mi encuentro con ella se produjo porque se acercó un día al grupo de acogida de la "asociación de parados". Fernando, un parado de larga duración, le atendió. Nadie mejor que él podía entenderla. En un momento de la conversación, a Rosana se le saltaron las lágrimas, su desolación provocó un ambiente casi-religioso en los que estábamos con ella. Miró para Fernando y, como si Fernando adivinase su interior, le dijo: "¿Hasta donde ha llegado tu angustia?". Rosana volvió a mirarlo con los ojos rojos y empapados de lágrimas y le pudimos escuchar: "hasta lo peor que se puede hacer en este mundo". Hizo una pausa, la vergüenza no le dejaba decir lo que en algún momento no muy lejano había decidido. Pero por fin continuó: "Hasta arrojarme por la ventana". Entonces miró a su hija de cuatro años a quien había sentado junto a ella; la besó y la acarició al tiempo que le decía: "pero tú fuiste quien me dio fuerzas...". Volvió a mirarnos y dijo: "Es lo más bonito que tengo en mi vida y l

o que más quiero. Es lo que tengo". La niña se abrazó al cuello de su madre y la besó. El cariño, el amor, la ternura, la entrega de Rosana a su hija, le habían hecho volver a apostar por la vida. La hija de Rosana estaba encarnando, para más de uno de los que estábamos allí, la fuerza del amor, la fuerza del Espíritu. Elena, la hija de Rosana, estaba encarnando al Espíritu como padre-madre amoroso de su misma madre pobre. Hay cosas muy grandes que el instinto maternal reflejan. Hay "cosas" muy pequeñas -como Elena- que simbolizan y expresan la presencia de la vida, del amor, del Espíritu en medio de los pobres. Fernando le dijo: "Esa misma tentación también la he tenido yo". Es el Espíritu quien a los mismos pobres y empobrecidos les hace vivir lo que todos después cantamos como experiencia religiosa: "los pobres siempre esperan el amanecer de un mundo más justo y sin opresión".

 

 

b) + Cuando el Espíritu habita los colectivos empobrecidos y excluidos

"Porque así dice el Altísimo, el que vive para siempre, cuyo nombre es "santo": habito en un lugar alto y sagrado, pero también estoy con el contrito y el humilde para confortar el espíritu de los humildes, para confortar el corazón de los contritos". (Is 57,15)  "Así dice el Señor a estos huesos: os voy a infundir espíritu para que viváis. Os recubriré de tendones, haré crecer sobre vosotros la carne, os cubriré de piel, os infundiré espíritu y viviréis, y sabréis que yo soy el Señor. Entonces él me dijo: profetiza, hijo de hombre, y di al espíritu: esto dice el Señor: ven de los cuatro vientos y sopla sobre estos muertos para que vivan. Profeticé como el Señor me había mandado, y el espíritu penetró en ellos, revivieron y se pusieron en pie. Era una inmensa muchedumbre". (Ez 37, 5-6.9-10)

 

Uno de los colectivos más empobrecidos en estos momentos históricos es el colectivo de los que sufren la lacra y el drama del desempleo y de la precariedad en el trabajo con las consecuencias humanas, familiares, sociales y económicas que lleva consigo. «Los años de desarrollo primero, el impacto de las nuevas tecnologías después, la mundialización de la economía, y, por último, la crisis y las estrategias de salida de la crisis basadas en la flexibilización del mercado de trabajo impuestas por el capital, han provocado en el mundo del trabajo transformaciones profundas, una creciente fragmentación y heterogeneidad, una pérdida importante de la conciencia obrera y, en importantes sectores del mundo obrero, un progresivo empobrecimiento, que llega hasta, lo que se denomina hoy "exclusión social"». (PO  p 13) « Cuando el trabajo y sus condiciones se ven profundamente deteriorados, como ocurre en estos momentos, toda la vida personal, familiar y social se ve afectada negativamente. Y Juan Pablo II nos lo ha dich

o con claridad: «el trabajo... ocupa el centro mismo de la cuestión social» y «es una clave, quizás la clave esencial, de toda la cuestión social» (GS 38. LE 3)». (PO p 22)

 

