La contemplación de la vida

desde la Palabra de Dios

Por Manuel José Barco Estévez

 

-EN LA LECTURA TEOLOGAL DE LA VIDA MIRAMOS LA VIDA CON LOS OJOS DE DIOS.

 

            "El Reino de los cielos está dentro de vosotros".

 

            Nuestra vida pertenece a Dios. Estamos llamados a caminar en la dirección del hombre pleno, de Jesús, proyecto de Dios para nosotros. Luego, hemos de mirar la vida como Dios la mira. Hemos de abrir el corazón a Dios. Esto es un gracia que hemos de pedir.

 

            Tenemos dos peligros. Uno es el del intimismo y el otro es el perdernos con las cosas en su exterior, el no ver más allá de nuestras narices.

 

            En la lectura teologal de la vida hemos de ir al interior. Pero eso no quiere decir que no nos preocupemos del exterior.  Sin el exterior no podemos tener acceso al interior. El exterior es indispensable.

 

            El interior es un interior vivo, concreto, de un hombre concreto y en una situación concreta. Este interior no hemos de confundirlo con el interior al que accede la ciencia con el mero análisis, ni el interior de una idea. No es el interior ni de la filosofía, ni de la teología (de una cierta teología). Nos referimos al interior de una persona concreta, que piensa, vive, sufre, goza.., aunque no tenga conciencia de ello. Pero a esto, como os decía, no se puede acceder si no es a través del exterior, de algo que exprese materialmete el interior: un gesto, un rostro, una acción,...

 

            Estamos viviendo en un mundo simbólico, en un contexto "sacramental".

           

            Todo lo que existe puede convertirse en medio y signo para expresar y significar la vivencia  personal e inefable de la propia interioridad y la experiencia íntima e inefable del encuentro personal con las cosas, con otras personas, con Dios, con Cristo y con la Iglesia.

 

            Los objetos, los gestos, los acontecimientos, los ritos... pueden convertirse para nosotros en "sacramentos" en este sentido. Depende del hombre y de su mirada sobre la realidad. El trato y la familiaridad con las cosas las podemos convertir  en símbolos o sacramentos de nuestras vivencias y experiencias. Así, las cosa pueden convertirse en realidades que hablan y que comunican mensajes, que evocan situaciones, que comunican una realidad diferente de ellas mismas. Cuanto más humaniza el hombre el mundo, cuanto más se relaciona con él y con mayor profundidad, más aparece la sacramentalidad del mismo. Podemos mirar las cosas en su interior y centrarnos en los valores y sentidos que esas cosas asumen para nosotros. Cuando así hacemos, estamos viviendo un conocimiento profundo y distinto que se escapa al conocimiento meramente científico. Lo mismo podemos decir de los acontecimien–tos y de los gestos humanos. ¡Cuantas cosas nos evocan experien–cias y vivencias profundas! Cuantas cosas son para nosotros sacramentos. Por ejemplo, la casa, el trabajo, un apretón de manos, una caricia, una mirada,.....

 

            Lo simbólico y sacramental pertenecen a dimensiones profundas de la vida humana.

 

            Podemos vivir experiencias sacramentales tanto en las experien–cias fundamentales de la vida como en experiencias cotidianas.

 

            La experiencia sacramental tiene su propio pensamiento y su propio lenguaje. Y el pensamiento sacramental es tan real como el pensamiento científico. Son dos planos distintos, aunque complemen–tarios, del conocimiento humano.

 

            Cuando abordamos las cosas con el pensamiento sacramental, creamos lazos con ellas y las dejamos entrar en nuestra vida. Así se convierten en únicas para nosotros. Y entonces comienzan a hablar, entonces se expresan... No es que yo las haga hablar. Son ellas las que dicen. A mí solo me queda el escuchar. Así es como esas cosas, o esos acontecimientos, o esas personas se convierten en  únicas para mí, en inigualables. De ahí que nos alegremos o suframos con su destino.

