EL ESTUDIO DEL EVANGELIO

Manolo Barco

I. ORIGEN Y MÍSTICA DEL E.E.

A. - ORIGEN DEL ESTUDIO DE EVANGELIO

El Estudio de Evangelio (EE) tiene su origen en una experiencia espiritual. Antonio Chevrier, un sacerdote lionés de la segunda mitad del siglo pasado, ejercía su ministerio en una parroquia de Lyón -San Andrés- . Cerca de esta parroquia está el barrio de la Guillotiere, un suburbio -en aquel entonces- con mala reputación y del que, el Gran Diccionario Larousse del siglo XIX dice lo siguiente: "Los criminales reincidentes, los vagabundos, los perezosos......., los hombres impuros que a menudo soborna la policía con el fin de provocar motines destinados a justificar medidas represivas, buscan generalmente un refugio en las guaridas inmundas de la Guillotere". Un barrio deteriorado, pobre -y hasta miserable-, abandonado de la adminsitración pública y hasta de la Iglesia.

En 1856 se desbordan el Ródano y Saona y al barrio de la Guillotiere no le faltaba más que este suceso para añadirle más miseria. Las casas se desmoranan y sus habitantes son víctimas de aquel desastre. A. Crevrier su une a los equipos de salvamento y así se introduce en el interior de aquel barrio, en el centro de aquella miseria, en el corazón de sus gentes y palpa el estado de degración en el que se encontraba la población de la Guillotiere.

La noche de Navidad del mismo año (1856) A. Chevrier la pasó junto al pesebre meditando el misterio de la Encarnación en el primer capítulo de S. Juan. De esa noche él mismo nos dice: "Fue durante una noche en la que yo hacía Hora Santa cuando tuve tan grandes luces sobre la pobreza que, de ahí en adelante, mi vida quedó marcada". Habla de esa noche como la noche de su "conversión" y cómo, a partir de esa gracia, "decidí seguir a Jesucristo más de cerca". Lo vemos después introducirse en el barrio de la Guillotiere con el fin de anunicar la Buena Noticia a su población. La Noche de Navidad de 1856 le ayudó a entender mejor también la pobreza real en la que vivían aquellas personas de la Guillotiere. Su intención será colobarar más eficazmente en el trabajo misionero de Jesucristo, que lo concretará en la entrega readical al ejercicio del ministerio sacerdotal entre los pobres de aquel barrio.

Pero para seguir alimentando esta gracia recibida, Antonio Chevrier dedicará todos los días muhcas horas a orar el Evangelio desde la vida y realidad de los pobres con el fin de conocer mejor a Jesucristo y darlo a conocer a los pobres. De aquí arranca el Estudio de Evangelio: conocer a Jesucristo en el Evangelio lo es todo para darlo a conocer a los pobres.

 

B. - CLAVES DEL ESTUDIO DE EVANGELIO

 

1. - JESUCRISTO, EL CENTRO DE LA VIDA.

"Hasta que Cristo sea formado en vosotros" (Gal. 4,9). "Nadie puede poner otro cimiento que el que el que ha sido puesto, que es JC" (I Cor. 3, 11). "Mi vivir es Cristo" (Fil. 1,21)...

 

a) - LA HUMANIDAD DE JESUCRISTO.

El EE. busca conducir, a quien lo hace, a la unión y conformidad con el Verbo de Dios.

El EE. nos hace entrar en el misterio del Verbo Encarnado que nos ayuda a entender la humanidad.

Por eso, el objetivo del EE. no es tanto el conocimiento de un libro, sino el conocimiento de Alguien con quien quiere entrar en comunión y caminar con Él al encuentro del corazón del hombre.

2. - LEER EL EVANGELIO DESDE LA SIGNIFICATIVIDAD DE LA VIDA DE LOS POBRES.

Jesús ha venido a buscar con preferencia a los pobres y a los excluidos y a manifestar el corazón del Padre por hacer justicia a los que el mundo no se la hace. El EE. nos capacita para salir con Cristo y como Cristo al encuentro de los pobres y de los excluidos y manifestarles ahí el corazón del Padre volcado a hacerles justicia. El EE. no sería tal si nos encerrase en nosotros mismos. No hacemos EE. para acoger grandes exigencias de perfección personal. No olvidemos que en el EE. nos unimos al Verbo que viene de Dios para manifestarnos la Verdadera Humanidad y para conducir al Padre a los hijos dispersos. El EE. debe permitirnos salir y entrar con la humanidad hacia la casa del Padre.