Este es un colectivo al que el sistema lo ha excluido del mundo laboral y al que lo ha empobrecido realmente.  «Es necesario denunciar la existencia de unos mecanismos económicos, financieros y sociales, los cuales, aunque manejados por la voluntad de los hombres, funcionan de modo casi automático, haciendo más rígida las situaciones de riqueza de los unos y de pobreza de los otros. .. Es necesario someter en el futuro estos mecanismos a un análisis atento bajo el aspecto ético-moral» (SRS 16). Aquí está la raíz de las situaciones de explotación, de pobreza y de creciente exclusión social que existen dentro del mundo obrero». (PO p 14)

 

Todos sabemos que el drama del desempleo genera después otros tipos de pobrezas, sobre todo en aquellos desempleados de larga duración. Familias que no tienen los mínimos recursos para mantenerse dignamente; parejas que a causa de esta lacra entran en procesos de crisis; hijos con un fracaso escolar grande, con problemas de relación, con problemas psicológicos; jóvenes que no pueden hacer el mínimo proyecto humano de futuro; personas con depresiones, con un gran sentimiento de inutilidad y frustración; un colectivo en el que se ha sembrado la desconfianza respecto a las instituciones y organizaciones sociales, políticas, sindicales y hasta religiosas. «De este modo, la Doctrina Social de la Iglesia, reconoce el sentimiento que hay en el mundo obrero de cómo en extensas capas de su seno se va instalando el sufrimiento y la marginación social. La regulación, que, legalmente o al margen de la ley, se está imponiendo a muchos trabajadores es, en múltiples ocasiones, incompatible con la dignidad de la persona humana y con el respeto a los derechos humanos. Todo ello va creando una situación social en la que, si bien no se puede identificar el mundo obrero con los pobres, éstos sí son una parte muy importante del mundo obrero y tienen una estrecha relación con él. El Papa nos lo ha dicho con toda claridad y contundencia: «Los pobres... aparecen en muchos casos como resultado de la violación del trabajo humano; bien sea porque se limitan las posibilidades del trabajo -es decir, por la plaga del desempleo-, bien porque se desprecian el trabajo y los derechos que fluyen del mismo, especialmente el derecho al justo salario, a la seguridad de la persona del trabajador y de su familia» (LE 8).» (PO  p 15)

 

Acompaño desde hace bastantes años a un colectivo de parados en una zona del barrio de Vallecas donde vivo y dentro del territorio parroquial en el que soy uno de los sacerdotes. El barrio de Vallecas tiene en estos momentos un índice de parados del 25,7%. Y en la zona en la que estoy calculamos que el índice de paro está alrededor del 35 ó 40%. Es una zona de remodelación donde han traslado cerca de tres mil familias. Son muchos y muy graves los gritos que día a día escucho de mi gente. Es una zona realmente empobrecida y vertebrada por la exclusión. La mayoría no tiene cualificación laboral, son personas muy sencillas; algunos no saben leer ni escribir; hace un año, después de un proceso de formación con ellos, once accedieron al graduado escolar. Junto a los problemas económicos graves, están las depresiones, el fracaso escolar de los hijos, los problemas de pareja, de alcoholismo... Algunos están tocados por el sida.... Los encuentros que tenemos todas las semanas en el colectivo de parados se convierten,

no pocas veces en compartir esos gritos, quejidos y lamentos, al mismo tiempo que organizamos acciones, buscamos como concientizar al resto del barrio, lo invitamos a participar en las luchas que a nivel zona y de todo Madrid se están llevando a cabo, trabajamos para que los mismos parados sean cada vez más protagonistas de sus vidas y acción, llevamos un proceso educativo-evangelizador y, de vez en cuando, cuando nos llega algún trabajo, entre todos discernimos para quien debe ser según unos criterios que nos dimos en asamblea. Este colectivo va haciendo un proceso lento. A veces descubrimos más las sombras que la luz del Espíritu en él. Pero cuando nos paramos a pensar y orar sobre la vida de este colectivo y descubrimos su resistencia en medio de tanta precariedad, su permanencia a pesar de que los mínimos vitales la mayoría no los tiene cubiertos, su participación en la lucha para aportar su grano de arena al proceso liberador y reivindicativo de los parados a pesar de estar tan castigados y de la tentación de la desesperanza rondándole el corazón, su apuesta por los demás aún a pesar de tantos y tantos problemas que les encadenan el corazón y hasta el espíritu.. ¿¡cómo no nos vamos a encontrar con la presencia del Espíritu en el corazón mismo de sus sombras!? Es ahí, en la vida de estos hermanos y colectivo donde me siento invitado a dar gloria al Señor y a reconocer palabra de Dios y acción su Espíritu: "Porque así dice el Altísimo, el que vive para siempre, cuyo nombre es "santo": habito en un lugar alto y sagrado, pero también estoy con el contrito y el humilde para confortar el espíritu de los humildes, para confortar el corazón de los contritos". (Is 57,15)