 

            El lenguaje de lo sacramental no es argumentativo, persuasivo, sino narrativo. Lo que pretende es celebrar y contar la historia del encuentro del hombre con las cosas, con las personas, con Dios. Ahí es donde ese lenguaje expresa lo vivido y sentido en el encuentro. Es un lenguaje evocativo, autoimplicativo, formativo[1].

 

            En los sacramentos, la experiencia, el pensamiento y el lenguaje constituyen una unidad indisoluble. 

 

            Un apunte sobre la estructura de todo sacramento. Todo sacramento tiene tres dimen–siones perfectamente articuladas entre sí: transcenden–cia, inmanencia y trasparencia. Por ejemplo: El amor es una realidad invisible y transcendente que se hace visible, transpar–ente, en el abrazo, en el beso, en la mirada. Dios es una realidad transcen–dente que se hace transparente en el mundo, en los seres, en la naturaleza, en los acontecimientos, en la historia... que son realidades inmanentes.

 

 

-SACRAMENTOS HUMANOS Y SACRAMENTOS DIVINOS.

 

            Nos podemos dar cuenta de que hay cantidad de sacramentos humanos, de realidades que expresan y evocan experiencias y vivencias profundas de la persona. Y esto en todas las facetas de la vida humana. Sería interminable su enumeración. Si nos centráse–mos en la faceta del amor y del cariño, podríamos encontrar: el abrazo, la mirada, un regalo, las relaciones sexuales de los esposos, una carta, el abrazo de unos amigos, la caricia de personas que se aman, una comida familiar.... Pero mirad, todos estos símbolos serían ritos vacíos se faltara el amor y el cariño, si no hubiera una experiencia amorosa por medio.

 

            Para el hombre que tiene una experiencia de Dios, que todo lo contempla desde Dios, que todo lo mira desde Dios (no desde una ideología religiosa o ética) todo el universo y toda la humanidad es un sacramento divino. Cada hecho de vida, cada historia, cada persona que irrumpe en su vida... surge como un sacramento de Dios. Sería un estudio muy bonito descubrir esto en los evangelios sobre Jesús. Para Jesús todo le hablaba del Padre: la semilla, el niño jugando en la plaza, la viuda que se acerca al cepillo del templo, la red, la comida, los pobres, los marginados, la historia de su pueblo, la higuera, los lirios del campo, Juan el Bautista, la maternidad, etc. etc....

 

            Todo lo que existe es epifanía de Dios.

 

            Pero no solo el mundo de la naturaleza, sino también el mundo de los hombres, los acontecimientos, la historia.... Para los cristianos, su Dios es el Dios de la historia. Para los cristianos, su Dios se ha hecho historia. Para los cristianos, Dios se ha hecho carne humana, pero carne humana miserable. El Verbo de Dios se ha hecho carne y desde entonces nada queda fuera de este misterio de Dios. Por eso, esta dimensión sacramental del mundo y de la humanidad, para nosotros los cristianos, tiene unas con–notaciones muy concretas. Dios que es invisible e inalcan–zable en sí mismo (por eso en el A.T. se nos dice que nadie podía ver a Dios sin morir), no solo se revela en la naturaleza, porque nuestro Dios no solo es el Dios creador; sino que se revela también en la vida, en la historia. Y no solo como para los judíos, que esto lo tienen también muy claro. Sino que además, nuestro Dios se ha hecho carne de nuestra carne, uno de nosotros y tomando el cuerpo de esclavo y del rebelde que muere en la Cruz. El Dios de los cristianos es el Dios Redentor también que se hace accesible de manera especial en humanidad deteriorada, oprimida, pobre, marginada.... Aquí está el gran escándalo para los judíos y la gran necedad para los griegos. Por eso hemos de apurar la sacramentalidad del Dios de los cristianos y no quedarnos solamente en las etapas intermedias, religiosas por cierto, pero, si se pudiera hablar así, insuficien–temente cristianas si esas etapas intermedias no las situamos desde la profundidad donde Dios se ha situado en su encarnación. Lógicame–nte, al Dios de los cristianos le podemos descubrir en la naturaleza (lo mismo que hacen otras religiones), lo podemos descubrir en la historia y haciendo historia (lo mismo que los judíos) pero todo eso hemos de hacerlo desde y en la gruta, desde y en el pan hecho migajas, y desde y en el Calvario.