Es de la mano de la humanidad de los pobres como debemos ir al Evangelio para que el Verbo nos manifieste el corazón del Padre y el corazón de esa humanidad pobre y deteriorada a la que hemos de servir. Y es que el EE. nos posibilita descubrir a JC. en el Pobre. Es de la mano del Verbo encarnado como realmente descubrimos la verdadera humanidad, aún en una humanidad rota, excluida y hasta desfigurada. Es el conocimiento de JC. en el EE. quien nos posibilita hacer verdad este milagro.

3. - EL ESTUDIO DE EVANGELIO, FUENTE DE MISIÓN.

Somos llamados a transformar este mundo en Reino de Dios desde las claves de una pedagogía liberadora que ayude a conformar el corazón de los hermanos conforme al proyecto que Dios tiene. En el EE. dejamos que el Espíritu forme en nosotros a JC. y así toda nuestra vida represente al Señor ante aquellos hermanos a los que somos enviadas. Por el EE. dejamos que la Palabra Encarnada resuene en el mundo a través de nuestra vida y misión al servicio de los hermanos.

 

4. - ENGENDRAR A JC. EN EL CORAZÓN DEL HERMANO.

Somos colaboradores del proyecto de Dios que se está realizando históricamente en el mundo, en su expresión más secular, mirando a JC., cuyo misterio se ha revelado en la historia.

Llamados a "engendrar a JC. en el corazón de los hombres" hemos de responder a esta misión descubriendo las posibilidades de salvación que existen en nuestro tiempo. Para esto es fundamental saber captar los signos de los tiempos. Pero esta empresa solo se puede llevar a cabo si nos dejamos poseer por el Espíritu del Señor. Es el Espíritu quien trabaja el corazón del mundo y de los hombres y quien engendra a JC. en el corazón humano. Y es el Espíritu quien nos da esta inteligencia de la fe para descubrir en los hechos y los acontecimientos la significatividad que el mismo Espíritu le ha dado.

En el EE. buscamos dejarnos "poseer" por el Espíritu" para que Cristo sea engendrado en nosotros y para que ese Espíritu pueda engendrar a Cristo en los hermanos. Por eso el Estudio de Evangelio no es intimista, sino que es un estudio con todo un pueblo, desde todo un pueblo y para todo un pueblo, porque JC. ha de ser formado en nosotros y en los hermanos a los que somos enviados. De ahí que en el EE. siempre hemos de intentar acoger la Palabra de Dios desde las realidades históricas en las que estamos, desde los hermanos concretos con los que vivimos, y de manera especial, desde los hermanos más pequeños y más pobres, como sacramentalidad por excelencia del Señor, hasta "llegar a descubrir en el pobre a JC." y testimoniárselo como regalo a través de vuestra misión y acción.

En el EE. estamos llamados a buscar que nuestra actividad nazca del amor y testimonio a Cristo pobre y humilde.

* El EE. no puede reducirse a una mera metodología ni a una mera técnica. No es un ejercicio intimista que nos ayude sin más y que se quede en nosotros. Tampoco es un esfuerzo que brota de nosotros y que nos lleva a adecuar nuestra acción según lo que hayamos descubierto y que podamos hacer desde nuestras posibilidades; es mucho más. Nosotros estudiamos el Evangelio para dejar que Cristo conforme vuestra vida, nuestra vocación, nuestra acción y que sea Él quien siga actuando, salvando y liberando a los hermanos; que sea Él quien siga revelándoles al Padre y su proyecto a los hombres a través de nuestro compromiso y acción, de nuestra misión y tarea.

5. - LA TRADICIÓN VIVA DE LA IGLESIA.