 

Hace pocos días, estando reunidos en asamblea con este colectivo de parados, alguien informa de una oferta de trabajo para las mujeres. Un trabajo que iba a sacar de pocos apuros, pero que "lo poco" para este colectivo es más de lo que uno con trabajo fijo se imagina. Para ver quien iba a coger ese trabajo, hicimos un sencillo discernimiento. Alguien recordó los criterios que nos habíamos dado: - El que entienda del trabajo que se ofrece. - El que más lo necesite, aunque haya llegado el último. Y, una vez que se cumplieran estos dos requisitos-: - Tendrán prioridad los que más comprometidos estén con los demás trabajando en la asociación. El trabajo que se ofrecía lo podían hacer bastantes de las mujeres, pues entendían de ello. Para ver quien lo necesitaba más, cada una fue diciendo en la situación en la que estaba tanto a nivel personal como familiar... No era fácil, pues las situaciones de cada una eran muy parecidas en cuanto a la precariedad. Maribel y su marido Antonio destacaron por su gran generosidad

señalando a Rosi como la persona para quien debería ser el trabajo. Los dos están enfermos, con una enfermedad crónica que les va deteriorando día a día y no tardando mucho, pueden quedar inútiles para cualquier trabajo. Son un matrimonio joven y con dos hijas. Es verdad que la mayoría de los presentes pensaron que también Rosi. Pero Antonio y Maribel inclinaron más aún la balanza. Más de uno nos dimos cuenta de la finura y generosidad de este matrimonio, de su gran humanidad y de su capacidad para meterse en el pellejo de los otros. Más de uno que participamos en el Equipo Parroquial de Pastoral Obrera leímos después este gesto desde la fe descubriendo el paso de Dios y la presencia del Espíritu en este pobre, pero gran matrimonio, que es capaz de no reivindicar para sí algo que, tal vez, objetivamente, le correspondiese, por lo menos al mismo nivel que a la persona más necesitada a quien se le asignó dicho trabajo. «Así dice el Señor a estos huesos: os voy a infundir espíritu para que viváis. Os recubriré d

e tendones, haré crecer sobre vosotros la carne, os cubriré de piel, os infundiré espíritu y viviréis, y sabréis que yo soy el Señor"». (Ez 37, 5-6)

A Antonio y Maribel la enfermedad tal vez -ojalá no fuera así- le va minando la carne y los huesos, la piel y hasta los nervios, pero el Espíritu les va dando vida y estamos colaborando para que cada día sean más conscientes de que "Dios es Dios" y que Espíritu del Señor habita en ellos.

 

(1) Cuando el Espíritu actúa en la debilidad

 

            José Luis llevaba muchísimo tiempo en el paro. Había engrosado las listas de "Parados de larga duración". Conoce lo que es la depresión, el tener que pedir para poder dar de comer a sus cinco hijos, el vagar sin rumbo por las calles o el pasarse días enteros sin pisar la acera. Hace unos días encontró un trabajo precario en la construcción. De su alegría participamos todos, como lo solemos hacer cuando a alguien le sucede lo mismo. Estuvo trabajando mes y medio. Desde entonces, los días que podía asistir, solía llegar tarde a las reuniones del colectivo. Hace unos días nos sorprendió porque llegó muy pronto. Los ojos de todos se clavaron en él expresando interrogantes y temiéndonos lo peor. Tardamos en reaccionar... "¿Qué tal el trabajo?" "Cómo has salido hoy tan pronto?"... Nadie se atrevía a formularle la pregunta cuya respuesta nos temíamos.... "Ya no tengo trabajo... me han despedido... bueno, me he tenido que marchar...". Dejamos la preparación de un acto que estábamos organizando contra el paro en la