 

 

-DIOS ESTA ABAJO.

 

            Al Dios de los cristianos hemos de intentar encontrarlo en todo el proceso de su manifestación pero sobre todo en y desde la Palabra Encarnada, Jesús, el Hijo[2]. Hemos de ir a encontrarlo en y desde el pesebre[3], en y desde el pan hecho migajas y compartido en la mesa de los pequeños[4], en y desde la Cruz[5]. Jesucristo es la manifestación plena de Dios. El es nuestra clave de interpretación y contemplación de Dios en el mundo y en la historia.

 

            Desde aquí hemos de escuchar de un manera nueva el toque de atención de los ángeles ante los varones de Galilea: "Galileo–s, ¿Qué hacéis ahí, mirando al cielo?"[6]. Además, es muy significativo que los discípulos fueron citados por Jesús en Jerusalén¡, justa–mente donde había sido asesinado y dónde su impotencia y debilidad era más acusada. Allí habrían de empezar el anuncio¡ del Reino¡ y con esas armas tan pobres¡

 

            Jesús había surgido desde lo más profundo de la tierra y se había colocado en lo más bajo que hay en este mundo: en la gruta donde los pastores guardaban sus rebaños. Pablo escribiendo a la Comunidad de Efeso se lo recuerda: "Cuando decimos que Jesús subió a lo alto, ese 'subió' supone que había 'bajado'  antes a lo profundo de la tierra"[7]. Y todos sabemos que gente era con la que andaba fundamentalmente Jesús: los pequeños, los marginados, con aquellos a los que el sistema no les dejaba ni ser, ni tener, ni poder. La carta a los Filipenses nos habla de la Kénosis de Jesús. Los grandes de este mundo están arriba. Todo el mundo habla de subir, de escalar puestos en política, en la profesión, en los distintos niveles de la vida... Se colocan arriba y pesan tanto, necesitan mucha gente abajo para que les sostenga. Sin embargo Jesús se coloca abajo, surge de abajo. La nueva creación viene de abajo. Jesús, en vez de pesar y oprimir, aúpa, empuja desde abajo, impulsa para que todos suban. Hemos de mirar a Jesús, la manifes–tación plena de Dios que está abajo. Hemos de mirar para abajo, dirigirnos hacia abajo en nuestra con–templación; así es la contemplación cristiana. Y es que Jesús, a fuerza de tocar y dejarse tocar por los pobres y marginados, se convirtió en uno de ellos. Recordad que se atrevió a tocar a los leprosos y por eso corrió la suerte de ellos, el abandono, la marginación hasta en el morir. Se identificó tanto con ellos que se hizo uno de ellos.  Ya entendieron bien eso lo fariseos y demás enemigos del Señor: "Como con la chusma, anda con los indeseables". Pero esto no es más que la manifestación de lo que Dios es y había demostrado a lo largo de la historia, cosa que recogieron muy bien los profetas. Lo que pasa que esta manifes–tación es una revelación en exceso, llevada a sus últimas consecuencias. Dios es así. Este es el mandado que trae del Padre.