El EE. no es conocer un libro, sino conocer a Alguien a través del testimonio de la comunidad apostólica. El evangelio no es un libro, sino el acontecimiento de Jesús, el Cristo. Las Escrituras son, ante todo, el testimonio de un pueblo. Y el Nuevo Testamento es el testimonio de la comunidad apostólica, y, como tal testimonio, debe ser captado. Evidentemente que esto no anula la necesidad de la exégesis para mejor comprender qué quería expresar el testimonio del pueblo apostólico y profético. Pero el testimonio de ese pueblo, animado por el Espíritu Santo, desborda la comprensión del mismo testigo. En las Escrituras podemos y debemos reconocer el testimonio que el Espíritu da de Jesús de Nazaret. Testimonio siempre normativo para nosotros y en el que debemos penetrar más y más, conducidos por el mismo Espíritu.

El EE. exige un esfuerzo se objetividad, pues se trata de acoger el testimonio del Espíritu a través de la comunión apostólica, y no tanto de expresar lo que ese texto nos sugiere.

El EE. se hace siempre en la Iglesia y con la Iglesia, pues en ella y por ella nos llega el Evangelio de la gracia. Y es que la inteligencia de la fe no se adquiere más que entrando en ese "nosotros".

Bien sea personalmente, bien en equipo o comunidad, cuando nos ponemos a hacer EE. lo hacemos con toda la Iglesia, pues estamos acogiendo el testimonio que nos transmite todo un pueblo y con él buscamos entrar en la inteligencia del misterio.

Por lo tanto, el EE. está mal hecho si nos entregamos a la mera especulación personal según nuestro estado de ánimo, sin esforzarnos por entrar en la inteligencia profunda del "nosotros" eclesial, tal como se habla en el texto de las Escrituras y va desarrollándose en la historia.

C. -MÍSTICA DEL ESTUDIO DE EVANGELIO

"Dispuso Dios en su sabiduría revelarse a Sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad, mediante el cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina. En consecuencia, por esta revelación, Dios invisible habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor y mora con ellos, para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía". (D.V. 1)

1. - SENTIR ATRACTIVO POR JC.

"De igual forma el Santo Concilio exhorta con vehemencia a todos los cristianos en particular a los religiosos, a que aprendan "el sublime conocimiento de Jesucristo", con la lectura frecuente de las divinas Escrituras. "Porque el desconocimiento de las Escrituras es desconocimiento de Cristo". (D.V. 25)

No podemos hacer EE. si no experimentamos en nosotros un cierto atractivo por JC. Ese atractivo es una gracia que Dios ha colocado en nuestros corazones y que hemos de cultivar. Por eso hacemos EE. no con un afán voluntarista, sino como respuesta a una gracia. Ese pequeño soplo divino que nos impulsa, "que viene de arriba", que nos ilumina y que nos hace intuir la grandeza del Verbo de Dios manifestado en lo pequeño, en un pesebre, en un trozo de pan, en unos maderos cruzados entregando la vida por los hombres.

Se trata de un atractivo cordial, que nos lleva a la admiración, a intentar conocer más a JC., a entrar en una relación personal con Él. No se trata de un atractivo meramente afectivo, ni mucho menos en el orden de la mera curiosidad.

El EE. nos da el conocimiento de JC. Pero se trata de un conocimiento cordial. °Qué significa ésto? Por ser un conocimiento, nos situamos en un plano distinto al de los sentimientos y afectos. Por ser cordial se trata de poner en funcionamiento no tanto la inteligencia de la razón, cuanto la inteligencia del corazón. Y la inteligencia del corazón tiene su propia dinámica y sus propias leyes de funcionamiento.

Frente a la inteligencia de la razón que busca dominar, controlar y poseer un objeto o sujeto, la inteligencia del corazón busca conocer para entregarse, para ser totalmente del otro. Hay una diferencia radical.

Podemos estudiar las Escrituras con la inteligencia de la razón para controlar el proceso y significado de su origen y de su mensaje. es un estudio noble e indispensable, tal como se practica en la exégesis. Pero en el EE. buscamos con la inteligencia del corazón cómo entrar en comunión con Aquel que nos amó y se entregó por nosotros. Queremos conocerle en su objetividad subjetiva para entregarnos a Él, para dejarnos poseer por Él, para que Él determine mi existencia. No son contrapuestas la inteligencia de la razón y la del corazón. Pero en el EE. damos prioridad a la inteligencia del corazón.

