Cuando se nos invita a entrar en la dinámica del Siervo

(Manolo Barco)

 

 

 

 

Hace un año y medio se nos invita al grupo de "Parados en Acción" a constituir una coordinadora de barrio con otras organizaciones sociales, vecinales, políticas y religiosas. El objetivo es analizar, reflexionar y comprometernos todos juntos en acciones reivindicativas ante la grave problemática de una zona del barrio denominada "triángulo del agua". En esta zona viven prácticamente todos los que forman nuestro grupo. Zona que ha sido el fruto del realojo de más de 2.500 familias, procedentes de distintos barrios de Madrid.

Nuestro grupo está formado en su mayoría por personas paradas de larga duración, muy sencillas. La situación por la que están pasando, sin querer caer en ningún tipo de dramatismo demagógico, es de una tremenda precariedad. A esto le añadimos el que la mayoría de ellos son mujeres y hombres casados y tienen detrás de sí hijos, y algunos, no pocos. La experiencia de impotencia, de sentirse abandonados, inútiles, decepcionados, oprimidos, ... contrasta con la permanencia en los compromisos que van tomando en el grupo, con el compartir lo que cada uno sabe y tiene a nivel profesional, con el intento de seguir adelante, con el intentar poner los medios que sean para no hundirse más, con la ilusión con la que se toman las cosas que se organizan en el grupo, etc.,  aunque no dejamos de pasar por mementos difíciles en los que nos da la sensación de no avanzar todo lo que desearíamos. No pocos de ellos, con gran esfuerzo, han ido sacando el graduado escolar en estos años, la mayoría no tiene una cualificación laboral, la experiencia en algún tipo de organizaciones y asociaciones, en la mayoría de los miembros, ha sido prácticamente nula hasta que llegaron a "Parados en Acción". Las demás organizaciones con las que estamos están más preparadas socialmente, políticamente. En ellas hay miembros, por lo menos a nivel representativo, con niveles de estudios más elevados y recorrido militante más amplio. Los que acompañamos al grupo nos negamos a participar y representar al grupo en la coordinadora y en los comités de representación. Creemos que el protagonismo y cualquier representación de un colectivo como "Parados en Acción" ha de ser de los mismos parados y que los militantes se hacen cuando otros no ocupan el lugar que le corresponde a los que viven los problemas que se tratan de atajar.

Hay momentos en los que las consecuencias del paro las vive el grupo con gran intensidad y es cuando más vivimos la experiencia de impotencia, de la limitación, de pobreza..., aún de cara a nuestro compromiso en el barrio y en la coordinadora. Esta experiencia la estamos viviendo en estos momentos.

Esta noche, Señor, me has hecho encontrarme, una vez más, con la contradicción propia y con la contradicción de mis amigos más pobres. Es la contradicción de los que hemos sido invitados a pasar a la otra orilla y es la contradicción que, junto con los pobres de la otra orilla, experimentamos en nuestro compromiso ante la coordinadora y de la coordinadora ante los representantes de la administración, de los gobernantes y del sistema que genera cada día más empobrecidos y más diferencias entre pobres y ricos.

Esta noche, Señor, al estar inmerso en esta experiencia, me has remitido a la experiencia del Siervo, del pueblo de Israel, obligado a pasar a la otra orilla, al destierro, allá en Babilonia:

 

                  Tú, Señor, amas al pueblo, a los pobres. Nos has engendrado en el amor. Tú has  derrochado tu misericordia en esta tierra encadenada. Tú nos amas, lo mismo que amaste al pueblo de Israel en el destierro. Quieres que tomemos conciencia de nuestra misión. Pero lo mismo que el pueblo sufría en el cautiverio y tenía dificultad para creer en tu llamada, hoy nosotros, mis amigos y yo, también tenemos dificultad. Estamos colocados entre tí, que nos llamas, y la realidad  que nos oprime. Entre tu compasión y la injusticia de los poderosos. Tú pareces decirnos una cosa  y la realidad parece empeñarse en demostrarnos lo contrario.

                  Al pueblo de Israel en Babilonia Tú lo llamabas para establecer el derecho sobre la tierra (Is.  42, 14),  pero  la realidad llevaba al pueblo a decir: "Dios desconoce mi derecho" (Is.  40, 27). Tú quieres establecer la justicia desde los pobres, pero José Luis dice: "Nosotros no tenemos ningún derecho al trabajo, por lo visto. Soy demasiado mayor para trabajar, y demasiado joven para jubilarme"

                  Tú lo escogiste "de acuerdo con la justicia" (Is.  42,  6),  pero el pueblo se sentía tratado sin justicia por el propio Dios y gritaba: "Hazme justicia" (Lam.  3,  59). Y más de una vez hemos escuchado en alguna asamblea de "Parados en Acción": "¿Pero qué le hemos hecho a Dios para que nos trate así"?

