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LA ENCARNACIÓN, TOMAR CARNE EN
"LO QUE NO ES A LOS OJOS DEL MUNDO"LA ENCARNACIÓN, TOMAR CARNE EN
"LO QUE NO ES A LOS OJOS DEL MUNDO"
I. - NAZARET O LA IRRELEVANCIA DE DIOS.

Nazaret es el misterio de la irrelevancia, de la pequeñez, de la humildad como estilo de vida.

Irrelevancia, pequeñez y humildad son aspectos nada valorados en nuestra cultura. Hoy se cotiza el sobresalir, el poder, la arrogancia. Sin embargo son muchos los que están obligados a vivir sin que sus vidas tengan nada de relevante, de "importante", digno de ser destacado. La mayoría de la gente vive de una manera normal, sin muchas cosas que destacar, sin experimentar que sus vidas importa a nadie. Los pobres no tienen nada que presentar en el mercado de la humanidad. El trabajo siempre lo mismo, son un número más en la empresa... Sus vidas valen poco... Su influencia es nula. Son ignorados. Da la impresión de que sus vidas van por un lado y lo "importante", lo que es noticia, lo que se nos sirve constantemente en los medios de comunicación social...., va por otro. Nada tiene que ver la vida de los pequeños con la prensa, la radie y la TV.; a no ser que se convierta en noticia sus limitaciones radicales, los problemas que asustan a las capas más alta de sociedad. Son noticia las huelgas de los obreros que no entienden los patronos y desclasados. Son noticia los drogadictos, sobre todo cuanto se convierte en tema político y en problema ideológico para los partidos. Son noticia cuando, hartos de sufrir, y habiéndose organizado mínimamente, cortan las calles y carreteras de mayor acceso. Los pobres son el despojo de la sociedad. Hay mucho despojo con nombre y apellido, con rostros concretos.

El Verbo de Dios, Jesús, proyecto del Padre, queriendo introducir en la dinámica de la historia la "significación última", elige los despojos de la irrelevancia. "Quien era rico, se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza" . Nazaret es opción del Verbo.

La irrelevancia e insignificancia de Nazaret es reconocida sociológicamente: "De Nazaret, ¿puede salir algo bueno?" .

Nazaret era un pueblo irrelevante, pobre y pequeño. Sin importancia política, social y religiosa. Los nazarenos eran unos vecinos sencillos y pobres de los que no se esperaba nada. Jesús opta por la insignificancia de Nazaret. Nazaret es opción de Jesús, apuesta del Verbo de Dios. Nazaret se convierte así en ese "nuevo estilo de Dios" para expresar la nueva humanidad.

En Nazaret el Señor comparte con nosotros su pobreza. Acogerla significa salir enriquecidos.

Lo pequeño desafía y reta los criterios del mundo. Nazaret aparece como el reto de Jesús a los principios en los que se asienta nuestro sistema. Es la imagen renovada y llevada a plenitud de David y Goliat.

Nazaret se asienta en lo insignificante, en lo pequeño, en lo sencillo y pobre. La competitividad, el prestigio, la grandeza, el orgullo, el sobresalir, la arrogancia..... son los pilares de nuestro sistema y de nuestra sociedad.

Al salir de Nazaret Jesús será tentado por esos mismos criterios en los que se asienta el sistema: "Todo esto te daré, si postrándote, me adoras" . Pero Nazaret ha marcado a Jesús. Le ha configurado. Allí ha aprendido a vivir la pequeñez como estilo de Dios. Y la respuesta de Jesús es la que aprendió y maduró en su pueblo.
Hoy la Iglesia, lo mismo que ayer -y lo será mañana- es tentada. A la Iglesia le cuesta hacer la experiencia de Nazaret y mimar dicha experiencia como el gran tesoro de su corazón.

Una Iglesia nazarena en medio de una sociedad vertebrada por un sistema que sólo entiende de competitividad, de prestigio, de dinero, de arrogancia, de orgullo.. ¡Qué signo tan extraordinario de su Señor!. Pero, ¡cómo nos resistimos! Nos falta la inteligencia de la fe para acoger, abrazarnos, entrar y dejarnos desbordad por este misterio.