Quien pone en marcha la inteligencia del corazón es la seducción que el Otro ejerce sobre mí. Pero la seducción supone, en nuestro caso, que Jesús ha salido a nuestro encuentro y nos ha llamado. Él nos ha seducido y atraído hacia Él de manera irresistible. Cuando existe esta seducción, la inteligencia del corazón que arranca de la fe, nos conduce a la afirmación del Otro por encima de mí mismo, dejándole ser plenamente Él mismo en su misteriosa singularidad.

Lo que cuenta en la inteligencia del corazón es la simplicidad del corazón, la rectitud del ojo y del oído que acoge sin discutir ni defenderse del Otro. Es la simplicidad del niño que escudriña, penetra, investiga y acoge con gozo y sin miedo. Si nos fijamos en el c. 9 de S. Juan nos podemos preguntar: °Quién tuvo una inteligencia más profunda de Jesús? °Quien fue el más inteligente? Los fariseos razonan y buscan encasillar a Jesús a partir de sus ideas sobre el sábado. El ciego se remite al hecho: "antes era ciego y ahora veo". La simplicidad de los pequeños es siempre más inteligente que las complicaciones de los sabios, cuando se trata de conocer al Alguien mayor que nosotros.

La inteligencia del corazón busca nombrar al Otro, darle su verdadero nombre, descubrir su rostro desde la experiencia. Esto supone todo un esfuerzo de penetración que se hace a través de los detalles del Otro, de los gestos del Otro, de la palabra del Otro.

Otro aspecto más de la inteligencia del corazón es que nunca ha terminado de conocer. El corazón busca entrar en la intimidad del Otro. Al mismo tiempo siente que esa intimidad le desborda y supera. Y dado que Jesús es el Verbo de Dios, esa intimidad será siempre insondable para mí. Nunca llegamos a conocer como conviene. Por eso hemos de empezar todos los días el EE. Pablo en el c. 13 de la I Cor. nos dice que hemos de llegar a conocer a Dios como Él nos conoce. Pues bien, el amor nos hace crecer en ese conocimiento. La inteligencia del corazón busca conocer para la comunión.

Es un atractivo espiritual. Es el Espíritu quien nos impulsa y nos empuja, quien ha colocado en nosotros ese sentimiento de fe. Por eso es un atractivo "gracioso", del orden de la gracia.

El conocimiento cordial presupone una relación con el Otro. Ahora bien, la relación vital con Jesús de Nazaret, el Señor, es obra del Espíritu Santo en nosotros. En la fe entramos en una relación vital con el Señor. Por el Espíritu, Jesús se convierte en un interlocutor vivo. Alguien a quien puedo conocer con la inmediatez de la experiencia. Cierto que Jesús me llega a través del testimonio de la comunidad apostólica, pero el Espíritu que testimonia en esta comunidad me hace entrar en contacto con el viviente. Quienes predican el Evangelio lo hacen "en el Espíritu Santo enviado desde el cielo" (1 P. 1, 10-12). Y solo en pentecostés, la comunidad de discípulos llegaron a una inteligencia plena de Jesús y a una perfecta relación con Él. No hay ni discípulo ni apóstol, ni Iglesia plenamente constituida, más que después de Pentecostés.

El mismo Espíritu que condujo a Jesús desde el Bautismo a la Cruz. El Espíritu que le guía constantemente.

En el EE. buscamos ser discípulos y apóstoles conducidos por el Espíritu que animó la vida de Jesús, de los profetas y de los apóstoles. Discípulo es aquel que marcha según el Espíritu, que posee el Espíritu del Maestro.

Para conocer a Jesús según el Espíritu hemos de trabajar las actitudes propias de un conocimiento espiritual:

El EE. requiere una HUMILDAD radical de la razón. Sabemos que el conocimiento de Jesús lo recibimos del Padre por medio del Espíritu que testimonia en la comunidad apostólica. Lo que buscamos en el EE. es "recibir" la inteligencia para ser impulsado por el Espíritu a seguir más de cerca al enviado del Padre. No nos servimos del EE. para hacer nuestros "pinitos" intelectuales, ni para contar mis experiencias. A lo largo del EE. permanezco pobre y humilde, en el silencio, en la escucha y en la petición...., hasta que el misterio se me va iluminando y penetra todas mis entrañas.

Es un atractivo ante una persona concreta, la del Verbo Encarnado. Un atractivo ante la persona del Verbo que vivió una existencia histórica como la nuestra, que la transcendió, la llevó a plenitud.

