"Grita, liberdad encadenadA"

"GRITA, LIBERTAD ENCADENADA"
O
"JONATÁN, EL AMIGO DEL PEQUEÑO DAVID"

Del Cuader de Vida de Manolo Barco


"Librará al pobre que suplica,
al humilde que no tiene defensor;
tendrá piedad del pobre desvalido
y salvará la vida de los pobres
los librará de la violencia y la opresión,
pues sus vidas valen mucho para él" (Sal. 72, 12-14)




Llegaba con el tiempo justo para celebrar la Eucaris-tía del domingo en la parroquia. Mi trabajo en la Delega-ción de Pastoral Obrera y mi despiste, me habían hecho olvidar que había citado a unas amigas de la I.T. de Málaga para concretar un cursillo y unos ejercicios Espirituales para el próximo curso.

Lógicamente, al llegar a la parroquia, me estaban esperando. Me disculpé, les pedí perdón y ni siquiera me atreví a preguntarle cuanto tiempo llevaban esperando.

Me senté con ellas a preparar los encuentros, mientras llegaba la hora de la Eucaristía.

A los cinco minutos, abren la puerta y aparecen dos niños vestidos de 1ª comunión -pero de manera muy senci-lla. Después me enteraría que eran trajes prestados-. Me sorprendieron, aunque mi compañero me había avisado a las nueve de la mañana por teléfono:

-"Tendrás dos primeras comuniones esta mañana... He pensado que debería avisarte porque me imaginaba cómo te iba a sentar el ver a dos niños de primera comunión hoy en la Eucaristía....."

Yo le dije que a qué venían ahora esas comuniones, a lo que él me contestó:

-"No sé nada. Nadie sabe nada. Las catequistas con las que he hablado, no saben nada. Son dos chavales hermanos -un chico y una chica-, huérfanos de padre. Su madre está en la cárcel sin querer saber nada de ellos. La abuela se ha hecho cargo de los once nietos y ellos deben estar en un colegio -internos- en Tielmes (un pueblo de Madrid). Ayer sábado acudieron a confesarse. Yo les confesé. ¿Qué iba a hacer sino....?

Yo le contesté:

- "Esto es un desastre...."

No era la primera vez que este año nos pasaban cosas parecidas. Recuerdo que, entre enfadado y vencido, le dije:

- "En fin, no vamos a dejar a los niños al margen... Si las cosas están así... Por lo que dices, demasiado tienen ya esos niños.. Además, no es culpa suya...."

En ese momento yo no me di cuenta de que conocía de antemano la problemática de esos niños.

Al salir los niños del lugar donde me encontraba con mis amigas, una vez que les había dicho -reprimiendo mi desconcierto- que marcharan a la iglesia y que quería hablar con su abuela, entró Chelo, una catequista, que los había visto por la calle dirigirse a la iglesia. Venía muy enfadada:

- "Y ésto, ¿qué es? ¿Tú sabías algo"- me preguntó.

- "Pues no" -le contesté.

Y Chelo continuó:

- "No sé qué pintamos las catequistas"

Y yo, sonriendo, le dije:

- "Ni los curas..."

Los dos comulgamos la impotencia.

Antes de salir a celebrar la Eucaristía, la abuela me esperaba en la sacristía. Mi enfado y hasta una cierta cólera se debían reflejar muy bien en mi rostro, pues la abuela se sentó, me miró y se quedo como resignada esperando mi bronca.

Por mi interior pasaban ideas y sentimientos muy contradicto-rios. Viví -en breves momentos- uno de esos diálogos conmigo mismo, que le dejan a uno sin saber qué hacer ni cómo reaccionar:

- "Ahora tienes la posibilidad, una vez más, de sentar en la cabecera de la mesa de la Eucaristía a los más pobres..."."Que comulguen si quieren, pero yo no les voy a hacer ni la más mínima excepción".

Pero enseguida me volvían a venir al corazón esos niños cuyo padre había muerto y cuya madre estaba en la cárcel sin preocu-parse de ellos. Y me decía:

"Jonatán y Libertad no tienen la culpa de nada de ésto".

Y escuchaba en mi interior:

"Dejad que los niños se acerquen a mí y no se lo impidáis...."

