Mirar con los ojos de la Trinidad
“Cuentan las crónicas…” Mirar la vida con los ojos de Dios compasivo

Cuentan las crónicas que un día estaban cenando el Padre, el Hijo y el Espíritu, y que al Padre se le veía preocupado. A penas había tomado bocado, cuando se levantó de la mesa con gesto preocupado; lentamente y como pensativo dirigió sus pasos a la ventana del cielo. Mientras, había cogido la servilleta por los dos extremos más separados, y con las manos, lentamente, iba enrollándola haciendo un tirabuzón. Se apoyó de espaldas a la ventana y terminó con la servilleta echa un nudo, después se volvió, se asomó por la ventana y se quedó contemplando la tierra como extasiado. Al poco tiempo se volvió hacia el Hijo y el Espíritu y les dijo: “No sé que hacer… me preocupa esa humanidad que con tanto amor la hicimos…, esa tierra que con tanto cariño creamos y … ¡qué desastre!. Se me rompen las entrañas al contemplar este espectáculo. La Luz que colocamos en el corazón de la humanidad la han convertido en tinieblas, y la libertad que pusimos en la tierra, la han encadenado…! Nos han abandonado a nosotros y ahora, mirad, se matan entre ellos; los más fuertes se han apropiado de la casa que hicimos para todos, a los más débiles los han mandado a la cuadra.. Los que recibieron más dones para compartirlos con el resto, se los han apropiado en exclusiva. La autoridad que recibieron para ponerla al servicio de todos, la utilizan para machacar y debilitar a los que tenían que servir en función de sus exclusivos intereses. Han puesto la casa patas arriba y han apagado el fuego que encendimos en su hogar. Los débiles y los que les han sido despojados, les tienen miedo. Y cuando estos recuerdan que son imagen nuestra e intentan hacérselo entender, los oprimen cada vez más. ¿Qué vamos a hacer? Hemos enviado a los profetas, pero …. No han reaccionado. ¡No sé! ¿A quién enviaré?”
Entonces el Hijo y el Espíritu se cruzaron una mirada, se levantaron sin decir palabra, se acercaron al Padre y el Hijo le miró de frente, puso su mano sobre el hombro del Padre y le dijo: “¡Envíame a mí!”. “Aquí estoy, Padre, para hacer tu voluntad”. Y el Espíritu dijo: “Si lo envías a Él, me tendrás que enviar también a mí”.
Al Padre se le iluminaron los ojos, se quedó de nuevo pensativo, les sonrió a los dos y dijo: “Tú, Hijo, eres la Palabra, eres mi Sabiduría, eres la expresión de mi interioridad, tu eres, es verdad, quien mejor podrá expresar nuestra Luz, nuestra Vida …. Tu, al ser la Palabra, podrás expresar, gritar, anunciar mejor que nadie mi Proyecto. A ellos les hemos dado la posibilidad de comunicarse, de relacionarse y para eso le dimos la palabra…. Pero te he de dar un cuerpo como el suyo, un cuerpo en el que te encarnarás y así…., ¡claro! Así se unirá en ti lo divino, nuestro, con lo humano suyo! Así tu serás, sin dejar de ser Dios, un hombre como ellos.” Y el Padre repetía una y mil veces: “Eso es, la Palabra encarnada en su humanidad, encarnada en los pobres, encarnada en los crucificados…”. Y mirando para el Hijo, le dijo: “Pero te daré un cuerpo de pobre… Tu serás pobre, asumirás desde la pobreza esa humanidad, la asumirás desde el deterioro, desde la debilidad, desde la cruz… , desde nuestros hijos predilectos, desde los que más sufren las consecuencias del desastre en el que han convertido la humanidad y la tierra… Sólo nos falta una cosa”. Y mirando para el Espíritu, le dijo: “Tu irás delante, habitarás en una mujer sencilla y pobre, en un pueblo pobre y sencillo. Eso es, la liberación la enviaremos encarnada en los oprimidos, la libertad, en los esclavos, la salvación, en la cruz… y todo este regalo lo acogerán en el compromiso. Así ellos serán sujetos, como los creamos. Eso es, nuestra fuerza liberadora aparecerá en la debilidad y nuestro amor se expresará en la Cruz. Pero es importante que, aunque nosotros trabajemos, que suden ellos. Están llamados a ser protagonistas también. Por eso, ya desde el principio, haremos las cosas así, a lo pobre, desde los pobres, desde los débiles y crucificados: la madre de Dios pobre, el pueblo de Dios pobre.. ” Y volviéndose al Hijo, le dijo: “Y tu nacerás de ella”… No había terminado de hablar el Padre cuando ya el Espíritu descendía hacia la tierra en busca de esa mujer que resultó ser María. Y el Hijo, tomó la mochila cargada con lo mínimo para el viaje y aguardó cola en la historia de la humanidad hasta que le tocara entrar en dicha historia..
Y mientras tanto… Dios seguía actuando en la historia, preparando el momento apropiado para que entrara su Hijo en ella. Y llegado el momento, el Espíritu visitó a María de Nazaret y habitó en ella. Y el Verbo de Dios tomó carne humana, carne de pobre y esclavo, naciendo en un pesebre, entre los despojos del mundo.

Manolo Barco (ya publicado)

Actualización sábado, 19 junio 2004 a las 11:01:58
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