Es un atractivo del orden de ese sentimiento interior que nos conmueve y nos impulsa a darnos al Señor.

Si existe en nosotros ese sentimiento interior, aunque sea muy pequeñito; si percibimos esa pequeña luz, si nos sentimos atraídos, por poco que sea, hacia JC., hemos de cultivar este sentimiento de fe con la oración y con el EE para que crezca en nosotros, para que de fruto. Aquí encuentra el sentido profundo el EE.

 

D. - EN EL EVANGELIO ENCONTRAMOS TODO LO NECESARIO PARA NUESTRA VIDA DE FE Y PARA VIVIR CON SENTIDO, Y DE MANERA UNIFICADA, NUESTRA VIDA

"Toda la Escritura es divinamente inspirada y útil para enseñar, para argüir, para corregir, para educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y equipado para toda obra buena" (2 Tim., 3,16-17).

En el EE. encontramos la verdadera luz. El Evangelio es "la luz que brilla en las tinieblas".

El evangelio es la Palabra de Dios, expresión de su intimidad. El evangelio es el Verbo de Dios hecho historia, hecho verbo de hombre capaz de darnos el sentido más profundo a nuestra vida y a nuestra historia.

El Evangelio es esa Palabra de aliento que Dios da al cansado, el alimento que da al pueblo en el desierto, en su peregrinar por la historia humana. El evangelio es la mesa que Dios ha puesto en el desierto, es la fuerza que abre caminos en la estepa, es el agua viva que el mismo Dios hace salir de la roca.

En el Evangelio encontramos todo. Por eso es nuestra regla de vida. Por eso es necesario buscar en el Evangelio la respuesta a todas las preguntas profundas, a todas las preguntas de sentido.

E. - EN EL EE. NOS ENCONTRAMOS CON EL ESPÍRITU SANTO. ESTE ESTA EN EL EVANGELIO

"Para profesar esta fe es necesaria la gracia de Dios, que proviene y ayuda, a los auxilios internos del Espíritu Santo, el cual mueve el corazón y lo convierte a Dios, abre los ojos de la mente y da "a todos la suavidad en el aceptar y creer la verdad". Y para que la inteligencia de la revelación sea más profunda, el mismo Espíritu Santo perfecciona constantemente la fe por medio de sus dones".(D.V. 5)

"El Espíritu Santo, por quien la voz del Evangelio resuena viva en la Iglesia, y por ella en el mundo, va induciendo a los creyentes en la verdad entera, y hace que la palabra de Cristo habite en ellos abundantemente (cf. Col., 3,16)".(D.V. 8)

El Evangelio es la Buena Noticia del amor de Dios a los hombres. Es la carta amorosa que el Buen Padre escribe a sus hijos. El Evangelio está sembrado de amor, del Espíritu de Dios, Espíritu de amor y de sabiduría.. Es ahí donde encontramos la verdadera felicidad, en el encuentro con el AMOR. En el EE. nos sabemos y descubrimos amados por Dios. Esta es la mayor experiencia de fe que podemos hacer.

Si nos queremos llenar del Espíritu de Dios hemos de "estudiar" día tras día a nuestro Señor: sus palabras, sus testimonios, sus acciones. Así es como encontraremos todos los días alguna luz del Espíritu Santo.

Estamos llamados a ser mujeres y hombres "espirituales", llenos del Espíritu de Dios. Estamos llamados a conformar nuestra vida a la JC, el Consagrado por el Espíritu de Dios

F. - DIOS SE NOS MUESTRA EN LOS DETALLES DEL EVANGELIO

No se trata de hacer una lectura fundamentalista, ni de quedarnos en los detalles exteriores del evangelio que pueden ser recursos catequéticos sin más. Se trata de entrar dentro de él y descubrir la riqueza que tiene en lo pequeño, en los detalles de la vida del Señor, en la profundidad de la cotidianidad de la revelación de Dios en su Verbo.

Es descubrir la calidad de lo sencillo, de los gestos del Maestro, de la sencilla palabra del Buen Pastor a las ovejas.

Por otro lado, solamente los sencillos son capaces de descubrir la profundidad y la hondura de lo pequeño.

Se trata de entrar en el Evangelio con una profunda atención a todo lo que en el Evangelio nos revela el corazón amoroso de Dios.