Pero enseguida me volvían a mi cabeza otras ideas:

"Esto es un desastre... Así nadie hace carrera de nada de la parroquia".

Por fin le dije a la abuela:

- "Pero mujer, cómo los traes sin avisar? ¿No entiendes que ésto no puede ser?, que si todos hacemos lo mismo, la parroquia es un desastre...?. Por el bien de los niños, ¿no crees que hubiera sido mejor que hubieran hecho la comunión con todos los demás?"

Y aquella pobre abuela, aunque "con muchas tablas en la vida" -y que sólo los pobres son capaces de tenerlas a causa de cómo les trata la misma- no hacía más que darme la razón:

- "Tiene razón. Pero es que no le han dado las vacaciones hasta hace cuatro días..."

Yo intenté hacerle comprender que a pesar de todo, ella podía haber hablado con nosotros hacía tiempo y así lo hubiéramos organizado mejor... Pero llegó un momento en que me di por vencido. Sobre todo cuando me dijo:

- "Pues tengo otra nieta que también quiero que haga la comunión el próximo año.... "

Y sin dejarla terminar le dije:

- "Pero, por favor, no nos hagas esto más...."

Por fin terminé diciéndole:

- "Mira, accedemos a ésto por los niños, si no fuera por ellos..."

Y en ese momento, ya vencido del todo, empecé a reírme de mí mismo interiormen-te y a decirme:

"Pero Manolo, no te das cuenta de que tú abordas a esta mujer desde esquemas pastorales y planteamientos que esta mujer no entiende? Tú vas a ella con criterios organizativos, pastorales, con purismos y con lo que te parecen a ti "normalidades" para las situaciones "normales". Tú vas con tus esquemas y herido porque esta mujer no entre por donde tú quieres. Y aquí tienes a una abuela, haciendo de padre y de madre de once nietos, que sus preocupaciones más primarias son el poder darles de comer y educarlos según pueda y que pretende que -también en lo religioso- sus nietos sean como los demás, haciendo la comunión.... Además, ¿no eres tú de los que dices que del Puente de Vallecas para acá no es fácil aplicar ni siquiera el Derecho Canónico? Pues ¡cuanto menos tus criterios...!"

Al salir a celebrar vi a una chiquita de unos 15 años que fijaba sus ojos en mí y me sonreía como si me conociera. Era Pili. La reconocí. Había hablado un día conmigo en la parroquia durante mucho tiempo. Andaba buscando cómo conseguir comida y me había hablado de la situación de su familia. Fue en este momento en el que reconocí a Jonatán y a Libertad como miembros de esa familia: Once hermanos, recogidos por la abuela, internos en un colegio de un pueblo, sin padre y su madre.... "anda por ahí", me había dicho la chiquita. Yo le sonreí. Me había dado la clave para situar a Jonatán, a Libertad y a la abuela...

Jonatán y Libertad andaban por la Iglesia como perdidos, sin saber dónde colocarse. Los llamé y los situé el uno a mi izquierda y la otra a mi derecha en la sede, junto a la Mesa. Aquél era su sitio. Al comenzar les invité a que se presentaran ante toda la asamblea. Por lo visto, alguna catequista que participaba en al Eucaristía -aunque los niños no habían ido a la catequesis a la parroquia- los reconocieron.

A Carmen -una buena amiga de la Institución Teresiana- según iban hablando los niños, se le iban iluminando los ojos.

Yo tuve que cambiar la homilía que tenía preparada y la hice dialogando con Jonatán y Libertad. Jonatán enseguida contestaba y entraba en el diálogo. Libertad a penas podía articular palabra. Se le veía muy tímida. Pero su hermano le decía por lo bajo:

- "Di a Manolo lo que le contaste a Sor Antonia en el colegio..."

Libertad no soltaba palabra.

Aquellos niños iban entrando en el corazón de toda la comunidad. El punto álgido fue cuando invité a toda la comunidad a participar en la oración de los fieles. Jonatán, como si tuviera preparado lo que iba a decir -pues no dejó ni unos segundos de silencio- me miró como diciéndome algo. Yo le hice un gesto con la cabeza. Jonatán lo comprendió y enseguida nos ayudó a rezar:

- "Pido por los niños que están abandonados...."