Nazaret es un misterio. Su hondura nos estremece. Nos atrae y, al mismo tiempo, nos paraliza. No la abarcamos. Nos llega a dar miedo. No es fácil entrar en ella. No terminamos de creer en Nazaret. Nos puede la eficacia, es difícil resistir a la competitividad. No es fácil rechazar la tentación del poder, del prestigio, del reconocimiento de este mundo... La grandeza nos fascina.... Aún a la Iglesia le cautiva el esplendor, el honor, el poder, la grandeza, la eficacia, la cantidad....: "Cuántos sois, a dónde llegáis, qué es lo que estáis logrando, que aceptación tiene vuestro estilo pastoral,...? Nos cuesta creer en la irrelevancia de Nazaret. Somos como Natanael: "De ahí puede salir algo bueno". Y el Señor, como si no lo hubiera oído.... Simplemente con una paciencia asombrosa espera que descubramos en Nazaret mayores cosas.

La irrelevancia es para los pobres. Solo el pobre asume la irrelevancia. Solamente el pobre es capaz de seguir viviendo sin el prestigio, los aplausos, la fama,.... La Iglesia está llamada a la irrelevancia. Si no la vive por opción, la tendrá que aceptar por necesidad -ya ha comenzado este momento-. La Iglesia pobre, la Iglesia de los pobres, la Iglesia de la irrelevancia y de los irrelevantes... ¡Cómo contrasta esto con muchas posturas que tenemos todavía!. La Iglesia está llamada a leer desde Nazaret la carta amorosa de su Señor. De no ser así, no entendería nunca el Evangelio. Le faltaría la clave. Desde Nazaret la Palabra de Dios sabe con una frescura nueva.

La irrelevancia es propiedad de los pequeños. Solo los pequeños experimentan la insignificancia sin que sus vidas carezcan de sentido.

La pequeñez de Nazaret es el estilo del Verbo de Dios capaz de infundir un dinamismo nuevo a la nueva humanidad que ha puesto en marcha.



I. - "MIRAD HERMANOS QUIENES HABÉIS SIDO LLAMADOS"

Pablo, en el puerto de Corinto, forma una comunidad cristiana... En un grupo de gente sencilla, trabajadores del puerto, gestes sin ninguna relevancia, un pequeño grupo perdido en aquella ciudad cosmopolita.... la Palabra de Dios ha tomado carne de irrelevancia.

El Verbo tomando carne entre aquellos que no son a los ojos del mundo. Esto lo aprendió el Verbo en Nazaret. En Nazaret la pequeñez se convirtió en estilo del Verbo de Dios.

La primera Iglesia aprendió a leer desde Nazaret la carta amorosa del Señor y así lo vivió.


II. - DESDE LA IRRELEVANCIA, UN NUEVO DINAMISMO PARA LA HUMANIDAD.

Los irrelevantes de este mundo han sido elegidos por Dios para llevar adelante su proyecto. Su sabiduría se encarna en ellos, capaz de confundir a los sabios y fuertes de este mundo. Dios se ha encarnado en lo plebeyo para deducir a la nada lo que es (Cfr ICor 1, 27-28)

Este es uno de los más grandes misterios de Dios. Es uno de los más grandes misterios de la eficacia de nuestro Dios.

Dios no utiliza a los "irrelevantes" de este mundo como meros instrumentos. Dios ha elegido lo irrelevante de este mundo por amor. Dios los ha engendrado por amor. Él es su padre y alfarero. Dios los lleva en sus entrañas, los tiene entrañados en su corazón desde antes de la creación del mundo. Su amor a los que no son a los ojos de este mundo es algo constitutivo de su Reinado.

Por eso, en ellos aparece con más claridad su amor. Dios se encarnó en ellos desde el principio amándolos, cuidándolos, mimándolos... Así lo vemos a lo largo de la Historia de la Salvación en el A.T., hasta que su misma Palabra toma carne en la irrelevancia, se hizo irrelevancia.