G. - PARA CONOCER EL EVANGELIO HEMOS DE ENTRAR DENTRO DE EL.

Entrar en el interior del Evangelio. Entrar en el interior de una vida. Entrar en el interior del Viviente. El Evangelio no es Buena Noticia a no ser que nos sumerjamos dentro de él.

 

1. ESTUDIAR EL EVANGELIO CON SIMPLICIDAD

Pero hemos de entrar en el interior como los niños. No se puede ir al Evangelio con la intención de razonar todo como si fuera una doctrina, o con el afán de discutir.... El Evangelio es una VIDA, es un testimonio y eso no se discute. Se acoge o se rechaza, pero no se "razona". Los "razonamientos" matan el Evangelio. "Los santos no razonaban tanto. Y porque hay muchos razonadores, hay tan pocos santos".

Se trata de colocarnos a los pies de Jesús, como los niños sentados a los pies del maestro. Con una auténtica actitud de discípulos, con sincero deseo de escuchar su palabra y ponerla en práctica.

Por eso en el EE. se trata de entrar en el Evangelio con la inteligencia y con el corazón, pero siempre con una actitud de escucha, de acogida, de sencillez, con un corazón de pobres.

2. ESTUDIARLO CON RESPETO Y SUMISIÓN

Lo que nos interesa al hacer EE. es descubrir el corazón de Dios, su amor y su voluntad, y esto no se consigue si no es tomándonos el Evangelio como "zarza sagrada", introducirnos en él descalzos, sabiendo que pisamos tierra sagrada.

No olvidemos que es Dios mismo quien nos habla a través de su Verbo, su Hijo.

3. EL EE., ALGO QUERIDO CON EL CORAZÓN

EE. solo podemos hacer por amor y con amor. Es con esta actitud y con esta motivación como se puede leer la carta de un Padre.

Mirar el Evangelio con los ojos del corazón, lo mismo que miramos a los seres queridos. Hay un conocimiento de la verdad que solo se adquiere si conocemos con amor.

H. - HACER EE. PARA QUE EL EVANGELIO PASE A NUESTRA VIDA, A NUESTRO ESPÍRITU, A NUESTRO CORAZÓN

Hemos de estudiar y contemplar a JC. para que cada palabra, cada acción, cada gesto vaya pasando a nuestro espíritu, a nuestro corazón, a nuestra conducta....

No hacemos EE. como un acto puramente contemplativo para quedarnos en el mero gozo de la contemplación, sino que nos encontramos con JC. para que Él conforme nuestra vida. Así, el EE. nos llama a la conversión. A la conversión de nuestra mente, de nuestros sentimientos profundos, de nuestras aspiraciones, de nuestro corazón, de nuestro obrar.

Y es que todo encuentro en profundidad con las personas nos lleva a cambiar. Todo amor recibido nos invita a amar.

 

1. ESTUDIARLO MUCHO

Esta es nuestra tarea fundamental: "estudiar el Evangelio". Es nuestro tesoro por el que hemos "vendido muchas cosas" para conseguirlo.

Pero para mantener el tesoro que hemos recibido, para mantener la gracia que se nos ha dado (JC. y el Reino), hemos de alimentarla con la oración y el EE.

Estudiar tanto el Evangelio hasta que de tanto "estudiarlo" nos lo sepamos de memoria. No es que el objetivo sea el aprenderlo de memoria, que eso no tendría ningún sentido, sino que vamos hacer tanto EE., vamos a querer conocer tanto a JC., vamos a rezar tanto el Evangelio que.... nos lo vamos a aprender de memoria.

No olvidemos que es la Palabra quien nos "recrea" como personas nuevas y cono comunidad e Iglesia. No olvidemos que es la Palabra quien nos salva, quien nos da vida, quien nos da el sentido profundo para vivir, quien nos unifica, quien nos convierte, quien nos hace felices..

2. HASTA GRABARLO EN EL CORAZÓN

El Evangelio es como las tablas de la Nueva Ley. Y la nueva Ley Dios quiere grabarla en el corazón, no en tablas de piedra. Es la Nueva Ley que nos ha dado el Nuevo Moisés, el Mesías.