- "Pido por los niños pobres, para que tengan qué comer..."

- "Pido por los niños, para que tengan una casa y sean acogidos..."

La oración de Jonatán, y el estilo con el que rezaba, creó un silencio que cortaba el ambiente.... Me consta que algunos miembros de la asamblea, que estaban al tanto de la situación de esos niños, tuvieron que reprimir las lágrimas.

Jonatán nos estaba hablando y le estaba presentando al Padre a los niños como él, a sus hermanitos.... Nos estaba ayudando a rezar a la comunidad teniendo como privilegiados a los más pobres y débiles. La oración de Jonatán sabía a salmo rezado por los pobres de Yavé:

"Señor, Dios, levántate. Alza tu mano,
no te olvides de los humildes.
..................
tu ves la pena y la aflicción
y los tomas en tus manos:
El desvalido se abandona a ti,
tú eres la salvación del huérfano...
Haces justicia al huérfano y al oprimido" (Sal. 10, 12.14.17)

"Librará al pobre que suplica,
al humilde que no tiene defensor;
tendrá piedad del pobre desvalido
y salvará la vida de los pobres
los librará de la violencia y la opresión,
pues sus vidas valen mucho para él" (Sal. 72, 12-14)

Señor, Jonatán es miembro de tu Iglesia de los pobres, de la Iglesia sacerdotal y en el corazón de la Eucaristía nos ayuda a reconocernos como asamblea sacerdotal. Jonatán está ejerciendo -en nombre de todos los pobres- el sacerdocio que se le concedió en el bautismo. Gracias, Señor.

Cuando oran los pobres con sencillez y humildad, su vida y oración llegan a Ti y al corazón de la comunidad. Su oración se convierte en escuela para todos.

Mientras Jonatán oraban, yo miraba de reojo al resto de la asamblea. Todos los ojos estaban pendientes de él. La experiencia o clima religioso, pasaba en esos momentos por la emoción y el reconocimiento, sobre todo en aquellos corazones que habían optado por los pobres y los débiles. Había un grupo en la asamblea que en sus ojos y en sus rostros reflejaban que algo importante estaba pasando por sus corazones al escuchar y ver a aquellos niños que el Señor había colocado en la cabecera de la Mesa del Reino. "Los colocó en medio (a los niños) y dijo: Sino os hacéis como niños no entraréis en el Reino de los cielos".

Todo aquello estaba provocando en mi interior el recuerdo de algunos aspectos esenciales de la Eucaristía:

"Reúne en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo"

"Que tu iglesia sea un recinto de amor y de paz...

"Que nos preocupemos de acoger las alegrías y las penas, angustias y las esperanzas de los hermanos..."

Y, como si se tratase de una llamada, también recordaba:

"La Eucaristía hunde sus raíces en las comidas históricas de Jesús con los pobres..."

Y me venía al corazón una charla que no hacía mucho había dado y en la que decía:

"No podemos vivir la Eucaristía sin la referencia a los más pobres y sin descubrir la relación que tiene con la misión....."

Y recordaba la carta de Santiago:

"Supongamos que en vuestra asamblea entra un hombre con sortija de oro... y entra también un pobre con traje raído... Escu-chad, mis queridos hermanos: ¿no escogió Dios a los pobres según el mundo para hacerlos ricos en fe y herederos del Reino?"

Y daba gracias a Dios porque en esa celebración estábamos experi-mentando que Dios elegía a los pobres para hacerlos ricos en fe y herederos de su Reino, convirtiéndolos así en maestros de oración para todos y en grito profético ante nuestras conciencias.

Jonatán y Libertad nos enriquecían a todos con su pobreza al recoger las angustias y las tristezas, las alegrías y los gozos de todos los niños pobres entre los que ellos se encontraban y a los que hacían presentes en medio de nuestra pobre comunidad.

Al terminar la Eucaristía entró Chelo, la catequista, a la sacristía y comentó:

-"Pobrecitos míos, cuando supe quienes eran... Demasiado tiene la abuela... Estos abuelos de nuestro barrio se merecen un monumen-to..."