 

 

-LA MIRADA DEL MÍSTICO SECULAR

            Estamos en un mundo secular y secularizado. Hemos sido desterrados a Babilonia donde el problema no está en la seculari–zación, pues hay un tipo de secularización que no va en contra del Dios de los desterrados, sino que el problema está en la idolatría: la idolatría del dinero, la idolatría del prestigio, la idolatría de la ideología del sistema, la idolatría del consumismo y la idolatría del neoliberalismo que, con su camuflaje de la libertad, lo que hace es que la libertad sea solo para los que pueden competir a nivel de poder, de riqueza, de saber y de engaño y en el  camuflaje de leyes para sus intereses particulares. Y esta praxis da una compresión de la secularización que cierra las puertas al Dios de los cristianos porque les resulta incómodo y porque ellos saben que es un Dios celoso. Pero lo que no saben es que el Dios de los cristianos es un Dios secular, es un Dios que se hace presente en lo profano, porque todo le pertenece y porque el Hijo se ha encarnado en la secularidad del mundo. Y lo que no saben es que los desterrados pueden descubrir a su Dios en la vida y en la historia, en la vida y la historia que existe. Y que esa vida y esa historia es sacramento de Dios. Y lo que Babilonia no sabe es que aún en los pobres que el sistema babilónico genera, el Dios de los cristianos se hace presente de una manera especial.

 

            También es verdad, ya lo veremos más adelante, que esa ideología alienante del sistema se ha colado en el corazón de no pocos desterrados a todos los niveles y parece que a nadie le interesa el Dios que les ha acompañado en el destierro. Y es que a los mismos desterrados les cuesta creerse que su Dios les haya podido citar ahí.

 

            Por eso es fundamental y urgen místicos seculares. Dester–rados que sepan y apuesten por la contemplación de esa vida en el destierro y puedan rehacer los cánticos a Sión. Se necesitan místicos en el destierro que descubran, se encuentren, canten y testimonien a su Dios para rasgar la idolatría de Babilonia y para transcender la vida en el exilio. Una vida cerrada en sí misma, está llamada a la destrucción. La lectura teologal de la vida es rasgar la intranscen–dencia de la vida descubriendo en ella al Totalmente Transcendente. Los hermanos más desfavorecidos en Babilonia tienen necesidad de animar la esperanza de que Dios no les ha abandonado, de que Dios ha marchado con ellos al exilio, de que el Dios verdadero no es el dios sistema neoliberalcapita–lista, sino el Dios de nuestros Padres. El Dios de la tradición viva del pueblo pobre y sencillo que compró con la sangre de su HijoSe necesitan místicos capaces de hacer posible que el pueblo se llegue a encontrar de nuevo con su Dios, el único capaz de recrear y de hacer todo nuevo. Se necesitan místicos capaces de hacer de esa mística, de esa contemplación, espacio transfor–mador y trans–figurador de la vida en el exilio. Se necesitan místicos capaces de vivir en unidad la mística en la revolución transformadora y la revolución de una mística y ante una contemplación alienante. El Dios de los exilados en Babilonia no quiere el dualismo entre místicos y militantes comprometidos, sino la síntesis entre mística y compromiso transformador. Quiere místicos militantes y militantes con la mística de la con–templación. Y a los aletargados bajo la droga del sistema le hemos de recordar que esta bestia babilónica llegará a ser destruida, lo mismo que a lo largo de la historia lo fue la gran ramera (Imperio Romano) en otros tiempos en los que un puñado de hermanos, con el corazón encendido fueron animados por el profeta Juan según nos cuenta el libro del Apocalipsis.

 

 

 

 

CLAVES DE LA LECTURA TEOLOGAL DE LA VIDA

 

 

 INTRODUC.

 

            La lectura teologal de la vida  es una manera de concebirnos cristianos ante Dios  ante la historia  humana, ante la vida en todas sus realidades, en relación con los demás y en lealtad con uno mismo.

 

            Necesitamos dar  con claves  de espiritualidad  para el momento presente. La lectura teologal de la vida puede proporcionarnos una cierta (pero profunda) experiencia  espiritual y apostólica.

 

            A través de su dinámica se puede ir logrando y madurando la espiritualidad del Padre  Nuestro.