El Evangelio tiene como destino el corazón del hombre. Es el cumplimiento de la Promesa de Dios al profeta: "Sino que esta será la alianza que yo pacte con la casa de Israel, después de aquellos días - oráculo de Yahveh -: pondré

mi Ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré, y yo

seré su Dios y ellos serán mi pueblo.

 

3. HACER EE. EN ORACIÓN

"Pero no olviden que debe acompañar la oración a la lectura de la Sagrada Escritura para que se entable diálogo entre Dios y el hombre; porque "a El hablamos cuando oramos, y a El oímos cuando leemos las palabras divinas".(D.V. 25)

Hay muchas formas de hacer oración, pero solo hay una de hacer EE.: en la oración. Sin la oración no hay EE. Sin la oración el EE. se convierte en un juego o en un trabajo meramente intelectual. Y lo que nos da el conocimiento de JC. no es nuestro esfuerzo, nuestro trabajo, sino el Espíritu Santo que se nos entrega en la oración, en ese encuentro personal con Dios.

I. - EE. PARA FORMAR NUESTRO JUICIO

"Porque en los sagrados libros el Padre que está en los cielos se dirige con amor a sus hijos y habla con ellos; y es tanta la eficacia que radica en la palabra de Dios, que es, en verdad, apoyo y vigor de la Iglesia, y fortaleza de la fe para sus hijos, alimento del alma, fuente pura y perenne de la vida espiritual. Muy a propósito se aplican a la Sagrada Escritura estas palabras: "Pues la palabra de Dios es viva y eficaz", "que puede edificar y dar la herencia a todos los que han sido santificados". (D.V. 21)

Hemos visto que el EE. nos lleva a conformar nuestra vida con la de JC.

Cuando queramos buscar respuestas a cuestiones vitales, a preguntas de fondo y de sentido, acudamos al Evangelio. El Evangelio es Palabra de Dios PARA el hombre. Es respuesta a las aspiraciones más profundas de la vida humana. Y es también pregunta e interrogante a la humana realidad.

Poseer el juicio de Dios, mirar la vida con los ojos de Dios, discernir la realidad desde la óptica de Dios.... solo lo podemos hacer con la sabiduría de Dios transmitida en su Verbo, en su Palabra.

J. - EE. PARA HACERNOS POBRES

Todos llevamos dentro la tentación constante a la idolatría, y la expresión máxima y más material de la misma es el culto al dinero, el culto al poder, el culto a uno mismo. Estas tentaciones no se vencen evangélicamente a fuerza de puños, ni de ascesis, ni de ideologías.

Intentar superar estas idolatrías solamente a fuerza de esfuerzos personales tiene el riesgo de suplir esas idolatrías por otra: la del ensimismamiento, la del orgullo, la del fariseo.

Es solamente la gracia del conocimiento de JC. y, por lo tanto, la gracia del Evangelio quien nos puede ayudar a que caigan por tierra las estatuas de oro, plata y bronce con los pies de barro.

El EE. del Evangelio, al hacernos entrar en la óptica de Dios, al hacernos mirar como Dios mira, al posibilitarnos entrar en la vida del Verbo encarnado y al hacer que nuestra vida se conforme a la de JC., es lo que nos puede hacer superar y vencer la tentación a la idolatría.

 

K. - EE. PARA VIVIR NUESTRA VOCACIÓN

 

Si nuestra vocación es obra del Espíritu, si nuestra vocación es llamada del Maestro, si nuestra vocación es invitación del Padre a reconocernos hijos y a comportarnos como tales, y si, por otro lado, es en el Evangelio donde está el Espíritu de Dios, donde podemos conocer al Verbo Encarnado y donde descubrimos el amor de Dios Padre que nos hace hijos en el Hijo..., no podemos menos de acudir constantemente al Evangelio para poder responder a la llamada (vocación) que hemos recibido.

 

L. - EE. Y MISIÓN

Si en el EE. lo que pretendemos es conocer a JC. hasta dejarnos conformar con Él, la consecuencia lógicamente evangélica es ofrecer a JC. a los demás, a fin de que también ellos "lleguen al conocimiento de la Verdad".

"Os anunciamos la vida eterna, que estaba en el Padre y se nos manifestó: lo que hemos visto y oído os lo anunciamos a vosotros, a fin de que viváis también en comunión con nosotros y esta comunión nuestra sea con el Padre y con su Hijo Jesucristo"