Y Chelo estaba expresando la mirada de Dios Padre a los pobres y débiles, al huérfano y a la viuda..

Y vi a la abuela hablando con un grupo de gente en el que había algunas catequistas, algún joven, Carmen -mi amiga de la I.T- y su hermana Tere, así como el resto de mis amigas que habían venido de Málaga. Y después me comentaron lo que la abuela les había contado de sus nietos, de su hija... Yo pensaba:

- "Los pobres son capaces de tirar por tierra normas y leyes, costumbres y planes, enfados y normalidades...."

Y mi amiga Carmen hacía relación a la hermana mayor de estos niños -a Pili- que, cuando vino a la parroquia a buscar para comer, ella estaba allí conmigo y había salido con el corazón encogido. Y en sus ojos se reflejaba una chispa de misterio humano y divino. Y Tere, su hermana, que también estaba aquí de paso, me comentó:

- "Estos niños me han impresionado y emocionado... He pensado: 'seguro que Manolo rezará este hecho desde el Evangelio'

Y yo pensé:

- "Seguro que Tere también los ha mirado ya con los ojos de Dios..."

Vosotros, Jonatán y Libertad habéis sido los protagonistas de esta celebración junto al gran protagonista que es JC. Y lo habéis sido sin daros cuenta, como lo son los pobres cuando se les deja colocarse en el lugar que el Señor les ha puesto. Lo habéis sido con sencillez y humildad. Seguro que ahora no os dais cuenta de lo que el Señor despertó en nuestros corazones y nos hizo vivir gracias a vosotros. Vosotros, Libertad y Jonatán nos ayudasteis a vivir de manera más auténtica la Eucaristía. Veníais de la mano de vuestra gran abuela -capaz de desbaratar planes y organizaciones- y os pasó a las manos del Señor, como los discípulos pasaron aquellos pobres panes y peces a las manos del Maestro. A nosotros nos queda el seguir aceptando colocar siempre a los más pequeños en el lugar que les corresponde, tanto en la sociedad, como en la Iglesia. A nosotros nos queda el no desentendernos ya de vosotros....

Tú, Libertad, encadenada a una tierra de pecado -sin tener culpa alguna-, liberaste en nosotros lo más bonito que nos ha dado Dios al crearnos a su imagen y al recrearnos en el bautismo: "las entrañas de misericordia". Nos revolviste por dentro y animaste nuestro compromiso con los pobres.

Tú, Jonatán, amigo de los pequeños y de los pobres -como tú-, lo mismo que Jonatán -el hijo de Saúl y amigo del pequeño-gran rey David- nos recordaste con tu presencia y palabra el cariño del Buen Dios hacia los pobres y los débiles.

Señor, Jonatán y Libertad son unos de tantos y tantos niños a los que la vida los trata con mayor dureza. Pertenecen a ese colectivo en los que las consecuencias del sistema se ensañan contra ellos. Tú, Señor, los has puesto ante nosotros como voz profética que "grita libertad" y que expresa valentía, fuerza y aguante -en sus personas pobres y débiles-, como el hijo de Saúl, rey de Israel. Así, Señor, Jonatán y Libertad han sido convertidos en sacramento del pueblo pobre y oprimido, encadenado y vejado, que aspira la liberación y que -de generación en generación- espera el amanecer de un día más justo y sin opresión. Un pueblo que ha puesto la esperanza en ti, libertador.

Jonatán y Libertad hicieron que en esa celebración apareciera más clara la promesa mesiánica que gritó el profeta soñando la Nueva Tierra: "De las espadas forjarán arados y de las lanzas posaderas". La espada de mi intransi-gencia fue forjada en arado para roturar la tierra del barrio, del mundo obrero y de la comunidad cristiana. Y las lanzas del poder, que me había arrogado como presidente de la asamblea, fueron forjadas en podaderas para cultivar la vida de vuestra viña que el Señor me encomenda-ba servir. Ahora sólo me queda el trabajar con estas herramientas.

Manolo Barco. Palomeras (VK). Julio '92

Actualización martes, 27 mayo 2008 a las 23:36:47
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