 

            La clave  evangélica de la dinámica de la lectura teologal  de la vida  está en la interpelación de JC. : "Sabéis interpretar el tiempo y no sabéis adivinar la historia  de gracia  que se genera en la vida presente, en los signos  concretos de la vida, en la realidad cotidiana? ¿No sabéis averiguar en la realidad cotidiana la parte de gracia que está bloqueada, que no puede abrirse camino  en el corazón  de las personas y de los colectivos, porque los comportamientos y los criterios de valor la está asfixiando?"[8]

 

 

LA PRIMERA CLAVE ESTA FORMULADA EN TÉRMINOS DE ÉXODO.

 

            Al equipo que hace lectura teologal  de la vida  se le pide que salga a la calle y que se vaya adentrando en el corazón  de la vida, de los acontecimientos, de las personas; en el corazón de nuestros pueblos.

 

            En toda experiencia espiritual siempre es necesario un Éxodo:

 

            * A Abraham Dios  le pide que salga de su casa, que se ponga en camino... Y es, en esa andadura, donde Abraham va a hacer esa gran experiencia espiritual hasta convertirle en padre de los creyentes.

 

            * Al pueblo de Israel en Egipto también se le invita a salir y a abrir caminos en el desierto hasta encontrar la Tierra Prometida.

            * El primer credo israelita (expresión de una experiencia espiritual) está narrado en término de éxodo: "Mi padre fue un arameo errante que bajo a Egipto y vivió allí como inmigrante... Yavé nos sacó de Egipto..." [9]

 

            * Josué, al final de sus días les recuerda al pueblo la vocación a la que fueron invitados, y en ese recordatorio des–cubrimos éxodo tras éxodo.[10]

 

            * A los profetas también se les invita a hacer experiencia espiritual en estos mismos términos: "Yavé dijo a Isaías: 'Ve y di a ese pueblo...."[11]. "Yavé dijo a Jeremías: 'A donde yo te envíe, irás.." [12].

 

            * El mismo Verbo de Dios emprende un éxodo desde el cielo a la humanidad, para que ésta emprenda un nuevo éxodo desde la tierra al cielo[13]

 

            * Una de las grandes experiencias que hará la primera comunidad cristiana de Jerusalén es motivada por unos acontecimien–tos que le obligan a ponerse en camino, a salir. Empieza la persecución de los cristianos por parte de los judíos. Los cristianos han de disol–verse y salir hacia afuera. Gracias a ésto, la Iglesia hace una nueva experiencia espiritual y prende en "lo extranjero", en lo extraño [14].

 

            Al equipo de lectura teologal de la vida se le invita a salir fuera de sí, ir hacia lo concreto de la vida, hacia el desierto de la historia humana, a la vida real del pueblo. En lo concreto de la vida es donde Dios nos cita, como a Abraham, a Moisés, al pueblo de Israel, a los profeta–s, a su propio Hijo....

 

            Dios se ha empeñado en llevarnos al desierto, al espesor de la vida y hablarnos al corazón.

 

            Pero necesitamos un ejercicio de mirada profunda. Tenemos capacidad de leer el mensaje del mundo y arrancarle su sig–nificación. Se nos ofrece la posibilidad de leer lo importante en lo efímero, lo eterno en lo temporal y a Dios en el mundo.. hasta descubrir como lo efímero se transforma en  señal de la presencia de lo permanente; lo temporal en símbolo de la realidad de lo eterno; el acontecimiento, en cita y sacramento de Dios.

 

            Esta mirada profunda que se necesita para introducirnos en el corazón de la vida y de los hermanos, nos irá conduciendo hasta descubrir el diseño de Dios sobre la vida ; hasta notar su presen–cia en esa parcela humana contada en los hechos y hasta notar la huella y la dirección en la que El nos pone.

 

            Esto supone un trabajo serio y paciente hasta llegar a adivinar las huellas y la presencia de Dios en la vida.

 

 

-LA SEGUNDA CLAVE ES ASEGURAR LA LITURGIA DEL CORAZÓN.