Desde entonces se trastoca radicalmente toda lógica humana, porque:

* La fuerza está en la debilidad
* La sabiduría, en lo necio
* La riqueza, en lo pobre
* La gloria, en lo que no es

"¿Acaso no entonteció Dios la sabiduría de este mundo?" (ICor 1, 20)

Y mientras unos piden señales y los otros buscan sabiduría, "nosotros predicamos a Cristo crucificado" (ICor 1, 22-23).

La irrelevancia, como estilo de Dios, desde donde se infunde un nuevo dinamismo a la humanidad. Desde donde se infundirá un nuevo dinamismo a la pastoral, a la evangelización, al compromiso, al trabajo por la justicia....

A mi me parece que muchos planes y proyectos que tenemos en la Iglesia, en las instituciones, en los movimientos, planes que aparecen con garra, con apuestas muy importantes y evangélicas.... no consiguen dar frutos evangélicos porque les falta ésto. Les falta esa opción clara y radical por lo irrelevante como estilo de vida desde donde convertirse en instrumento del dinamismo del Verbo encarnado. Y no estoy diciendo que sean planes que no tengan éxito. Hasta lo pueden tener a los ojos de este mundo. Seguro que hasta pueden llegar a ser proyectos de los que no se pueda prescindir aún a nivel social y hasta político..... pero no infundirán ese dinamismo evangélico si no se viven, realizan y llevan a cabo desde y entre los irrelevantes y encarnados los agentes de dichos planes entre esos mismos irrelevantes y sencillos. Pues la fuerza no viene a través de los proyectos, de la organización, de los medios fuertes, sino a través del testigo.

¡Cómo y cuanto tendríamos que meditar ésto en la Iglesia y en nuestras instituciones!

Encarnarnos en la irrelevancia..., en lo que no es... ¡Cómo se resiste la Iglesia a encarnarse en lo insignificante! Y es que a veces olvidamos que solamente en lo irrelevante puede aparecer el SIGNO. Sólo desde lo insignificante podemos ser significativos. Sólo en el pan, en dos palos cruzados y en una gruta y pesebre el Verbo se hace signo del amor misericordioso del Padre.

Yo creo que cuanto menos estamos identificados con JC, más necesitamos apartarnos de lo irrelevante. Y al contrario. Y esto es lógico: cuanto más estamos llenos de nosotros y vacíos de Dios, más necesitamos de la sabiduría de este mundo, de la fuerza de este mundo, del prestigio de este mundo, de la riqueza y eficacia según este mundo para creernos que somos alguien. Cuanto más estamos llenos de Dios, menos necesitamos de todo eso, porque Dios se significa en todo lo contrario.

A mi me parece que el signo de la pobreza que somos, de la nada y del vacío es la riqueza, lo mucho, la fuerza, el prestigio, el aparentar, el ....

¡Cuantas tiranías ocultando personalidades débiles!
¡Cuantas riquezas están camuflando la pobreza del ser de las personas!

Es en lo irrelevante de la vida donde Dios hace maravillas y nos ofrece su gloria: "De Dios os viene el que estéis en Cristo Jesús, al cual hizo Dios para nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención, a fin de que, como dice la Escritura: «El que se gloría, que se gloríe en el Señor» (ICor 1, 31)

¡Qué bien entendió María, la Madre todo esto!

Repasemos el Magníficat. Es el cántico a la irrelevancia -según los criterios de este mundo- convirtiendo la irrelevancia eficacia divina con repercusiones históricas extraordinarias. "El poderoso se ha fijado en la irrelevancia... el poderoso ha hecho obras grandes en lo insignificante de este mundo.... Su misericordia llega a sus fieles.. Hace proezas en la sencillez.... Y a partir de ahí, el cántico narra proeza tras proeza". ¡Cuantas veces rezamos este himno y ....! Nos falta leer este himno desde la realidad histórica en la que estamos. Nos falta rezar este himno desde nuestro compromiso. No acertamos a cantar este himno desde la tarea evangelizadora!

El dinamismo de Dios en la mujer, en la madre, en la sencilla e irrelevante muchacha de Nazaret. Pero, como sabemos, para entrar mejor en la compresión de este cántico hemos de entenderlo también en el contexto de aquel entonces, en la situación de la mujer hace veinte siglos y en el pueblo judío, donde la mujer era mucho menos relevante que ahora. Y más aún, una mujer en un colectivo sin ninguna relevancia.