zona y todos les prestamos la máxima atención. "Los últimos quince días han sido horribles. Nos obligaban a echar muchas horas y a ir a trabajar los sábados. Yo le dije al encargado que no estaba de acuerdo, que mientras unos echábamos tantas horas, otros están en paro desde hace tiempo, que eso era una injusticia... Me trasladaron de lugar, a una zona que, para que lo entendáis, me obligaban a hacer trabajos muy duros, moviendo mucho peso y sin los mínimos medios... No tenía ni agua para lavarme... Al final... ya veis...". «Yo, en cambio, estoy lleno de fuerza, de espíritu del Señor, de justicia y de valor, para echar en cara a Jacob su crimen y a Israel su pecado.» (Miq 3,8) Todos nos quedamos en silencio. Unos y otros nos cruzábamos las miradas... No era difícil descubrir la opción por la justicia y fraternidad que de manera sencilla José Luis nos regalaba, convirtiéndola en denuncia. Al margen de si, en situaciones así y en las circunstancias que él está, hubiera sido mejor callarse, ir creando conciencia

en sus compañeros y no tener que haber denunciado él solo esa situación de injusticia, lo que sí aparecía muy claro para todos era esa sensibilidad y opción por la justicia, ese "grito" reivindicando su dignidad de persona y la de tantos y tantos empobrecidos. Lo que más de uno descubrimos, y después comentaríamos con unas expresiones u otras, era el paso de la acción del Espíritu trabajando el corazón de este hermano, gritando y haciendo verdad la justicia, la reivindicación de la dignidad humana y la fraternidad de los pobres. En José Luis se hacía verdad que si "los pobres siempre esperan el amanecer de un día justo y sin opresión" no lo hacen con los brazos caídos, sino poniendo en juego cosas muy importantes. «Derramaré agua sobre el sediento suelo, arroyos en la tierra ardiente; derramaré mi espíritu sobre tu estirpe, mi bendición sobre tu descendencia». (Is 44, 3)

(2) la llamada del Espíritu a comprometerse optando por la justicia y a suscitar personas comprometidas

 

Estos son para mí algunos de los espacios sagrados más privilegiados desde donde oro, me encuentro con Dios, descubro las huellas de su Espíritu. Desde aquí celebro la Eucaristía y la Eucaristía me reenvía de nuevo a ellos. En ellos recibí la llamada del Espíritu a comprometerme con su causa y con ellos y otros hermanos y hermanas del Equipo Parroquial de Pastoral Obrera intentamos progresar en ese compromiso al tiempo que intentamos que otros, pobres como ellos, descubran la alegría y sentido de la vida que supone el amor, la entrega y la solidaridad para colaborar juntos en la transformación de este mundo en Reino Dios. La llamada a la que estamos intentando responder es a abrir procesos educatiavo-evangelizadores. Procesos que partan de la vida y situaciones reales, de sus búsquedas y aspiraciones, de sus precariedad y necesidades más profundas y de la vida, búsquedas, aspiraciones y necesidades de los que están como ellos, en la misma o parecida situación. Por eso, despertar la conciencia colectiva y soci

al a partir de lo que vivimos, nos parece fundamental en dicho proceso. Es fundamental de cara a la acción, fundamental de cara a la promoción, fundamental de cara a ir rehaciendo unas vidas tan machacadas, fundamental de cara a la comprensión y vivencia del compromiso y de la opción por la justicia compartida con otras organizaciones populares,  fundamental para la comprensión y la experiencia de la fe. Procesos en los que juega un papel muy importante la acción transformadora y la reflexión a partir de dicha acción y de las propias vidas, englobándolas dentro del mundo al que pertenecen y pertenecemos o por el que hemos optado. Es en ese proceso donde nos ayudamos a resituar lo que vivimos desde el proyecto de Reino, que siempre, de manera más o menos explícita, aparece.

 

            Este ha sido ese paso más que os quería comentar: "El optar realmente porque los hermanos lleguen a conocer a JC sin complejos, pero desde la verdad de la vida y del testimonio, y éste explicitado con todas las precauciones pedagógicas que nos dicte el sentido común evangélico.

 

Manolo Barco