                  Tú llamaste al Siervo para unir a su pueblo  (Is.  42,  6),  pero los hechos lleva­ban al pueblo a decir: "Como ganado que se lleva al matadero,  tú nos entregas para ser desparramados entre los pueblos" (Sal.  43,  12). Tú quieres que las organizaciones populares, sencillas y pobres, sirvan la unidad en el barrio, pero nosotros sabemos lo difícil que nos resulta a todos los grupos y organizaciones el luchar juntos por encima de intereses partidistas. Tenemos la impresión de vivir a veces atomizados y perdidos en el mismo barrio, aunque buscamos lo mismo.

                  Tú lo escogiste para ser la luz de las naciones (Is.  42,  6),  pero el pueblo decía: "Dios me hace vivir en las tinieblas como un difunto enterrado hace mucho tiempo" (Lam.  3, 6). Tú nos dices que la esperanza nos viene del pesebre, pero a veces he escuchado a algunos del grupo decir: "Qué negro es mi futuro, qué difícil es aportar algo siendo tan pobres"

                  Tú llamabas al pueblo para abrir los ojos a los ciegos (Is.  42,  7),  pero al propio pueblo le faltaba la luz en los ojos: "¿Quién es ciego,  sino mi Siervo?" (Is.  42, 19). Tú quieres que el grupo "Parados en Acción" contribuya a que el barrio y la parroquia tome conciencia de estas realidades tan duras y se sienta solidaria en el compromiso, pero en el grupo hemos descubierto que entre los mismos parados hay personas que van a su bola sin descubrir que lo importante es luchar juntos contra esta situación.

                  Tú invitas al pueblo a cantar la alegría (Is.  54,  1),  pero el pueblo se perdía en la tristeza y decía: "La paz me fue roba­da,  ya no sé lo que es ser feliz" (Lam.  3,  17). Tú nos invitas a estar alegres, pero el otro día escuchaba a Ismael y a Jairo contarse el uno al otro cómo no se pueden ni duchar porque tienen cortada el agua, cómo tienen que estar con velas por la noche, porque le han cortado la luz, cómo a veces también descubren que muchos de sus vecinos están igual o peor que ellos, e Ismael me decía: "Manolo, aquí hay mucho sufrimiento"

                  Tú decías: "No tengas miedo,  porque yo estoy contigo" (Is.  41,  10),  pero el pueblo rezaba, y nuestro grupo más de una vez se ha unido a esta oración-: "Dios mío,  Dios mío,  ¿por qué me has abando­nado?  (Sal.  21,  1).

                  Tú nos invitas, lo mismo que al pueblo de Israel, a que observemos los hechos y descubramos en ellos las seña­les de tu presencia (Is.  41,  1-5; 42,  18-25). No es fácil, Señor, en esta situación, descubrir signos de tu presencia. Pero nos esforzamos en ello. Y así, con los hermanos de la otra orilla, estando y trabajando juntos, a pesar de todo, sí que encontramos algunos y nos ha llevado a decir: "Tú, Señor, estabas aquí, y nosotros no lo sabíamos". Recuerdo ante ti: cómo los representantes de los demás grupos y organizaciones nos han acogido. Y algunos de ellos, con mucho cariño y respeto están convencidos de que en la debilidad está la fuerza y de que los más pobres están llamados a ser protagonistas de su historia y que merece la pena apostar por ellos, por acompañarlos en su proceso con la confianza de formar militantes pobres para los más pobres del barrio. Esto me lo expresaba un día Javier, el secretario de la coordinadora y con su práctica lo ha ido demostrando constantemente. Esta postura de Javier me recordaba tu actitud, Señor, ante el Siervo, reconociendo tu fuerza en la debilidad.

En estos momentos, Señor, también quiero rezar y darte gracias por el proceso de todos y cada uno del grupo y por los pasos que, a pesar de todo, hemos ido dando: De la pasividad, al compromiso; del individualismo a lo comunitario; del alejamiento, a la integración en la parroquia; de la dispersión, a participar y compartir hasta su pobreza en la coordinadora donde está Juan;  de la falta de conciencia obrera, al compromiso -sencillo, pero decidido- con los demás pobres del mundo obrero.

Y yo, en esta incursión en la otra orilla, me he ido reafirmando en que Dios sigue haciendo maravillas, a pesar de todo, entre los excluidos y entre los que luchan y trabajan con, por y para aquellos a los que el sistema ha dejado en la cuneta de la historia. En esta incursión a la otra orilla he visto hecha realidad la bienaventuranza de Lucas: "Bienaventurados los pobres" y la de Mateo: "Bienaventurados los que eligen ser pobres y optan por los pobres"