III. - EL APÓSTOL SÓLO ES TESTIGO SI SE ENCARNA EN LA IRRELEVANCIA.

Parece que tenemos una tendencia innata a buscar eficacia en todo aquello que es cantidad, prestigio, fuerza, dominio, ... en la imagen y en la seguridad, en la sabiduría y en la riqueza... Y esto mismo se infiltra en el apóstol si no tiene cuidado, si no pone los cuidados oportunos en la oración, en la identificación con JC, en la escucha asidua de la Palabra, en la fraternidad....

A veces vamos los pobres y sencillos a dar -sin más-, a ofrecer -sin más-, a entregarnos -sin más-. Hemos de revisar mucho a qué y cómo vamos. ¿Cómo reaccionamos cuando no podemos responder a las necesidades más inmediatas de los más necesitados? ¿Nos frustramos? Nos duelen las entrañas.... pero, ¿Por qué? ¿Porque no les hemos podido socorrer? ¿O porque nos sentimos solidarios de verdad con ellos? Por otro lado, si no les hemos podido socorrer ¿es porque también nosotros participamos de alguna manera de su pobreza? Y si es así... ¿No llegamos a descubrir el valor evangélico y evangelizador que tiene esa pobreza? ¿A qué pueden responder los pobres? ¿Es que los pobres no pueden ser sujetos de evangelización de los demás pobres? Tendríamos entonces que buscar ser cada vez más ricos, más relevantes para poder socorrer más?

¿Reconocemos a "los que no son a los ojos del mundo" sujetos o meros objetos de nuestras "caridades"?

Aquí me parece que hay cuestiones muy serias a profundizar, que si lo veis oportuno podríamos dedicar algún tiempo a esta búsqueda común.

Nos cuesta, tal vez, situarnos nosotros ante ellos como irrelevantes, aceptando y asumiendo nuestra pobreza y nuestra pequeñez. Y cuando uno va optando por los más sencillos y pobres y se va convirtiendo un poquito en pobre y va bajando un poquito los peldaños de la pobreza... es cuando se encuentra más aún con esa impotencia e irrelevancia. Y es entonces cuando uno vive aún más esa contradicción, pues le gustaría optar por los pobres y la pobreza, por los irrelevantes y la irrelevancia y sin embargo ser rico, fuerte, sacar del atolladero en el que están esos hermanos... y ¡claro!, uno ya no puede, uno va teniendo menos, va siendo menos a los ojos del mundo, va teniendo menos prestigio a los ojos del mundo, va teniendo menos influencias ante los influyentes de este mundo.... Y entonces.... ¿Qué le queda a uno para compartir con los demás?....

Se nos olvida que si Jesús se encarnó en Nazaret y tuvo de cuna un pesebre y de vecinos a aquellos nazarenos que no tenían ninguna influencia.... lo que o podía hacer era montarse su vida y su entrega a los demás desde el palacio de Herodes, o desde la fuerza del imperio. Jesús tuvo que gestionar su misión y su amor a los pobres desde lo que era y aprendió a ser: un Nazareno, un Siervo, un "irrelevante". No es serio andar dando saltos siempre desde Nazaret al palacio y desde el pesebre al sillón de mando, aunque esto fuera "por socorrer" a los que lo necesitan......

Fijémonos en Pedro y Juan al acudir al templo a la oración y encontrarse con aquél tullido a la puerta (Hechos 3, 1-10). Aquél hombre lo que les pidió a Pedro y a Juan fue una limosna (lo inmediato). Pedro y Juan pertenecían a ese grupo de los irrelevantes y de los pobres, no tenían ni una moneda en sus bolsillos. "No tenemos oro ni plata" ¡Qué frustración no poder socorrer económicamente a aquel que lo necesitaba...! ¿Para eso ser pobre? ¿Para eso optar por la irrelevancia -en este caso económica- ?