 

            No son suficientes los análisis objetivos, los diagnósticos lúcidos de la realidad. ES necesario una actitud de fe que nos permita sentir que entramos en una tierra santa, como Moisés ante la zarza. Por eso, ante la realidad de la vida, ante los hechos de los hermanos, ante los acontecimientos, hemos de descalzarnos porque estamos pisando tierra sagrada. Hemos de ir limpios de prejuicios ideológicos, morales, religiosos... Es necesario estar abiertos para recoger en profundidad la objetividad de lo que miramos, y la provocación que esa realidad contiene. La realidad, el mundo y la historia encierran un gran misterio en que hemos de entrar. Hablan un lenguaje también simbólico, al que hemos de escuchar. Y a esta realidad de misterio que encierra, solo podemos acceder con una actitud de fe. La misma a la que Moisés fue invitado por Dios: "Descálzate, porque la tierra que pisas es santa"[15]. Y es que la vida es nuestro templo.

 

            Hemos de acercarnos a la vida con esa actitud del pobre. Solo el pobre sabe escuchar sin prejuicios y acoger la revelación de Dios [16]. La vida es la carta de Dios y hemos de saber leerla. Hemos de tener ojos e inteligencia para poder entender la manifestación de amor  que el Padre nos hace en ella.

 

            Esto obliga al equipo de revisión a dejar que la vida hable, que la vida se exprese. No vamos a desvelar la vida, vamos a que se nos revele la vida. Vamos a escuchar los gritos de los hermanos. Vamos a la vida a entrar en su misterio. Por eso hemos de educar nuestra mirada y nuestra escucha.

 

            Mirad, sabemos que el Dios de los Cristianos, en el A.T. escuchó los gritos del pueblo, hizo la historia del pueblo... Pero sabemos que el Dios de los cristianas, en el N.T. se hizo grito y se hizo historia. Por eso, en el misterio de la vida nos queremos encontrar con el Señor. Desde la Encarnación, la vida, la realidad, el mundo, es el templo de Dios. Vamos a profundizar en lo que llamamos profano porque es ahí, profundizándolo, donde nos en–contraremos con el misterio divino, con la Palabra encarnada. Nada se escapa a Verbo encarnado.

 

            Por eso hemos de educar nuestra mirada y nuestra escucha. Vamos a situarnos como el discípulo que nos dice Isaías:

 

            "Yavé me ha dado lengua de discípulo, para que haga saber al cansado una palabra de aliento.

            Mañana tras mañana despierta mi oído, para escuchar como los discípulos; el Señor Yavé me ha abierto el oído y yo no me resistí, ni me eché para atrás"[17]

 

 

-LA TERCERA CLAVE: VIGILAD, ESTAD ATENTOS, PUES DIOS SE NOS PUEDE MANIFESTAR.

 

            A Dios siempre le ha gustado manifestarse a través de mediacio–nes, que se convierten así en "sacramentos":

 

            A los Israelitas, en el Éxodo, Dios se le manifestó en el huracán, en el temblor de tierra y en el fuego.[18]

 

            A los profetas, sin embargo, en el susurro de una  brisa suave[19].

 

            A los discípulos, Jesús se les aparece como un caminante sobre las aguas del lago, y les parece un fantasma...[20]

 

            A los apóstoles, bregando en el mar de la vida, en la misión, el Señor se les aparece como un desconocido orientándolos el trabajo misionero[21]

 

            A María Magdalena, en un hortelano[22].

 

            A los discípulos de Emaús, en un compañero de camino[23].

 

            A los judíos, Jesús les pide que descubran la revelación de Dios en los signos de los tiempos[24].

 

            Y a todos y para todos, Dios se manifiesta de manera especial en el sacramento del pobre[25].

 

            Esta es otra clave imprescindible en la lectura teologal de la vida, pues es este el momento en que el grupo puede llegar a hacer la experiencia de la presencia de Dios en el mundo, en el hecho y los hechos que se han ido analizando. Solo así es como vamos a permitirle al Señor que sea él el que diga la última palabra, la Palabra de sentido. Esa Palabra que nos hará sobre la vida y sobre nosotros un juicio liberador. Esa Palabra que iluminará la realidad convirtiéndose en Luz de las gentes. Esa Palabra que es el Verbo de Dios encarnado con el que podrá el equipo de lectura teologal de la vida encontrarse y entrar en una relación personal con él. Va a ser él el que nos marque la direc–ción en que tienen que funcionar las cosas.