Pero ahí algo que es muy importante. Es la respuesta de Juan y Pedro: "Lo que tengo te doy: En nombre de Jesucristo Nazareno, ponte a andar" Es la fuerza del Resucitado la que actúa en la irrelevancia y pobreza del apóstol. Pero hemos de tener cuidado. No podemos sacar conclusiones precipitadas. No podemos quedarnos con que a quien pide pan, lo importante es darle la charla sobre JC, o darle la catequesis sin más. No olvidemos que Pedro y Juan anuncia esquemáticamente a JC, pronuncian su nombre pero:

1. Lo hacen desde la irrelevancia, desde la impotencia económica. En el fondo son como el tullido que se presenta como mendigo. No tienen dinero. No pueden responder a lo inmediato y más urgente -aparentemente-.

2. No se despreocupan del tullido diciendo "como no tenemos dinero y eso es lo que tú descubres como primera necesidad, qué le vamos a hacer, nos marchamos y que tengas más suerte". No. Pedro y Juan se comprometen. Hay un detalle que no puede pasar desapercibido en la narración: "tomándole de la mano". Dinero no pueden dar los pobres, prestigio e influencias no puede dar los que optan por la irrelevancia, pero lo que sí pueden hacer es "tomar de la mano" a los hermanos y ayudar a poner en pie. Poner en pie su dignidad, poner en pie el sentido de sus vidas, poner en pie la irrelevancia que es dignificarla. Sí que puede, quien opta por la irrelevancia, acompañar los procesos, ayudar a tomar conciencia a los hermanos, buscar juntos la salida, hacerles caer en la cuenta del fondo de su mendicidad. ¡Que es la parálisis! Si puede luchar por unas estructuras más justas junto con los demás, sí puede acompañar camino, sí puede hacer que los irrelevantes "miren de frente" y "miren a los ojos". "Míranos" -dijo Pedro al tullido-. Sí que puede hacer que los irrelevantes superen su deterioro humano y desde ahí puedan luchar y creer en ellos mismos,.... Sí que puede ayudarles a descubrir que ese dar la mano, acompañar el camino, recuperar la dignidad, tic. Es algo que sólo el Resucitado puede hacer. Puede hacer aún a través de aquellos que no son creyentes, pero el apóstol, el creyente, sí que además puede -y debe hacer- ayudar a que conozcan y reconozcan que si eso lo hace es por la fuerza del Resucitado. Sí que, en nombre del Resucitado, el apóstol puede hacer que se incorporen los irrelevantes a la comunidad de irrelevantes con dignidad y juntos planteen ante el mundo la alternativa del amor. Y sí que puede hacer el apóstol que a partir de esos signos entre los irrelevantes y como irrelevante él mismo, anunciar a todos la Buena Noticia del Evangelio, como Pedro hizo después a todo el pueblo (Hechos 3, 11ss)

Vamos a fijarnos también en el apóstol Pablo, cuando empezó en el puerto de Corinto a tomar contacto con aquellos hombres y mujeres y en cómo ofreció la Buena Noticia del Evangelio:

"Cuando fui a vosotros, no fui con el prestigio de la palabra o de la sabiduría a anunciaros el testimonio de Dios, pues no quise saber entre vosotros sino a JC, y a éste crucificado. Y me presenté a vosotros débil, tímido y tembloroso. Y mi palabra y mi predicación no tuvieron nada de los persuasivos discursos de la sabiduría, sino que fueron una demostración del Espíritu y del poder para que vuestra fe se fundase, no en sabiduría de hombres, sino en el poder de Dios" (ICor 2, 1-5)

Es verdad que ésto no lo entienden ni aceptan a la primera los hermanos que no tienen ninguna significación en este mundo. Ellos también corren el peligro de creerse que saldrán de la irrelevancia en tanto en cuanto "los relevantes" se fijen en ellos. Ellos también creen que el prestigio, los títulos, la sabiduría, la riqueza... es lo que salva.... Y se necesita hacer todo un proceso juntos desde el misterio de la encarnación para que unos y otros descubramos la fuerza de Dios en lo que no es a los ojos del mundo.

El conocer las maravillas de Dios en lo insignificante es una gracia y sólo podemos hacerlo con la inteligencia de la fe: "Nosotros hemos recibido el Espíritu de Dios, para conocer las gracias que Dios nos ha otorgado" (I Cor 2, 12).
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