 

 

-LA CUARTA CLAVE ES PREGUNTAR AL SEÑOR COMO QUIERE EL CAMBIAR LA REALIDAD.

 

            Hemos de descubrir cómo quiere el Señor cambiar la realidad, salvar esa parcela  humana que esta trabajando el equipo de lectura teologal de la vida. Esto solo es posible  desde la experiencia del encuentro que decíamos anteriormente. De no ser así, haríamos ideología. Ideolog–ía religiosa, pero no más que ideología.

 

            Si los pasos precedentes los ha hecho bien el equipo, nos encontraremos entablando una conversación con Dios al igual que un amigo habla a otro amigo. Y esa conversación con el Señor versará sobre cómo él quiere convertir esa realidad en Reino de Dios. Nos manifestará con qué ternura se está situando el Cristo de la encarnación ante esa realidad humana para asumirla. O con qué solidaridad, respeto y sencillez se adentra el Siervo crucificado para darle vida. O a qué movimiento de esperanza nos está insinuan–do el Cristo Resucitado en ese acontecimiento.

 

            Es un momento sagrado y decisivo en el equipo de lectura teologal de la vida

 

            El  equipo, como auténtica comunidad de discípulos se ha sentado a los pies del Maestro y ha escuchado la Palabra, Proyecto de Dios sobre la humanidad. El equipo recibe esa luz del Señor que le ilumina sobre cómo debe situarse en la vida para dejar que el Señor, a través de él, haga todo nuevo. Así es como el equipo se ve urgido a acoger las llamadas que el Señor le hace para convertirse y convertir la realidad contemplada. La Palabra nos ha ganado el corazón y le vamos a obedecer. No viene esa conversión de una confrontación ideológica, ni de una iluminación puramente doctrinal, sino que arranca de habernos encontrado de corazón a corazón con el Señor a través de la liturgia del corazón.

 

            Todo esto es lo que aporta  al compromiso transformador, la más genuina originalidad.

 

            Con esto evitamos que la lucidez y la claridad que hemos conseguido en los primeros momentos de análisis y reflexión, nos conviertan en deterministas y dominadores. Nuestro análisis y nuestra reflexión han sido pasadas al corazón del Señor. El las ha amasado en su corazón y nos las ha vuelto a colocar en el nuestro para que ni siquiera la lucidez de nuestra mente se convierta en el absoluto de nuestro obrar.

 

            Con un corazón recreado por la Palabra, la acción y el com–promiso se convierten en un experiencia pascual. La razón que se a descubriendo en la lectura teologal de la vida es que Dios vive y quiere las cosas de otra manera.


 

 



    [1] Formativo en el sentido de que modifica la praxis humana, la forma y conforma.

    [2] Hebr. 1,1-4

    [3] Gal. 4,4; Rm.1,3; Lc. 2,6-7

    [4] Jn. 6; Lc. 22,14-20; Jn. 13,1ss

    [5] Rm. 8,3; 8,32;Hebr. 5,8; 1 Jn. 1,7

    [6] Hech. 1,11

    [7] Ef.4,9

    [8] Cfr. Mt. 16,2

    [9] Dt. 26, 5-10

    [10] Jos. 24,1-13

    [11] Is. 6,9

    [12] Jer. 1,7

    [13] Jn. 1

    [14] Cfr. Hech. 8, y ss

    [15] Ex. 3

    [16] Lc. 10,21-24

    [17] Is. 50,4-5

    [18] Ex. 19

    [19] Rey. 19,12-13

    [20] Mt. 14,26

    [21] Jn. 21, 4 ss

    [22] Lc. 20,11-18

    [23] Lc. 24,13 ss

    [24] Mt. 16,2

    [25] Mt. 25, 31 ss